88 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LXXX) – Babilonia (72)

Vino a mi palabra de YHVH, diciendo: Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho YHVH el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios; (Ezequiel 28:1-2)

         Si hubiéramos entendido el principio bíblico de autoridad y cabeza, junto con el de mayordomía, no seríamos tan negligentes a la hora de orar por los reyes y los que están en eminencia, es decir, las personas que ocupan el lugar de cabeza en una sociedad. Son ellos quienes están más expuestos a los ataques demoníacos y más sutiles, apelando a los instintos más bajos para doblegar la voluntad y tiranizar la mente, su forma de pensar mediante ideologías, espíritus engañadores y doctrinas de demonios, y a partir de ellas dominar pueblos y naciones en el ámbito político, económico, cultural, social, religioso.

El profeta Isaías escribió: La cabeza de Siria es Damasco [su capital], y la cabeza de Damasco, Rezín [su rey]… Y la cabeza de Efraín es Samaria [su capital], y la cabeza de Samaria el hijo de Remalías [su rey]. Y añade unas palabras misteriosas: Si vosotros no creyereis, de cierto no permaneceréis (Is.7:1,8-9). Observa el orden. La cabeza de una nación es su capital, y dentro de la capital el rey. En esos lugares y sobre esas personas ejercerán su dominio principal las potestades espirituales.

Por eso el profeta Ezequiel en el texto que tenemos de base en las últimas meditaciones se dirige a la autoridad de la ciudad, en él están representados todos sus ciudadanos, porque el carácter predominante de los líderes se acaba extendiendo a quienes están bajo su dominio, aceptando su influencia como algo natural o cultural, justificando el mal de muchos en el consuelo de todos.

Pues bien, el profeta se dirige a la cabeza de Tiro para exponer su mensaje. Por cuanto pusiste tu corazón como corazón de Dios, por tanto, he aquí yo traigo sobre ti… (28:6,7). Y a partir de ese momento se presenta el juicio al que ha sido sometida la ciudad de Tiro. Sin embargo, las cosas no suceden de un momento a otro, el juicio de Dios tiene su desarrollo, y en su misericordia, espera que el hombre se arrepienta. El recorrido lo recoge el proverbio: Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu (Pr.16:18). Este proceso está activado en nuestra generación y debemos pararlo con arrepentimiento sincero.

         La soberbia y avaricia que echaron a perder el comercio y la prosperidad de Tiro producirá los mismos resultados en nosotros si seguimos los mismos pasos.

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