91 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LXXXIII) – Babilonia (75)

Vino a mi palabra del YHVH, diciendo: Hijo de hombre, levanta endechas sobre el rey de Tiro, y dile: Así ha dicho YHVH el Señor: Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura (Ezequiel 28:11, 12)

         Este capítulo de Ezequiel nos introduce directamente en la naturaleza del mal. El profeta ha estado emitiendo el juicio sobre Tiro, la ciudad fenicia, pero ahora hace un giro para encarar directamente a su rey, el príncipe de Tiro, y a partir de los textos que comenzamos a meditar ahora se funden en uno la persona del rey con un ente espiritual que le sobrepasa. El mensaje de Ezequiel profundiza en la naturaleza del mal que se ha entronizado en la persona del rey de Tiro.

La Escritura muestra en muchos lugares que el diablo y sus huestes de maldad buscan dar expresión a su naturaleza en la tierra a través de personas, se les llama hijos de desobediencia (Ef.2:2), hijos de ira (Ef.2:3), hombres destinados a condenación (Judas 1:4), para introducir su naturaleza en el gobierno de los hombres. Jesús lo expresa así: Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí… (Mt.12:43-45). Observa. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre recorre lugares buscando reposo. Ha perdido su acción en la tierra porque el cuerpo que lo sustentaba ya no lo tiene.

El diablo necesita cuerpos físicos para operar en un mundo físico, aunque pertenece al mundo espiritual. Su reposo está en tener un cuerpo a través del cual expresar su naturaleza, y el mejor lugar para ello son las personas. Recuerda. Uno de los ministerios predominantes de Jesús en la tierra fue echar fuera demonios, es decir, liberar a los hombres y dejar sin expresión al diablo en sus vidas. La Biblia dice: No deis lugar al diablo. También dice: Someteos a Dios, resistid al diablo, y huirá de vosotros. Las obras de la carne le dan lugar al diablo.

La soberbia de Tiro atrajo a espíritus engañadores fusionando la personalidad del rey fenicio con la naturaleza de Satanás. La idolatría babilónica en Tiro dio una plataforma a Lucifer para actuar legalmente en la tierra. Una mezcla de riqueza, idolatría y poder económico activó la naturaleza caída del hombre con soberbia, equiparándose a Dios, hablando como Dios, y todo ello permitió que Satanás pudiera acceder a las autoridades fenicias para reproducir sus obras y expandir el pecado en las naciones de la tierra sobre las que Tiro tenía una gran influencia por su comercio. Hoy es el mismo recorrido.

         El rey de Tiro y la civilización fenicia, sello de perfección, sabiduría y hermosura en las naciones, se fusionó con la naturaleza del mal para su caída.

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