99 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XCI) – Esaú

Como está escrito: A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí. ¿Qué, pues, diremos? ¿Qué hay injusticia en Dios? En ninguna manera (Romanos 9:13,14)

         Después de la larga serie sobre Babilonia, quiero regresar a otros protagonistas con nombre propio que aparecen en la Escritura bajo el signo de hijos de condenación.

Es interesante notar que al modelo Nimrod/Babilonia, con su gobierno despótico, piramidal, totalitario, en activa oposición a Dios y su ley, encontramos que el Señor levanta un modelo patriarcal al que va a revelarse y con quien va a pactar el plan de redención y salvación para todas las familias de la tierra.

El Señor escoge un hombre, una familia y un pueblo. Lo hace mediante un modelo patriarcal para realizar su plan a través del cual vendrá la simiente que bendecirá a todas las familias de la tierra.

La revelación de la Escritura se centra en esta familia y la composición de la nación resultante: Israel. Pero dentro de esta familia, la línea de revelación, pactos y promesas será definida con exactitud.

El Señor escogió a Isaac, que casado con Rebeca, tuvieron dos hijos: Esaú y Jacob. Entre ellos, Dios escogió a Jacob y descartó a Esaú. Antes que las obras de cada uno quedaran de manifiesto Dios ya escogió en su soberana voluntad quien de los dos sería el portador de la simiente santa.

Cuando crecieron, Esaú mostró desinterés por el llamamiento de Dios menospreciando la primogenitura, tenía otras prioridades; mientras que Jacob, usando maniobras manipuladoras se fue abriendo camino hasta tener un encuentro trascendente con Aquel que le había llamado desde el vientre de su madre. Este proceso lo vemos en muchos de los llamados de Dios en la Escritura.

Hemos desarrollado ampliamente el paralelismo de las vidas de Jacob y Esaú en la serie «la lucha interior» por lo cual no repetiré aquí el proceso y lo que cada uno representa.

Esaú fue desechado y vino a ser enemigo de su hermano a través del reino de Edom. Encontramos un dato relevante sobre la naturaleza de Esaú en Salmos 137:7,8 donde dice: Oh YHVH, recuerda contra los hijos de Edom el día de Jerusalén, cuando decían: Arrasadla, arrasadla hasta los cimientos. Hija de Babilonia la desolada… Vemos su antagonismo hacia su hermano Israel y el motivo de ello es la simiente que anida en su interior. A Edom, los descendientes de Esaú, se le llama hija de Babilonia, de su misma naturaleza opuesta a Dios y su ley; la ciudad destinada a condenación. Una vez más encontramos ambas ciudades reflejadas en dos hermanos.

         Esaú fue desechado y no hubo oportunidad de arrepentimiento para él, aunque lo procuró con lágrimas, habiendo endurecido su corazón con amargura (Hebreos 12:15-17).

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