101 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XCIII) – Faraón

Porque la Escritura dice a Faraón: Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra. De manera que de quien quiere, tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece (Romanos 9:17,18)

         Debemos recordar que el tema de la soberanía de Dios que aparece en el texto que tenemos para meditar no es fácil de comprender desde la perspectiva humana, y menos aún desde la óptica del humanismo y postmodernismo del siglo XXI. La revelación de Dios nunca ha sido dirigida al hombre natural, para él es locura, porque se ha de discernir espiritualmente, y para ello necesitamos el Espíritu de Dios.

Siempre estaremos limitados a la hora de comprender la complejidad de la soberanía de Dios, su llamamiento y elección, su voluntad. Lo es incluso para los hijos de Dios. La iglesia ha dedicado demasiado tiempo en debatir sobre temas controversiales. Uno de ellos es el que nos ocupa.

Pero, la Escritura dice. El lenguaje del texto que tenemos para meditar parece como si la misma Escritura misma tuviera voluntad propia, como si fuera autónoma. «La Escritura dice». Sabemos que lo que está escrito por revelación de Dios no es de interpretación privada, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo; y que toda Escritura es inspirada por Dios y útil; también nos puede hacer sabios para la salvación.

Debatir con la Escritura no debe ser nuestro propósito, si no escudriñar las Escrituras. Y al hacerlo nos encontraremos con ciertas controversias de difícil solución. Está escrito que en parte conocemos, pero cuando venga lo perfecto, entonces conoceremos como hemos sido conocidos. Jesús les dijo a los discípulos: Lo que no entendéis ahora, lo comprenderéis después.

Obcecarse con aquello que no está revelado en la Escritura claramente es pretender adentrarnos en lo oculto. Porque lo que está revelado es para nosotros, pero las cosas secretas pertenecen a YHVH nuestro Dios (Dt.29:29). Y todo lo dicho no es para justificar la ignorancia, sino para reconocer las limitaciones. Es nuestro deber estudiar, meditar, y discernir para poder enseñar a otros con sana doctrina.

Y dicho esto, añado: Dios levantó a Faraón para mostrar su poder redentor a Israel y que su nombre fuera dado a conocer en toda la tierra. Endureció su corazón una y otra vez hasta llevarlo a una posición de obstinación que usó para mostrar la salvación que había preparado a Israel en Egipto. Ante esta verdad yo solamente digo: Amén.

         Las vidas de los hombres están en las manos de Dios y Él las moldea como quiere, incluso la de los poderosos como Faraón. ¿Qué es el hombre?  

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