98 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XC) – Babilonia (82)

Huid de en medio de Babilonia, y librad cada uno su vida, para que no perezcáis a causa de su maldad; porque el tiempo es de venganza de YHVH, le dará su pago (Jeremías 51:6)

         Babilonia y Jerusalén son irreconciliables. No hay mediación posible para un acuerdo. Representan naturalezas radicalmente opuestas. Tinieblas y luz. Mentira y verdad. Ídolos y el Dios vivo. Pecado y santidad. Condenación y salvación. Por tanto, toda maniobra que pretenda mezclarlas está destinada al fracaso y el juicio de Dios. Babilonia representa la ciudad cuyo gobierno está en rebelión contra el Señor. Y aunque Dios la usa para sus fines, una vez realizados se impone el decreto: para siempre dejarás de ser, el Señor le dará el pago a la ciudad y todos sus habitantes. Por ello, es imprescindible salir, huir, para librar la vida y no perecer en sus juicios por la maldad que la habita.

Hemos ido viendo una gran diversidad de manifestaciones que tienen su asiento en esta ciudad, hemos repetido que aparece en la Escritura con dos vertientes, una física y otra espiritual, lo mismo decimos de Jerusalén.

Veamos el contraste de lo que representa cada una.

Babilonia: se le llama la gran ramera; domina sobre muchos pueblos; ha influido con su idolatría a todas las naciones; es gobernada por el príncipe de la potestad del aire que opera en los hijos de desobediencia; en ella hay una adoración falsa, robada; se la identifica con incredulidad, iniquidad, tinieblas, Belial, el anticristo, riquezas injustas, inmoralidad sexual, religión y sincretismo, poder político, gobierno mundial, sistema financiero mundial, comercio que produce soberbia, ocultismo y hechicería, música y drogas, astrología y antisemitismo. Esta ciudad de perdición se identifica con la antigua Babel, Nimrod, el falso profeta, la bestia, Satanás.

Por su parte, Jerusalén representa a la esposa del Cordero, el reino de Dios sobre los redimidos de toda lengua, pueblo y nación; la adoración al Dios vivo y verdadero en Espíritu y verdad; el creyente; la justicia; luz; Cristo; el templo de Dios; una vida de santidad, justificada y glorificada. Es la ciudad cuyo arquitecto y constructor es Dios. La puerta, la única puerta de entrada a esta ciudad celestial, es Cristo, el pastor de las ovejas, el camino, la verdad y la vida. La cruz del Gólgota ha abierto un camino nuevo y vivo para entrar. Un camino de fe y gracia. No se puede servir a dos señores. Hay dos caminos, pero uno solo conduce a la vida; ahora es estrecho, pero permanece por toda la eternidad. Tienes que escoger: Babilonia o Jerusalén.

         Jesús es la luz del mundo para discernir la oscuridad de Babilonia y la eternidad de Jerusalén. Es la puerta de entrada a la vida para escapar y vivir.

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