90 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LXXXII) – Babilonia (74)

Por tanto, así ha dicho YHVH el Señor: Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto yo traigo sobre ti extranjeros, los fuertes de las naciones, que desenvainarán sus espadas contra la hermosura de tu sabiduría, y mancharán tu esplendor (Ezequiel 28:6,7)

         Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes. El que se humilla será exaltado, pero el que se enaltece, será humillado. ¡Que falta le hubiera hecho una predicación de este tipo al rey de Tiro! Aunque hoy se predica en muchos púlpitos y sin embargo seguimos cometiendo los mismos errores.

El hombre, ¿qué es el hombre? Algunos dicen que el animal que tropieza dos veces en la misma piedra. ¡Ojalá fueran solo dos veces! Repetimos una y otra vez los mismos errores, los mismos pecados, no aprendemos en cabeza ajena, si fuera así lo podríamos hacer de la historia del pueblo fenicio.

Fueron un gran pueblo, durante siglos dominaron los mares, la navegación, el comercio y el sistema financiero mundial. Sin embargo, hoy solo queda de ellos la memoria de su antiguo esplendor.

Por el contrario, el pueblo de Israel que durante siglos fue perseguido después de ser desposeído de su tierra, guardaron la fe, la sabiduría y la ciencia de la que Dios les dotó, y hoy han vuelto a rebrotar con brillantez en su tierra, siguen siendo pioneros en muchas ciencias, una bendición para la Humanidad, aunque se les oponen fuerzas mucho más fuertes que su propia debilidad nacional. Israel ha guardado su corazón en Dios, ha aprendido de sus errores y pecados y es una señal para los pueblos.

Al contrario, las naciones europeas que un día fueron (lo siguen siendo en alguna medida) modelo de civilización avanzada, prósperas en industrialización, exportadoras de ciencia y valores, hoy están en decadencia porque su corazón, al estilo de Tiro, se ha levantado como corazón de Dios.

Es más, Europa ha dicho: no necesitamos a Dios, nuestra potencialidad humana, nuestra ciencia y logros tecnológicos son suficientes, somos nuestro propio dios. Y como no ha tenido en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada para hacer cosas que no convienen. Los entregó en manos de sus enemigos, aquellos que durante siglos han envidiado sus riquezas, (como lo fue Roma para los bárbaros), y está siendo invadida por el islam, culturas extrañas a sus valores y principios que han abandonado. La espada está en alto. Los ataques terroristas ensucian su sabiduría y esplendor, como en Tiro.

         Europa es hoy arrogante y antisemita, como lo fue Tiro. Su corazón se ha levantado como dios, atrayendo así el juicio que enterró el esplendor de Fenicia y lo hará con nosotros si no nos arrepentimos.

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