103 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XCV) – Coré (2)

¡Ay de ellos! Porque han seguido el camino de Caín, y se lanzaron por lucro en el error de Balaam, y perecieron en la contradicción de Coré (Judas 1:11)

         La rebelión de Coré tomó una fuerza inusitada. Arrastró a Datán y Abiram, y cuando fueron llamados por Moisés se negaron a obedecer con argumentos nocivos acerca de la frustración que experimentaban porque aún no habían sido introducidos en la tierra. Le acusaron de sacarlos de Egipto para hacerlos morir en el desierto; de actuar por su propia cuenta al margen de la voluntad divina; que Moisés quería enseñorearse de ellos, y de sacar los ojos de los hombres. No subiremos, dijeron (16:14).

Esta actitud con sus argumentos perversos hicieron enojar en gran manera al hombre más manso de la tierra en aquel momento. Se unieron otras doscientas cincuenta personas, y pronto la conspiración alcanzó a toda la congregación. Tal es el fuego que puede extenderse a través de hombres perversos y malos, aquellos que han sido destinados a condenación.

Pusieron en peligro todo el plan de redención. La congregación entera fue llevada al extremo de ser aniquilada por el mismo Señor. De no haber sido por la intercesión de Moisés, allí mismo hubieran perecido todos. Y YHVH habló a Moisés y a Aarón, diciendo: Apartaos de entre esta congregación, y los consumiré en un momento. Y ellos se postraron sobre sus rostros, y dijeron: Dios, Dios de los espíritus de toda carne, ¿no es un solo hombre el que pecó? ¿Por qué airarte contra toda la congregación? (16:20-22).

Está escrito que un pequeño fuego puede provocar un gran incendio que queme todo el bosque. También está escrito que la lengua es un fuego, un mundo de maldad, que contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno (Stg.3:5,6).

De no haber sido por la intercesión de Moisés y Aarón el fuego iniciado por la rebelión de Coré hubiera consumido a toda la congregación de Dios.

Estos hombres impíos (16:26) habían irritado al Señor (16:30), pecaron contra sus almas (16:38) y recibieron el justo juicio de Dios. La tierra abrió su boca y los tragó a ellos, a sus casas, a todos los hombres de Coré, y todos sus bienes. Descendieron vivos al Seol, los cubrió la tierra, pereciendo en medio de la congregación (16:32,33).

Estos hombres habían salido de Egipto (redimidos), pasaron el Mar Rojo (fueron bautizados), vieron la nube y el fuego (dirección del Espíritu), pero sus corazones no eran rectos delante de Dios, como no lo fueron Ananías y Safira, o Simón el mago, y tantos otros en las congregaciones.

         La conspiración de Coré comenzó con un argumento altivo contra Moisés y prendió fuego mediante palabras corrompidas que extendieron el daño.  

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