MANUAL (1) – Los cimientos de la fe cristiana

MANUAL DEL CRISTIANOFundamentos bíblicos para la vida cristiana

MANUAL (1) – Los cimientos de la fe cristiana

En varios lugares la Biblia compara la vida de un creyente a la construcción de un edificio. Por ejemplo, en la epístola de Judas dice: Edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo (v. 20). El apóstol Pablo también usa la misma descripción en varios lugares: Vosotros sois (…) edificio de Dios. (…) yo como perito arquitecto puse el fundamento, y otro edifica encima: pero cada uno mire cómo sobreedifica. Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 1 Corintios 3:9-11 En quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu. Efesios 2:22 Os encomiendo (…) a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros. Hechos 20:32 En todos estos pasajes se compara la vida del creyente con la construcción de un edificio.

Ahora, en el orden natural, la primera parte y la más importante de cualquier estructura permanente es el cimiento. El cimiento fija por necesidad el límite del peso y la altura del edificio que se erigirá sobre él. Un cimiento débil soportará un pequeño edificio. Uno fuerte puede soportar un gran edificio. Hay una relación fija entre los cimientos y el edificio.

En la ciudad de Jerusalén viví una vez en una casa que había sido construida por un asirio. Este hombre había obtenido de la municipalidad una licencia para construir una casa de dos pisos, y los cimientos habían sido puestos de acuerdo con eso. Sin embargo, a fin de aumentar sus ingresos alquilando el edificio, este asirio había construido un tercer piso sin el permiso para hacerlo. El resultado fue, que mientras estábamos viviendo en la casa, todo el edificio empezó a hundirse en una esquina y finalmente se salió de la perpendicular. ¿Por qué razón? Los cimientos no eran lo bastante fuertes para soportar la casa que aquel hombre trató de construir sobre ellos. Aun así en el orden espiritual sucede lo mismo en la vida de muchos que profesan ser cristianos. Empiezan con la intención de erigir un magnífico edificio de cristiandad en sus vidas. Pero, por desgracia, antes de mucho tiempo su estupendo edificio empieza a hundirse, a vacilar, a salirse de la verdad. Se inclina grotescamente. A veces se derrumba por completo y no quedan más que las ruinas de un montón de promesas y oraciones y buenas intenciones que no se cumplieron. Debajo de esta masa de ruinas yace enterrada la razón de ese fracaso: sus cimientos. Por no haberse puesto como es debido, no pudieron soportar el estupendo edificio que estaba planeado.

Cristo la Roca

Entonces, ¿cuál es el cimiento designado por Dios para la vida cristiana? La respuesta clara la da el apóstol Pablo: Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo (1 Corintios 3:11).

Esto también lo confirma Pedro cuando habla de Jesucristo: Por lo cual también contiene la Escritura: He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa… (1 Pedro 2:6). Aquí Pedro se está refiriendo al pasaje en Isaías que dice: Por tanto, así dice el Señor Dios: He aquí, pongo por fundamento en Sion una piedra, una piedra probada, angular, preciosa, fundamental, bien colocada (Isaías 28:16 BLA).

Así, el Antiguo Testamento y el Nuevo por igual concuerdan en este hecho vital: el verdadero fundamento de la vida cristiana es Jesucristo mismo; nada más, ni nadie más. No es un credo, una iglesia, una denominación, una ordenanza o una ceremonia. Es Jesucristo mismo y “nadie puede poner otro fundamento.”

Analicemos las palabras de Jesús:

Viniendo Jesús a la región de Cesárea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elias; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ellas. Mateo 16:13-18″

Se ha sugerido que estas palabras de Jesús significan que Pedro es la roca sobre la que se ha de edificar la Iglesia cristiana, y por lo tanto que Pedro es en cierto sentido el cimiento de la cristiandad más bien que Cristo mismo. Esta cuestión es de tan vital importancia y alcance, que es imperativo examinar las palabras de Jesús muy cuidadosamente para asegurarse de su sentido exacto.

En el griego original del Nuevo Testamento en la respuesta de Cristo a Pedro, hay un deliberado juego de palabras. En griego el nombre “Pedro” es Petros; la palabra que significa “roca” es petra. Jugando con la similitud de ambos sonidos, Jesús dice: Tú eres Pedro [Petras], y sobre esta roca [petra] edificaré mi iglesia (Mateo 16:18). Aunque los sonidos de estas dos palabras son muy parecidos, su significado es muy diferente. Petros significa una piedrecita o guijarro. Petra es una gran roca. La idea de construir una iglesia sobre un guijarro es obviamente ridícula y por lo tanto no podría ser lo que Cristo quiso decir. Jesús utiliza este juego de palabras para mostrar la verdad que él está tratando de enseñar. No está identificando a Pedro con la roca, sino destacando cuán pequeño e insignificante es el guijarro, Pedro, comparado con la gran roca sobre la que se ha de edificar la Iglesia.

Tanto el sentido común como la Escritura confirman este hecho. Si la Iglesia de Cristo estuviera realmente fundada sobre el apóstol Pedro, sería con certeza el más inseguro e inestable edificio del mundo. Más adelante en ese mismo capítulo del Evangelio de Mateo leemos que Jesús empieza a advertir a sus discípulos de su inminente rechazo y crucifixión. El relato continúa así: Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres. Mateo 16:22-23 Aquí Cristo inculpa directamente a Pedro de dejarse dominar por las opiniones de los hombres, e incluso por incitaciones del mismo Satanás. ¿Cómo podría semejante hombre ser el cimiento de toda la Iglesia cristiana? Más adelante en los evangelios leemos que, en vez de confesar a Cristo ante una doncella, Pedro niega públicamente a su Señor tres veces. Incluso después de la resurrección y del día de Pentecostés, Pablo nos cuánta que Pedro, dejándose dominar por el miedo a sus compatriotas, transige en un punto concerniente a la verdad del evangelio (ver Gálatas 2:11-14).

Con toda seguridad Pedro no era una roca. Era un líder nato, impetuoso, que se daba a querer… pero un hombre como cualquier otro, con todas las debilidades inherentes a su humanidad. La única roca sobre la que puede basarse la fe cristiana es sobre el mismo Cristo. La confirmación de este hecho vital se encuentra también en el Antiguo Testamento. David el salmista, inspirado proféticamente por el Espíritu Santo, dice esto: El Señor es mi roca (…) en quien me refugio; mi escudo, y el cuerno de mi salvación, mi altura inexpugnable. Salmo 18:2 (BLA). En el Salmo 62 David hace una confesión de fe parecida:

En Dios Solamente está acallada mi alma;
De él viene mi salvación.
El solamente es mi roca y mi salvación;
Es mi refugio, no resbalaré mucho.
Alma mía, en Dios solamente reposa, (…)
El solamente es mi roca y mi salvación.
Es mi refugio, no resbalaré,
En Dios está mi salvación y mi gloria;
En Dios está mi roca fuerte, y mi refugio. Salmo 62:1-2, 5-7

Nada podría ser más claro que esto. La palabra roca aparece tres veces, y la palabra salvación, cuatro. Es decir, las palabras roca y salvación son íntima e inseparablemente asociadas por la Escritura. Las dos se encuentran sólo en una persona, y esa persona es el mismo Señor. Esto lo acentúa la repetición de la palabra solamente. Si alguien necesitara mayor confirmación podemos aprovechar las palabras del mismo Pedro. Hablando del pueblo de Israel respecto de Jesús, Pedro dice: Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Hechos 4:12

El Señor Jesucristo, por lo tanto, es la verdadera roca, la roca de los siglos, en quien hay salvación. La persona que edifica sobre este fundamento puede decir, como David: El solamente es mi roca y mi salvación El es mi refugio, no resbalaré mucho. Salmo 62:6

Enfrentamiento

Entonces, ¿cómo edifica una persona sobre esa roca, que es Cristo? Regresemos al momento dramático en que Cristo y Pedro están cara a cara y Pedro dice: “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:16). Hemos visto que Cristo es la roca. Pero no aislado o abstracto. Pedro tenía una experiencia personal definida. Hubo cuatro etapas sucesivas en esta experiencia:

1. Un encuentro directo y personal de Pedro con Cristo. Ambos estaban cara a cara. No hubo mediador entre ellos. Ningún otro ser humano tomó parte alguna en la experiencia.

2. Una revelación personal directa concedida a Pedro. Jesús dijo a Pedro: “No te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos’’ (Mateo 16:17). No fue el resultado del razonamiento natural o de la comprensión intelectual. Fue el fruto de una revelación espiritual directa a Pedro del mismo Dios Padre.

3. Un reconocimiento personal por parte de Pedro de la verdad que así le ha sido revelada.

4. Una confesión abierta y pública por parte de Pedro de la verdad que ha reconocido.

En estas cuatro etapas sucesivas vemos lo que significa edificar sobre la roca. No hay nada abstracto, intelectual o teórico acerca de todo eso. Cada etapa implica una experiencia individual definida. La primera etapa es un encuentro personal y directo con Cristo. La segunda, es una revelación espiritual directa de Cristo. La tercera, es un reconocimiento personal de Cristo. La cuarta, es una confesión abierta y personal de Cristo. A través de estas cuatro experiencias, Cristo se convierte, para cada creyente, en la roca sobre la que se edifica su fe.

Revelación

Surge la pregunta: ¿Puede una persona hoy llegar a conocer a Cristo de la misma forma directa y personal en que Pedro llegó a conocerlo? La respuesta es sí, por las dos razones siguientes:

Primera, quien fue revelado a Pedro no fue Cristo en su naturaleza puramente humana; Pedro ya conocía a Jesús de Nazaret, el hijo del carpintero. Quien fue revelado a Pedro entonces fue el divino, eterno e inmutable Hijo de Dios. El mismo Cristo que vive ahora exaltado en el cielo, a la diestra del Padre. En el transcurso de casi dos mil años no ha habido cambio alguno en él. Sigue siendo Jesucristo, el mismo ayer, y hoy, y por los siglos. Como fue revelado a Pedro, todavía puede ser revelado hoy a los que sinceramente lo buscan.

Segunda, la revelación no vino de “carne y sangre”; por algún medio físico o sensorial. Fue una revelación espiritual, la obra del Espíritu Santo. El mismo Espíritu que dio a Pedro esta revelación todavía obra en todo el mundo, revelando al mismo Cristo. Jesús prometió a sus discípulos: Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. Juan 16:13-14

Puesto que la revelación espiritual está en el plano eterno, espiritual, no está limitada por factores físicos, tales como el paso del tiempo o los cambios de idioma, costumbres, ropas o circunstancias. Esta experiencia personal con Jesucristo, el Hijo de Dios —revelado por el Espíritu Santo, reconocido y confesado— sigue siendo la única roca inalterable, el único cimiento inconmovible, sobre el cual tiene que basarse toda verdadera fe cristiana.

Los credos y las opiniones, las iglesias y las denominaciones, todos pueden cambiar, pero esta única roca de la salvación de Dios mediante la fe personal en Cristo permanece eterna e inmutable. Sobre ella una persona puede edificar su fe en el tiempo y para toda la eternidad con una confianza y seguridad que nada podrá derrumbar jamás.

Reconocimiento

Nada es más impactante en los escritos y testimonios de los primeros cristianos que su serenidad y confianza en lo concerniente a su fe en Cristo. Jesús dice: Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Juan 17:3

Esto no significa conocer a Dios de una manera general mediante la naturaleza o la consciencia como Creador o Juez. Es conocerlo revelado personalmente en Jesucristo. Tampoco es conocer a Jesucristo como un personaje histórico o como un gran maestro. Es conocerlo directa y personalmente, y a Dios en él. El apóstol Juan escribe: Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna. 1 Juan 5:13

Los primeros cristianos no sólo creían, también sabían. Tenían la experiencia de la fe, que producía un conocimiento definido de lo que ellos habían creído. Un poco más adelante en el mismo capítulo Juan repite: Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero; y estamos en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios, y la vida eterna (v.20).

Observe la humilde aunque serena confianza de estas palabras. Se basan en el conocimiento de una persona, y esa Persona es Jesucristo mismo. Pablo tenía la misma clase de testimonio personal cuando decía: Yo sé a quién he creído, y estoy seguro de que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. 2 Timoteo 1:12

Pablo no dijo: “Yo sé lo que he creído”, sino “Yo sé a quién he creído”. El fundamento de su fe no era un credo o una iglesia, sino una Persona a quien él conocía en una relación directa: Jesucristo. Como resultado de esta relación personal con Cristo, tenía una confianza serena en lo concerniente al bienestar de su alma que nada podría echar abajo en esta vida o en la eternidad.

Confesión

Durante años conduje reuniones callejeras en Londres, Inglaterra. Al final de las reuniones, a veces me acercaba a la gente que había estado escuchando el mensaje y les hacía esta simple pregunta: “¿Es usted cristiano?” Muchas veces recibía respuestas como: “Creo que sí” o “Espero que sí” o “Trato de serlo” o “No sé”. Todos los que dan respuestas como esas dejan al descubierto un hecho: Su fe no está fundada sobre un conocimiento directo y personal de Jesucristo. Supongamos que yo le hiciera la misma pregunta: ¿Es usted cristiano? ¿Qué respuesta me daría?

Un consejo final de Job: Vuelve ahora en amistad con él, y tendrás paz; y por ello te vendrá bien (Job 22:21).

Cita del libro “El Manual Del Cristiano Lleno Del Espíritu”

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265 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn Apocalipsis (VI) – El milenio (1)

Vi a un ángel que descendía del cielo, con la llave del abismo, y una gran cadena en la mano. Y prendió al dragón, la serpiente antigua, que es el diablo y Satanás, y lo ató por mil años; y lo arrojó, y lo encerró, y puso su sello sobre él, para que no engañase más a las naciones, hasta que fuesen cumplidos mil años; y después de esto debe ser desatado por un poco de tiempo (Apocalipsis 20:1-3)

         La revelación que recibió el apóstol Juan sobre los acontecimientos finales nos abre una ventana amplia sobre algunos aspectos que solo se encuentran en este libro. Uno de ellos es la concreción del tiempo que durará el reino mesiánico en la tierra: mil años. No hay motivo para dudar de su literalidad. Se enfatiza en varias ocasiones. Un periodo de tiempo único en la historia del mundo. Lo tenemos por delante.

El discípulo que dio testimonio de ello nos muestra en este pasaje de Apocalipsis algunos aspectos relevantes de este evento mundial. En el milenio el diablo, Satanás, la serpiente antigua, estará atado, por lo que sus operaciones quedarán neutralizadas. Este solo hecho hace de él un periodo único en la historia. Me llama la atención que fue un ángel que descendió del cielo, con la llave del abismo y una gran cadena en su mano, quien prendió al dragón atándolo por mil años. Lo arrojó y encerró para que no engañase a las naciones durante ese tiempo. Podemos deducir de ello que hay ángeles en el cielo que son más fuertes que el mismo Lucifer.

De esta forma el padre de la mentira fue neutralizado. El que había engañado a las naciones, mediante argumentos altivos que se levantan contra el conocimiento de Dios, fue atado para no poder actuar sobre los gobiernos de las naciones. El príncipe de este mundo queda fuera de la escena ante el hecho glorioso del reino del Mesías. Podemos imaginar el cambio de atmósfera espiritual que se producirá.

La «máquina» de mentir y manipular que engaña al mundo entero (Ap.12:9), ejerciendo su influencia nociva sobre los pueblos y que han vivido bajo su tiranía (1 Jn.5:19), estará encarcelado sin poder ejercer su persuasión y hechicería sobre las naciones. En aquel tiempo, dice el profeta Sofonías, devolverá el Señor a los pueblos pureza de labios, para que todos invoquen su nombre (Sof.3:9).

La verdad y la justicia serán el fundamento del reino. No habrá doctrinas de demonios, ni espíritus engañadores, que levanten falsas doctrinas llevando a los hombres a la apostasía (1 Tim.4:1). Lo paradójico es que una vez cumplidos los mil años rebrotará nuevamente el engaño.

         El milenio son mil años donde la mentira estará atada y neutralizada para que no ejerza su dominio sobre los pueblos. La verdad será establecida.

264 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn Apocalipsis (V) – Juicio a Babilonia

Cuanto ella se ha glorificado y ha vivido en deleites, tanto dadle de tormento y llanto; porque dice en su corazón: Yo estoy sentada como reina, y no soy viuda, y no veré llanto; por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada con fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga (Apocalipsis 18:7,8)

           Según las Escrituras, podemos decir que Babilonia es el compendio del gobierno de todas las naciones en abierta rebelión contra la soberanía de Dios. Todas las naciones y sus gobiernos han vivido a la sombra de todas sus derivaciones.

Babilonia incluye el poder político, religioso y económico; es la fuente de donde emana toda idolatría, hechicería, inmoralidad y rebelión contra la revelación de Dios. Es la antítesis de Sion y Jerusalén. Los dominios, potestades, principados y señoríos opuestos al Creador han ejercido su gobierno mediante hombres desobedientes contra la voluntad de Dios.

La ciudad de Babilonia –con todas sus ramificaciones sobre las naciones− ha dado cobijo y proyectado sus riquezas para levantar oposición y destrucción sobre quienes no se han doblegado a su tiranía: Israel y la iglesia. En diversos periodos de la historia también en Israel y la iglesia ha penetrado con sus mezclas para corromper el mensaje de los profetas y el anuncio del evangelio.

Su soberbia le llevó a pensar en ser reina para siempre; se autoengaño a sí misma diciéndose que nunca sería viuda, ni vería llanto ni hambre; pero ahora el Señor Todopoderoso la juzga, y en un solo día vendrá sobre Babilonia muerte, llanto y hambre. Todos los que han vivido en sus deleites y pecados quedarán asombrados en el momento de su caída (18:15-19). La hora de su juicio ha llegado. Los reinos del mundo han venido a ser del Señor y su Mesías (11:15).

Babilonia, madre de todas las fornicaciones de la tierra, ha sido juzgada por el Justo que ha de reinar sobre todos los pueblos. El usurpador, acusador y suplantador fue echado fuera con toda su jerarquía de ángeles caídos; por lo cual ha venido la salvación, el poder y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Mesías (12:10).

El Cordero está en pie sobre el monte de Sion (14:1), y con él ciento cuarenta y cuatro mil (seguramente un número simbólico) que le siguen por donde quiera que va (14:4). Reinarán con él mil años desde Sion (20:6). Jerusalén habrá vencido a Babilonia sobre los reinos de la tierra. Primero mil años, luego su reino eterno para siempre. Babilonia será hojarasca que se lleva el viento (Sal.1:4). No quedara de ella rastro alguno (Dn.2:35). Hay más sobre Babilonia en la serie «El hombre condenado».

         Babilonia será juzgada por el Mesías y no quedará memoria de ella.

263 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn Apocalipsis (IV) – Los reinos del mundo son del Mesías

Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos… Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras… porque has tomado tu gran poder, y has reinado (Apocalipsis 11:15-17)

         ¡Por fin! La oración que durante siglos hemos estado elevando al trono de la gracia: «Venga tu reino, hágase tu voluntad», será respondida en plenitud. Ahora lo es en parte, con limitaciones, pero está escrito que los reinos del mundo vienen a ser de nuestro Señor y Mesías. El reino ha llegado en plenitud. La espera ha merecido la pena. Hay un día señalado para este evento. Lo tenemos por delante.

El heredero del trono de David, a quien anunciaron los profetas y apóstoles, viene a Jerusalén para establecer su reino sobre todas las naciones. Hageo dijo que es el Deseado de todas las naciones. La justicia se establece. La paz como un río (Is.66:12). Y todas las naciones verán al Hijo de Dios reinando con equidad. El anhelo de justicia de tantas generaciones llegará a su culminación. La injusticia que ha predominado será vencida. Los gobernantes de este mundo que se han enseñoreado de los pueblos imponiendo su tiranía serán juzgados.

Este juicio justo levantará una adoración universal como el clamor del pueblo redimido que ha esperado la vindicación de su causa (11:16). Todas las naciones vendrán y le adorarán (15:2-4). Es el tiempo de destruir a los que destruyen la tierra, aquellos que en lugar de actuar como mayordomos sujetos a la soberanía del Dador de toda autoridad se han dedicado a ejercer dominio enseñoreándose de sus semejantes. Ahora serán juzgados por el Rey de reyes.

Su ira se ha derramado, el tiempo de juzgar a los muertos, y de dar el galardón a sus siervos los profetas, los santos, los que temen su nombre, pequeños y grandes (11:18). La sangre de los mártires es vindicada (17:6). El clamor ha subido ante su trono diciendo:¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra? (6:10). No habrá nada oculto que no sea juzgado.

El que ama la justicia y aborrece la iniquidad ha sido ungido para establecer su trono sobre todas las naciones de la tierra (Heb.1:8,9). Su reino ha venido a la tierra. ¡A la tierra! Repito. ¡A la tierra! No es un reino etéreo, espiritual o invisible, es la manifestación de su reino sobre todas las naciones; porque los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y Mesías. El que eres y el que eras, (en la versión Reina Valera sigue diciendo y que has de venir, pero ya ha venido), porque has tomado tu gran poder y reinaste (11:17 BTXIV y LBLA).

         Los reinos del mundo han venido a ser del Mesías, heredero de David.

Manual del cristiano – Acerca de la Biblia

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Acerca de la Biblia

Los seguidores de la fe cristiana alrededor del mundo suman hoy por lo menos mil millones de personas. Este total incluye a cristianos de todos los sectores de la Iglesia, de todas las zonas de la tierra y multitud de antecedentes raciales. No todos éstos practican activamente su fe, pero todos son reconocidos como seguidores. Como tales, constituyen uno de los mayores y más importantes componentes de la población mundial. Virtualmente todos estos cristianos reconocen que la Biblia es la base autorizada de su fe y su práctica.

La Biblia también desempeña un importante papel en otras dos de las más extendidas religiones del mundo: el judaísmo y el islamismo. De acuerdo con todas las normas objetivas, es el libro más ampliamente difundido, leído e influyente en la historia del género humano. Año tras año continúa encabezando la lista de los libros más vendidos del mundo. Es obvio, por lo tanto, que toda persona deseando adquirir una buena educación general no puede omitir su estudio.

La Biblia, como la conocemos hoy, está dividida en dos secciones mayores: la primera, el Antiguo Testamento, contiene treinta y nueve libros. Fue escrito principalmente en hebreo, aunque algunas porciones se escribieron en un dialecto semítico llamado arameo. La segunda sección, el Nuevo Testamento, contiene veintisiete libros. Los más antiguos manuscritos existentes están en griego.

El Antiguo Testamento describe brevemente la creación del mundo y, en particular, de Adán. Relata que Adán y su esposa, Eva, desobedecieron a Dios y por consiguiente se trajeron una sucesión de consecuencias malignas sobre sí mismos, sus descendientes y todo el entorno en que Dios los había puesto. Entonces procede a trazar en forma resumida la historia de las primeras generaciones de los descendientes de Adán.

Después de once capítulos, el Antiguo Testamento se concentra en Abraham, un hombre escogido por Dios para ser el padre de un pueblo especial, por medio de quien Dios se dispone a proporcionar redención para todo el género humano. Relata el origen y la historia de este pueblo especial, al que Dios da el nombre de Israel. En conjunto, el Antiguo Testamento narra el trato de Dios con Abraham y sus descendientes durante un período de dos mil años.

El Antiguo Testamento revela varios aspectos importantes del carácter de Dios y sus tratos, tanto con individuos como con naciones. Incluida en esta revelación están la justicia de Dios y sus juicios; su sabiduría y su poder; su misericordia y su fidelidad. El Antiguo Testamento hace hincapié sobre todo en la fidelidad de Dios para guardar los pactos y las promesas que hace, tanto si se trata de individuos como de naciones. Céntrico en los planes especiales de Dios para Israel estaba su promesa, sellada por su pacto, de que él les enviaría a un libertador con la misión encomendada por Dios de redimir a la humanidad de todas las consecuencias de su rebelión y de restaurarla en el favor de Dios. El título hebreo de este libertador es Mesías —que literalmente significa “el ungido”.

El Nuevo Testamento relata el cumplimiento de esa promesa en la persona de Jesús de Nazaret. Esto lo indica el título que se le da: Cristo. El nombre se deriva de la palabra griega Cristos, que significa lo mismo que el título hebreo de Mesías, “el ungido”. Jesús vino a Israel como el ungido que Dios había prometido en el Antiguo Testamento. El cumplió todo lo que el Antiguo Testamento había pronosticado acerca de su venida. Visto desde esta perspectiva, el Antiguo y el Nuevo Testamento forman una única y armoniosa revelación de Dios y de su propósito para el hombre.”

Cita del libro “El Manual Del Cristiano Lleno Del Espíritu”

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262 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn Apocalipsis (III) – La ira del Cordero

Y los reyes de la tierra… se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado (Apocalipsis 6:15,16)

         Cuando Juan el Bautista apuntó hacía el Mesías y con voz potente dijo: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo (Jn.1:29), pronunció un título que luego vemos ampliado en el libro que venimos estudiando con un alcance enorme. El Cordero entregó su vida, fue inmolado y venció, por tanto, se convirtió en León y Rey para gobernar. Ambas manifestaciones del Mesías en sus dos expresiones tienen que ver con su primera y segunda venida.

Vino como Cordero y volverá como León. Es el mismo. El Cordero de Dios regresa con ira para juzgar a todos los reyes de la tierra que han actuado de forma impía, abusando de su autoridad y convirtiéndose en tiranos. Ahora se ha encendido el furor de quien tiene todo el poder en el cielo y en la tierra y está determinado a juzgar con firmeza toda obra de iniquidad. Por ello se esconden los grandes, ricos y poderosos en cuevas y peñas tratando de huir de la ira venidera.

El cielo se desvaneció como un pergamino, y todo monte y toda isla se removió de su lugar (6:14). Estamos ante la remoción de las cosas movibles, para que queden las inconmovibles, es decir, el reino de Dios (Heb. 12:27). Ha llegado el gran día de su ira. El Cordero es también el buen pastor que pastorea a los suyos. Estarán en la presencia del Cordero vestidos de ropas blancas (7:9).

Un gran contraste. Unos huyen de su ira, otros, −los suyos−, son pastoreados en su presencia (7:17). Los que siguen al Cordero por donde quiera que va son redimidos como primicias para Dios y para el Cordero; en sus bocas no fue hallada mentira y son sin mancha delante del trono de Dios (14:4,5). Cantan el cántico de Moisés y el cántico del Cordero (15:3). Tienen un cántico nuevo. Son adoradores. Son los que pelean junto al Cordero contra la gran ramera, Babilonia y la bestia; todos los ejércitos del mal unidos contra el ejército del Cordero y León de la tribu de Judá. El Cordero los vencerá, porque él es Señor de señores y Rey de reyes; y los que están con él son llamados y elegidos y fieles (17:14). Son los que entran a las bodas del Cordero (19:7) para reinar con él para siempre. El Cordero es su lumbrera (21:23), y le servirán por los siglos (22:3-5).

         La ira del Cordero se manifiesta en el reino mesiánico, establece la justicia duradera vence a sus enemigos y reina para siempre con los suyos.

Taller de oración – 7 (bis)

Tiempo de Oración

ANTES DE ORAR: Haz una primera lectura para ti mismo; si estás de acuerdo con el contenido oremos juntos y unánimes con voz audible.

El modelo de oración de Jesús.

Vosotros oraréis así: «… mas líbranos del mal… » (Mateo 6:13)

         Padre nuestro que estás en los cielos… líbranos del mal. No nos entregues al maligno, líbranos de su poder infernal para que alabemos tu nombre. Sabemos, Señor, que vivimos bajo la influencia del mal en nuestra propia naturaleza pecaminosa y carnal, también bajo la tiranía de las corrientes de tinieblas del presente siglo malo, por eso, amado Dios, desde lo hondo del ser, clamamos: ¡Líbranos del maligno!

          Tu palabra nos enseña que podemos vencerle mediante la sangre del Cordero y la palabra del testimonio, menospreciando nuestras vidas hasta la muerte. Estamos crucificados con Cristo, muertos con Cristo y resucitados con él; por ello, desde nuestra posición en Cristo nos vestimos de toda la armadura de Dios para poder resistir en el día malo.

         Nos vestimos con el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, el yelmo de la salvación; nos calzamos los pies con el apresto del evangelio de la paz, tomamos el escudo de la fe y la espada del Espíritu que es la palabra de Dios. Levantamos un vallado de protección sobre nuestras vidas y nuestras casas por la sangre de Jesús y el nombre de Jesús.

         Padre, te pedimos que libres a Israel y nuestra nación del maligno. Ayer pude ver en la Comunidad Israelita de Barcelona, donde se proyectaron dos documentales que ponían de manifiesto la maldad que predomina en la tierra. Uno de ellos mostraba la perversión del movimiento antisemita BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones a Israel) para destruir la nación que Tú has bendecido. Líbralos, Señor, de las lenguas mentirosas. El otro expuso la manipulación informativa que existe en el conflicto árabe-israelí; así como la verdadera naturaleza del grupo terrorista Hamás, que junto con una parte del islamismo más radical, y la izquierda política europea antisemita pretenden aniquilar a Israel para que desaparezca.

         Está escrito, Señor, que: Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente, han entrado en consejo contra tus protegidos. Han dicho: Venid y destruyámoslos para que no sean nación, y no haya más memoria del nombre de Israel. Porque se confabulan de corazón a una, contra ti han hecho alianza… Han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios. Dios mío, ponlos como torbellinos, como hojarasca delante del viento… llena sus rostros de vergüenza, y busquen tu nombre, oh Señor. Sean afrentados y deshonrados… Y conozcan que tu nombre es el Señor; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra [1].

         Padre Eterno, libra a Israel, a España y nuestras propias familias de la mentira que se ha enseñoreado de esta generación. Levanta la verdad que nos hace libres para amarte y adorarte, en el poderoso nombre de Jesús. Amén.

[1] – Salmos 83:3-18

261 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn Apocalipsis (II) – El León de la tribu de Judá

He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar los siete sellos. Y miré, y vi que en medio del trono y de los cuatro seres vivientes, y en medio de los ancianos, estaba en pie un Cordero como inmolado, que tenía siete cuernos, y siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra (Apocalipsis 5:5.6)

         Después de presentarse como el soberano de los reyes de la tierra, Jesús aparece en los capítulos 2 y 3 de esta revelación como la cabeza de la iglesia, el Señor que juzga, reprende y recompensa a los suyos. Rey y Cabeza. Luego se abre una puerta en los cielos para poder penetrar más allá del sol constatando la realidad del mundo espiritual, el lugar del trono de Dios, su majestad y gloria, los seres angelicales donde predomina la adoración al que está sentado en el trono y al Cordero.

Antes de seguir una reseña. Siempre me ha parecido un alarde desmesurado de interpretación bíblica sostener el arrebatamiento de la iglesia antes de la tribulación sobre este breve texto que encontramos en Apocalipsis 4:1. «Sube acá». El que penetró tras el velo fue el apóstol Juan para ver la revelación de Jesucristo en su gloria, así como los acontecimientos que tendrían lugar pronto. Y lo primero que llamó su atención fue el gran trono de Dios rodeado de adoración.

Y estando en ese lugar vio un libro sellado en la mano del que estaba sentado en el trono. Nadie podía abrir ese libro por lo que Juan «lloraba mucho, porque  no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo» (5:4).

Es llamativo que estando en la misma presencia de Dios el apóstol lloraba mucho. Pronto vino la consolación mediante el mensaje de uno de los ancianos que conocía la respuesta a semejante enigma: El León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro. Jesús es el que abre y ninguno cierra. En su mano están las llaves de la revelación.

Pongamos atención al hecho de que en el cielo se sigue hablando de la tribu de Judá, de donde procede el Mesías, reconocido como la raíz de David, entroncando con el mensaje de los profetas. El León, que también es Cordero, ha vencido. Venció como Cordero llevado al matadero. Se sujetó a padecimiento para hacer expiación por el pecado, vio linaje, el fruto de la aflicción de su alma, quedó satisfecho, y justificará a muchos (Is.53:7,10,11).

Ahora se presenta como León reinante que abre los sellos que dan inicio a los acontecimientos finales en la tierra. Es digno de adoración en el cielo y en la tierra. Es el Rey esperado. El León de la tribu de Judá, heredero de David.

         El Mesías reúne en sí mismo la expiación del Cordero y la fuerza del León reinante. Abre los sellos, las trompetas y las copas que liberan el fin.

18 – Palestina y los palestinos

EL ENIGMA ISRAELDecía una máxima de los manipuladores de la información en técnicas de comunicación totalitarias que una mentira repetida muchas veces acaba convirtiéndose en verdad. Este principio al que no nos sometemos ni lo aceptemos como definitivo, en la práctica se impone por la fuerza de la repetición, se contagia como un virus y acaba instalándose y aceptándose como verdad, aunque su base tenga la mentira como fundamento. Hay medios de comunicación partidistas en la actualidad que mantienen una línea editorial más centrada en sus intereses que en la divulgación de la verdad. La tuercen, manipulan y mezclan con lo políticamente correcto para acabar desinformando más que cumplir con su servicio a la sociedad. La historia reciente nos llevaría a un sinfín de ejemplos especialmente relacionados con el conflicto árabe-israelí, algunos de ellos perversamente manipulados y que siempre presentan a Israel como verdugo y a los palestinos como víctimas.

En este sentido es increíble cómo ha calado en la opinión pública llamar a la tierra de Israel Palestina, incluso en las introducciones de algunas Biblias (véase la introducción del Nuevo Testamento Dios habla hoy, edición de 2008) aparece este término relacionado con el Israel de los tiempos de Jesús, lo cual viene a ser, no solo un error conceptual, sino una tergiversación de la realidad acomodada a la propaganda palestina. No sé si se hace por desconocimiento (cosa que dudo, por aquello de “doctores tiene la santa madre iglesia”, que imagino conocen la Historia), o deliberadamente para no molestar a los árabes y de paso tomar posición en contra de Israel en el conflicto de Oriente Medio.

Vayamos por partes. El término Palestina comenzó a usarse por los romanos para denominar la tierra de Israel después de la rebelión de Bar Kojba, que hemos visto en nuestro recorrido histórico, por el emperador Adriano, allá por el año 135 d.C. Anteriormente era conocida como Judea (en el tiempo de Jesús) refiriéndose al sur de la tierra de Israel, que como hemos visto también quedó dividida en el reino del norte (Israel) y el reino del sur (Judá) en días del rey Roboam. Antes de eso se llamaba Erets Israel, y anteriormente se denominaba Canaán, una tierra habitada por amorreos, jebuseos, filisteos y otros pueblos. Los romanos la llamaron Siria Palestina (del latín Syria Palæstina, el mismo nombre no tiene nada que ver con el árabe) con el fin de extirpar todo vestigio judío relacionado con esa tierra y relacionarla con algunos de sus antiguos moradores llamados filisteos, (Palestina significa: “tierra de filisteos”), que habían habitado la costa y que eran originarios de Creta. Por tanto, nada que ver con un origen árabe o semita. Debemos recordar el intento de Adriano por erradicar la presencia de judíos en Jerusalén después de la última revuelta de éstos con Roma en el año 132 d.C. Se le cambió el nombre también a la capital de Israel por la de Aelia Capitolina y se prohibió a los judíos habitar en ella, se sembró de sal y la tierra de Judá quedó arrasada, y transformada en una colonia romana.

Nuevo Testamento Dios habla hoyPues bien, conociendo este trasfondo ¿Cómo se puede denominar a la tierra de Israel con el nombre de Palestina en los días de Jesús? En la mencionada introducción al Nuevo Testamento de la Biblia Dios Habla Hoy se dice lo siguiente: “Algunos calculan que la población total de Palestina en tiempo de Jesús podía llegar a un millón de personas”. ¿Cómo que Palestina? Ese nombre no existía en los días del Mesías, la tierra estaba dividida en provincias: Galilea, Samaria y Judea. ¿Por qué se le llama entonces Palestina? No me sirve el argumento de que por ese nombre se le conoce ahora y es más fácil identificarlo por las nuevas generaciones. Es una manipulación de la verdad y como tal debe ser expuesta y denunciada. Además tiene otras connotaciones que luego veremos y que relacionan esa tierra con los árabes y la propaganda de la OLP de Yasser Arafat, lo cual vuelve a ser una falsedad de la historia y los términos, que pretendiendo cambiar sus nombres se trata de adulterar la realidad y la historia, una maniobra muy usada hoy por los nacionalistas de todo tipo y lugar.

Ahondando un poco más en el origen de los filisteos la mayoría de los historiadores los relacionan con los habitantes de Caftor en Creta, que emigraron a la costa de Gaza, allí se instalaron y extendieron, y fueron conocidos como “pueblos del mar” (Génesis, 10:14) (Deuteronomio  2:23) (1 Crónicas, 1:11-12) (Jeremías 47:4) (Amós 9:7). Este origen no es baladí porque la propaganda árabe ha querido identificar a los antiguos filisteos con los nuevos palestinos, lo cual es una falacia en toda regla. No hay tal relación. De esa manera pretenden justificar su reclamación de la tierra en base a derechos históricos anteriores a los de la llegada de los israelitas a la tierra prometida. Los pueblos anteriores a la llegada de Israel a Canaán han desaparecido, (algunos de ellos asimilados por el pueblo de Israel a lo largo del tiempo), los antiguos amorreos, jebuseos, heteos, cananeos, heveos  o filisteos, no tienen nada que ver con los árabes y por lo tanto es un error deliberado relacionarlos con los habitantes palestinos de nuestros días.

El gentilicio “palestino” ha sido usado primeramente para referirse a los judíos que comenzaron a emigrar a su tierra desde  1880. Fue al final de la guerra de los seis días, en 1967, cuando comenzaron a llamar a los refugiados árabes palestinos, poco antes se había creado la Organización para la Liberación de Palestina y se popularizó el término “pueblo palestino” que nunca había existido. Los habitantes de la tierra llamada Palestina después de la primera guerra mundial eran judíos, y árabes procedentes en su mayoría de lo que luego se llamó Jordania. En un tiempo se le conocía como la Siria meridional, porque estuvo dominada por Siria en la época de los Seleúcidas. Los mismos historiadores árabes y gobernantes sirios reconocen este hecho, aunque cedieron a la OLP el término de pueblo palestino para usarlo como arma en su lucha contra Israel. Como podemos ver toda una ingeniería terminológica, mezclada con mentiras históricas y conceptuales para oponerse al regreso de los judíos a su tierra en el cumplimiento de la profecía de los profetas de Israel. Veamos un par de ejemplos de lo que algunos árabes han declarado después de la Guerra de los Seis Días.

“No hay diferencias entre los jordanos, palestinos, sirios y libaneses. Somos todos partes de una misma nación. Es sólo por razones políticas que subrayamos con énfasis nuestra identidad palestina… sí, la existencia de una identidad palestina separada sirve sólo por propósitos tácticos. La fundación de un estado palestino es una nueva arma para continuar la batalla contra Israel”. (Zuhair Muhsin, comandante militar de la OLP y miembro del consejo ejecutivo de la OLP)

“Ustedes no representan a Palestina tanto como nosotros. Nunca olviden este punto: No existe tal cosa como un pueblo palestino, no existe ninguna entidad palestina, existe sólo Siria. Ustedes son parte integrante del pueblo sirio, Palestina es parte integrante de Siria. Por lo tanto somos nosotros, las autoridades sirias, los verdaderos representantes del pueblo palestino”. (El dictador sirio Hafez Assad al líder de la OLP Yassir Arafat).

Bandera PalestinaCuando usamos la palabra Palestina para referirnos a la tierra de Israel, sea en los días de Jesús como en la historia reciente estamos haciendo el juego a la mentira árabe de la creación de una nación ficticia y que no tiene base en la Historia. Las palabras, los términos, los conceptos acaban estableciendo hechos que nada tiene que ver con la verdad histórica y por tanto se basan en falsedades de difícil comprensión una vez que se ha instalado en el ideario colectivo. Resumiendo diremos que hasta 135 d.C. no se usó nunca el vocablo Palestina para identificar a la tierra de Israel. Fue a raíz de la última confrontación del pueblo judío con Roma que el emperador Adriano cambió el nombre para intentar erradicar todo vestigio judío de la tierra donde habían estado viviendo por siglos, y relacionar esa tierra con sus antiguos moradores ya desaparecidos. Después de esa fecha se le denominó Palestina y era una provincia romana. Sus habitantes eran judíos, (nunca dejó de existir una comunidad judía en su tierra, especialmente en el norte, la Galilea, puesto que se les prohibió vivir en Jerusalén), romanos y sirios helenizados. Después estuvo bajo el dominio del imperio Bizantino. Cuando llegaron las invasiones árabes se instaló el califato, luego los cristianos latinos y después los mamelucos egipcios y los turcos otomanos hasta el final de la primera guerra mundial cuando los británicos iniciaron su Mandato hasta la creación del Estado moderno de Israel en 1948.

Por tanto, la tierra de Israel solamente ha estado bajo dominio árabe en el periodo comprendido entre el 638 d.C. y el 1071 d.C. cuando fue conquistada por el califa Omar. El nombre de Jerusalén no aparece ni una sola vez en el Corán, sin embargo en la Biblia aparece cientos de veces y siempre relacionada con el pueblo de Israel y su Mesías (allí vivió un tiempo, murió, resucitó, ascendió al cielo y regresará). El rey David la conquistó a los jebuseos hace unos 3000 años y fue conocida como la ciudad de David. Para tener una panorámica del devenir histórico de la nación de Israel y Jerusalén como capital vamos a ver una cronología resumida.

Manual del cristiano lleno del Espíritu – Introducción

Fundamentos bíblicos para la vida cristiana


MANUAL DEL CRISTIANO
Introducción

Me propongo iniciar una nueva serie sobre los fundamentos bíblicos de la vida cristiana. Para ello he pedido permiso para poder usar como guía el libro del maestro Derek Prince, titulado: Manual del cristiano lleno del Espíritu.

Vivimos tiempos de decadencia, especialmente en Occidente, donde los pilares de la fe han sido cuestionados peligrosamente. Las naciones, antes llamadas cristianas, hoy niegan sus raíces fundacionales sobre la herencia judeocristiana, legislando contra la ley natural y la ley de Dios.

Esa influencia ha socavado los cimientos de ciertos sectores de la cristiandad que han abandonado la firmeza de la fe, edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la piedra angular, Jesucristo mismo. Como diría el apóstol Pablo: Porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas (2 Timoteo 4:3,4).

Resaltaré de este texto algunas cosas. En primer lugar la consciencia generalizada en el cuerpo del Mesías de que vivimos en los últimos tiempos. Un periodo distinguido por múltiples factores y señales; uno de los que menciona el apóstol en este texto es que no sufrirán la sana doctrina. Quiero poner el acento en la expresión «sana doctrina». La doctrina de Dios es sana, no doctrinaria, ni legalista, ni motivo de peleas entre hermanos. Hablamos de doctrina sana, no de intolerancia, obstinación y arrogancia para imponer a otros nuestros puntos de vista. Entiendo que la sana doctrina, saludable, se identifica por sus resultados en la vida de las personas que la reciben. Toda base doctrinal tiene el amor, la verdad y la justicia como fundamento.

Una parte de las nuevas generaciones de creyentes han crecido en medio de una ligereza insoportable haciendo concesiones a filosofías e ideologías de este mundo, de tal forma que a una endeble firmeza en la fe, se ha sumado el relativismo ante las verdades absolutas, sólidas y bien establecidas por generaciones. Por ello me ha parecido útil volver a recordarnos a nosotros mismos una buena parte de esas verdades fundamentales que son innegociables, y a la vez permiten la posibilidad de saber que hay quienes no la soportarán, ni estarán dispuestos a sufrirla, y mucho menos a luchar por ella. Pero siempre hay un remanente fiel que acepta el reto de pelear la buena batalla de la fe, y combatir ardientemente por la fe que nos ha sido dada. No para entrar en discusiones interminables, sino que con firmeza, puedan presentar defensa, con mansedumbre, de la esperanza que tenemos.

Por ello me ha parecido que el libro que usaré como base es una herramienta muy apropiada para este propósito. Iniciaré su recorrido presentando al autor, un predicador y maestro bíblico con más de 50 años de ministerio fructífero en muchas naciones del mundo, y que seguramente muchos de vosotros habréis oído de él, o leído alguno de sus libros. Os presento una semblanza de nuestro amado hermano, ya en la presencia del Señor, Derek Prince. Seguramente parte de la gran nube de testigos que tenemos a nuestro alrededor para seguir corriendo la carrera que tenemos por delante, puestos los ojos en Jesús.

Derek PrinceACERCA DEL AUTOR: Derek Prince

Nació en la India, de padres británicos. Fue educado como un erudito en griego y latín en las universidades de Eton y de Cambridge en Inglaterra, donde presidió una cátedra de Filosofía Antigua y Moderna en el King’s College, en Cambridge. También estudió hebreo y arameo en la Universidad de Cambridge y en la Universidad Hebrea en Jerusalén. Mientras prestaba su servicio al ejército británico durante la Segunda Guerra mundial, empezó a estudiar la Biblia y tuvo un encuentro con Jesucristo que transformó su vida. Tras aquella experiencia llegó a dos conclusiones. Primero, que Jesucristo vive. Y segundo, que la Biblia es un libro verídico, relevante y de actualidad. Dichas conclusiones cambiaron por completo el rumbo de su vida. Desde entonces ha consagrado su vida al estudio y la enseñanza de la Biblia. Su programa radial “Llaves para vivir con éxito” se transmite a diario en más de la mitad del planeta, e incluso es traducido al árabe, chino, croata, malgache, mongol, ruso, samoano, español y tongano. Es autor de más de 50 libros, además de 500 grabaciones de audio y 160 enseñanzas grabadas en video, muchas de las cuales han sido traducidas y publicadas en más de 60 idiomas. El don principal de Derek consiste en exponer la Biblia y sus enseñanzas de manera clara y sencilla. Puesto que no se limita a una denominación, ni tiene un enfoque parcial, sus enseñanzas resultan apropiadas y provechosas a personas de diversa procedencia racial y religiosa. Derek partió con el Señor en el año 2003.

Cita del libro “El Manual Del Cristiano Lleno Del Espíritu”

© Derek Prince Ministries International, Inc.

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