69 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LXI) – Babilonia (53)

Sobre Babilonia caiga la violencia hecha a mí y a mi carne, dirá la moradora de Sión; y mi sangre caiga sobre los moradores de Caldea, dirá Jerusalén. Por tanto, así ha dicho YHVH: He aquí que yo juzgo tu causa y haré tu venganza; y secaré su mar, y haré que su corriente quede seca  (Jeremías 51:35,36)

         El apóstol Juan nos dice en su libro revelado en la isla de Patmos que vio a la mujer [Babilonia] ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi quedé asombrado con gran asombro… y la mujer que has visto es la gran ciudad que reina sobre los reyes de la tierra (Apc.17:6,18).

Ahora el profeta Jeremías nos dice que esta ciudad ha llevado a cabo una violencia extrema sobre el pueblo de Dios derramando sangre en abundancia. Por los muertos de Israel caerá Babilonia (51:49). El juicio anunciado es inexorable.

Esta ciudad, portadora de violencia sobre los habitantes de Jerusalén recibirá su justa retribución. Llega el momento cuando el Señor juzga la causa de Israel. He aquí que yo juzgo tu causa y haré tu venganza (51:36). Si hay un pueblo que ha sufrido y sufre la ira de las naciones idólatras es el pueblo de Israel.

Cuando digo Israel estoy siempre incluyendo a todos los que hemos sido injertados en él por la fe en el Mesías, formamos un solo pueblo, llamados por Juan: los santos y los mártires de Jesús, los que tienen el testimonio de Jesús. La ira de las naciones (incluyendo en ellas el poder político, económico y religioso) siempre está contra el pueblo escogido de Dios, los llamados de su nombre, no digo la religión nominal, si no los redimidos por la sangre del Cordero.

En el caso de los judíos la historia (incluso una parte de la historia de la iglesia) es particularmente dolorosa. El odio al judío, el antisemitismo, el desprecio por ser distintos a causa de su llamamiento y el pacto dado a Abraham, solo se puede entender desde la perspectiva que estamos viendo: la naturaleza infernal de Babilonia y la bestia. Es un odio irracional, incomprensible, pero evidente hasta la nausea. Solo la dimensión espiritual de este conflicto puede acercarnos a comprender algo de sus manifestaciones.

El Señor juzga la causa de Israel y la causa de la iglesia. Son complementarias. Es una misma con distinta función. El odio que reciben es común. Los redimidos del Señor tenemos una misma historia con Israel, somos conciudadanos de los santos, coparticipes de la misma promesa, la promesa del reino mesiánico que derrotará a Babilonia y levantará su trono en Jerusalén. Una vez más este es el llamamiento: Salid de Babilonia y entrad en Jerusalén.

         Hay un juicio definitivo sobre Babilonia pensado por el Señor y ejecutado por su pueblo. Será desde Jerusalén, la ciudad del gran Rey.

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