81 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LXXIII) – Babilonia (65)

Porque así ha dicho YHVH el Señor: Yo te convertiré en ciudad desolada, como las ciudades que no se habitan; haré subir sobre ti el abismo, y las muchas aguas te cubrirán. Y te haré descender con los que descienden al sepulcro… Te convertiré en espanto, y dejarás de ser; serás buscada, y nunca más serás hallada, dice YHVH el Señor  (Ezequiel 26:19-21)

         Los fenicios fueron durante varios siglos una sociedad pujante, muy influyente en toda la cuenca mediterránea. Ya en el siglo IX a.C. una colonia tiria fundó la ciudad de Cartago (la actual Túnez) que rivalizó con Roma. Finalmente los romanos se impusieron al general cartaginés Aníbal y desde entonces el dominio sobre el mundo conocido perteneció al Imperio Romano.

Partiendo de Tiro, Sidón, Biblos y otras ciudades fenicias se establecieron colonias en las principales ciudades de ambas costas del Mediterráneo, llegando hasta «el fin del mundo» conocido, el Non Plus Ultra de los griegos, la ciudad de Gadir (actual Cádiz) en el sur de la Península Ibérica, y antiguo reino de Tartessos.

Por tanto, estamos ante unas ciudades estado de gran trascendencia en el devenir histórico antiguo. Sin embargo, la piedra de tropiezo para Tiro fue Israel. Según los profetas del reino de Judá, lo que aceleró su caída y la pérdida de su dominio económico fue el trato infiel que dieron a Israel. Lo hemos reseñado en la anterior meditación en palabras de Joel y Amós. A su comportamiento impío hacia el pueblo de Dios añadió la soberbia de sentirse inexpugnable por su influencia mundial.

Siempre aparece en la historia de los pueblos la arrogancia por la prosperidad como detonante de su caída. Si a ello le añadimos un antisemitismo militante tenemos un cóctel mortal para precipitar su desaparición. Esta verdad se desprende una y otra vez de la revelación bíblica manifestada por los profetas.

Ezequiel lo pone de manifiesto con claridad. Por cuanto dijo Tiro contra Jerusalén: Ea, bien; quebrantada está la que era puerta de las naciones (26:2). Así ha dicho YHVH el Señor: Tiro, tú has dicho: Yo soy de perfecta hermosura (27:3). Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste; Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares… (28:2).

De lo que hay en el corazón, dijo Jesús, habla la boca. Tiro habló con arrogancia contra Jerusalén, se enalteció por sus riquezas y esto fue la causa de su ruina. Esta forma de hablar es propia de nuestra generación. Por otro lado, la teología del reemplazo en la iglesia menosprecia los pactos de Dios con Israel.

Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Es soberbia oponerse a su soberanía frente a Jerusalén y jactarse como dios.

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