70 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LXII) – Babilonia (54)

Vino a mí palabra de YHVH, diciendo: Hijo de hombre, hubo dos mujeres, hijas de una madre… Y se llamaban, la mayor, Ahola, y su hermana, Aholiba; las cuales llegaron a ser mías, y dieron a luz hijos e hijas. Y se llamaron: Samaria, Ahola; y Jerusalén, Aholiba  (Ezequiel 23:1-4)

         Pasamos ahora a la profecía de Ezequiel sobre Babilonia, y lo primero que nos encontramos es una metáfora para mostrar que el hechizo de Babilonia ha contaminado también al pueblo de Dios. Tal es la fuerza de sus encantamientos.

Erramos cuando creemos que por ser hijos de Dios no seremos seducidos por el encantamiento de la gran ciudad, llamada la madre de todas las rameras y de las abominaciones de la tierra. Vamos a meditar unos momentos en el capítulo 23 del profeta Ezequiel.

Los términos que usa el profeta de Dios son similares a los de Jeremías y los del propio apóstol Juan en el libro de Apocalipsis. Se habla de fornicación, lujuria y prostitución como pecado de idolatría que ha seducido al pueblo que debía ser luz de las naciones. Este pecado emana de la idolatría que a su vez emerge de la ciudad babilónica.

Es la misma idolatría que había en Egipto cuando los hijos de Israel vivieron allá antes de ser redimidos. La misma que emanaba del imperio Asirio que sedujo al reino del norte (Israel, cuya capital era Samaria y que en días de Ezequiel ya había sido llevada al cautiverio), y es también la misma idolatría que contaminó el reino del sur (Judá) seducidos por los caldeos. Piensa.

La matriz que da a luz toda idolatría es una misma ciudad que se ramifica a todas las naciones. Es la madre de las abominaciones de la tierra. Es la mujer seductora llamada por el nombre de la ciudad de Babilonia. Es la misma verdad que venimos contando desde hace muchos capítulos.

Ahora bien, la idolatría es la fuente de donde surge la rebelión contra Dios, pero no significa solamente postrarse ante un ídolo de madera o yeso, sino que el hechizo de la idolatría se ramifica en un comportamiento humano de diversas formas que hastía su alma y que Dios aborrece.

¿Cuáles son esas ramificaciones? Promiscuidad sexual. Adulterios y fornicaciones. Matar a sus propios hijos pasados por fuego (abortos) en el culto a Moloc. Oposición a la ley de Dios. Contaminación del santuario de adoración. Todo ello tuvo lugar en el caso de Judá en días del rey Manasés. La seducción babilónica atrapó al pueblo de Dios en una forma de vida y adoración falsa que siempre tiene el mismo origen: Babel.

         La historia de Israel nos enseña que el pueblo de Dios puede ser atrapado en la seducción babilónica hasta recibir el juicio de Dios.

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