104 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XCVI) – Coré (3)

¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré (Judas 1:11)

         Un poco de levadura, leuda toda la masa, enseña el apóstol Pablo. Una raíz de amargura o rencor, brotando, puede hacer mucho daño, no solo en la propia persona, sino extenderse a otros sin control y no prever hasta dónde puede llegar. Una vez que ponemos en marcha el poder de la rebelión contra la autoridad establecida nunca sabremos las últimas consecuencias. Le hemos dado lugar al diablo, y como tal, una fuerza superior a la voluntad humana entrará en acción para aprovechar el impulso de la voluntad humana sometida a su tiranía y hacer su obra perversa hasta que pueda frenarse.

Hablamos de rebelión abierta, no de examinar conductas claramente nocivas que algunos líderes pretenden imponer con manipulación. Fue el caso de Coré y su séquito. Su acción premeditada contra la autoridad establecida por Dios en su pueblo, fue violentada con argumentos que mostraban su abierta rebelión. No debemos confundir juzgar la profecía con sedición contra el profeta. El caso que nos ocupa era un atentado directo, no solo al liderazgo de Moisés, sino al plan de redención establecido por Dios mediante un pacto. Por tanto, era un atentado contra Dios mismo. Se trataba de abortar el proyecto divino sustituyéndolo por otro.

Esta actitud perversa al extremo levantó la ira de Dios sobre los conspiradores, de tal forma que el juicio fue inmediato. Pero una vez juzgadas las personas responsables del suceso, la conspiración misma había tomado tal envergadura y se había ensanchado tanto, que cuando el pueblo vio las consecuencias de la misma culparon a Moisés y Aarón de sus efectos. Los culpables habían muerto, pero la rebelión no. Pusieron en marcha acciones que superaban el ámbito natural dando lugar a poderes de las tinieblas que seguían activos después de sucesos tan graves.

Una vez más fue el poder de la intercesión de Moisés y Aarón lo que frenó el juicio de Dios que amenazaba con destruir a toda la congregación. Finalmente murieron catorce mil setecientas personas (16:47-49). La rebelión que comenzó con un hombre, Coré, a la que se unieron otros dos, Datán y Abiram, luego doscientas cincuenta personas de la tribu de sacerdotes, alcanzó finalmente a miles, hasta que la intercesión de Moisés y la expiación de Aarón puso fin al juicio divino. No sería la última vez.

         Cuando se extiende la rebelión en una congregación la intercesión de hombres de Dios, con base en la expiación, puede frenar el juicio que libera.

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