10 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Ordenó Dios al hombre

Y ordenó el Señor Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás  (Génesis 2:17).

Si la narración sobre la creación del hombre en el capítulo dos de Génesis es cronológica deberíamos entender que la ordenanza dada por Dios a Adán es anterior a la formación de Eva, por tanto, la mujer no estaba presente cuando Dios emitió su prohibición acerca del árbol del conocimiento del bien y del mal; fue responsabilidad del varón hacer partícipe a su mujer de la palabra de Dios. Este pensamiento puede llevarnos a muchas ramificaciones, pero no lo haré. En cualquier caso el día de la tentación Eva ya conocía la ordenanza (Gn.3:1-3).

Estos primeros capítulos de Génesis permiten formularse muchas preguntas que no quedan debidamente explicadas y dan lugar a especulaciones sin fin. No es mi cometido aquí. Sin embargo, encontramos una ordenanza expresa que Dios dio al hombre en ese lugar idílico en el que le puso.

Pensemos. Antes de la caída ya había ordenanzas de Dios para el hombre. La vida en comunión con Dios no está exenta de límites, ni es garantía de extralimitación. Sus mandamientos no son gravosos. Dios limita al hombre en sus decisiones libres. Apela a su libertad. A su obediencia. Vive en medio de grandes recursos, no le falta de nada, pero sigue siendo hombre, sujeto a la voluntad soberana de Dios. El hombre vive bajo soberanía divina. A su vez ejerce como autoridad delegada sobre la creación. Dios delega atribuciones sobre el hombre, sin embargo, eso no debe ser motivo para que éste se extralimite y trasgreda la voluntad soberana del Eterno.

Los límites de Dios permiten al hombre moverse en una dimensión amplísima. «De todo árbol del huerto podrás comer». Hemos visto que Edén era un lugar increíblemente grande, extenso, deleitoso y placentero. ¿Por qué no disfrutar de todo ello aceptando la única limitación impuesta por el Señor? El límite era la entrada a un conocimiento oculto que la naturaleza humana no tendría capacidad de administrar. El bien ya lo tenía, era Dios, pero el mal se enseñorearía de él y daría entrada a una naturaleza pecaminosa conduciéndole a la muerte. Por ello, el fruto del árbol que daba entrada a esa dimensión desconocida y oculta fue prohibido. Quedó sellado por voluntad de Dios.

Cuánto tiempo permanecieron en ese estado primigenio no lo sabemos. Las condiciones estaban establecidas. Los parámetros definidos. La armonía en toda su amplitud era un hecho, pero faltaba algo…

         Dios puso un límite al hombre dándole una ordenanza que cumplir para que se mantuvieran las condiciones creadas.

9 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)En Edén

Y plantó el Señor Dios un huerto hacia el oriente, en Edén; y puso allí al hombre que había formado  (Génesis 2:8).

         Dios puso al hombre que había formado en Edén. Una vez más vemos que la iniciativa es de Dios. Somos el resultado de la voluntad divina. Dios es bueno, crea cosas buenas. Es generoso y pone al hombre en medio de su extensa creación. Esa creación es exuberante, placentera, deleitosa y abundante. Y allí puso al hombre.

Edén significa delicia, placer, deleite. Dios es el creador del placer y la belleza. El mundo material es creación de Dios, por tanto bueno. Algunas corrientes pseudocristianas como el gnosticismo han enseñado que la materia es mala y el espíritu bueno. Esto vino después, ahora estamos viajando al paraíso perdido.

Miremos a través de la ventana que nos ofrece la Escritura, aunque nuestros ojos y conceptos actuales estén  influidos por la oscuridad de la caída. Lo que vemos es un lugar lleno de árboles agradables a la vista y buenos para comer. Vemos el árbol de la vida, con su resplandor de gloria que supera cualquier lenguaje humano. También vemos el árbol del conocimiento del bien y del mal, un árbol inmensamente atractivo pero cercado por voluntad expresa del Hacedor.

Una inmensidad de árboles, todos ellos deleitosos y agradables, llenos de abundantes frutos, sin embargo, pasado el tiempo −¿cuánto tiempo? no lo sabemos– el ser humano fue llevado precisamente al único árbol que tenía impuesta limitación para desearlo olvidándose de la inmensidad que le rodeaba. Pero sigamos.

Del Edén salía un rio para regar el huerto, que a su vez se dividía en cuatro ríos más. Se nos dan sus nombres: Pisón, que rodeaba una tierra donde había oro, bedelio y ónice. Gihón, Tigris y Éufrates. De estos cuatro ríos conocemos bien dos de ellos, ríos de una extensión inmensa, de miles de kilómetros, como son el Tigris y Éufrates, por tanto, hablamos de un vasto territorio.

El rio principal salía de Edén, luego se dividía en cuatro ríos grandísimos, lo cual nos hace pensar que el rio original, el que brotaba del huerto del Edén, era una corriente abundante para regar todos los árboles, multitud de árboles en el lugar donde Dios puso al hombre.

Edén es, por tanto, un lugar espacioso, extenso, ensanchado, agradable, que contiene toda provisión, además de dos árboles que conectan con la vida y el conocimiento. En medio de semejante paraíso Dios puso al hombre para cuidarlo y cultivarlo (Gn.2:15).

         Dios puso al hombre en medio del Edén, un lugar deleitoso y placentero.

 

8 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Y sopló en su nariz aliento de vida

Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente  (Génesis 2:7).

En el primer libro de Moisés que conocemos como Génesisprincipio− tenemos dos narraciones de la creación del hombre, una en el capítulo uno y otra en el capítulo dos. No son distintas sino complementarias. Hasta ahora hemos meditado sobre el capítulo uno, en adelante lo haremos en el capítulo dos.

Veamos, «Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente». El hombre es una combinación entre el polvo de la tierra y el soplo de vida del Eterno. De esa combinación surge un ser viviente que se mueve en dos dimensiones, una física y otra espiritual. Esta es una diferencia esencial con los demás seres vivientes del mundo animal. El ser humano tiene una dimensión eterna que no tienen los animales. Ha sido creado a imagen de Dios. Fue hecho del polvo de la tierra. Su formación contiene elementos químicos predominantes como el oxígeno, carbono, hidrógeno, nitrógeno, calcio, fósforo, potasio, cloro, hierro, con el 65% de agua en su estado adulto.

Lo más notable es que el cuerpo, lejos de ser un conjunto estático de compuestos químicos, es un organismo vivo, dinámico, altamente organizado y magníficamente diseñado. Además de todo esto, se reproduce para asegurar la continuidad de la especie humana. Y a todo ello hay que añadirle la dimensión espiritual que permitió la comunión con el Creador desde el principio.

Algunos teólogos dividen al ser humano en dos partes: cuerpo y alma, pero lo que entiendo en las Escritura es que somos seres tripartitos: espíritu, alma y cuerpo (1 Tes. 5:23) (Heb.4:12). La vida del hombre, en toda su plenitud, surge de Dios, el Autor y Dador de la vida. Juan dice que «en El (el Mesías) estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres» (Jn.1:4). El soplo de vida de Dios en el primer ser humano le hizo consciente del mundo natural en el que había sido puesto, le dio conciencia de sí mismo, de su entorno, y del Creador. Ambos mantenían una relación amistosa y provechosa.

El hombre estaba vestido de la gloria de Dios. Tenía una función que acometer: labrar la tierra y cultivarla, poner nombre a todos los animales. Vivía en un medio que contenía todo lo necesario para su sustento. Aunque, como veremos más adelante, Hashem se dio cuenta que necesitaba algo más.

         Dios sopló aliento de vida en el hombre y fue un ser viviente.

EL MILAGRO (2) – Regreso al equilibrio

El milagro de una vida equilibrada - 2El milagro de una vida equilibrada

Capítulo 2 (Lucas 3)

Regreso al equilibro: el arrepentimiento

La primera noticia del evangelio, el primer mensaje que contiene, es el arrepentimiento para regresar al equilibrio. Hemos nacido desequilibrados por el pecado y necesitamos arrepentirnos para volver a la estabilidad en todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Antes de la manifestación del Mesías, Juan el Bautista vino predicando el bautismo de arrepentimiento (Lc.3:2-6). Es un mensaje dirigido al corazón para que más tarde afecte al alma y el cuerpo, con las obras dignas de arrepentimiento…”Para hacer volver (arrepentimiento) los corazones…” (Lc.1:17). “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Lc.3:8). El arrepentimiento nos hace volver, en primer lugar, de la rebeldía a la prudencia (equilibrio) de un corazón justo. El primer acto pecaminoso que se cometió fue de rebelión. Lucifer se rebeló contra Dios (Ez.28:11-19). El primer pecado realizado por el hombre fue rebelarse contra la palabra de Dios (Gn.2:16-17 y 3:6). Por lo tanto, el arrepentimiento va dirigido hacia el corazón rebelde del que todos nosotros hemos participado. Necesitamos arrepentimos del pecado de rebelión contra Dios y su palabra. Este es un mensaje muy impopular para la sociedad humanista y permisiva actual.

Juan el Bautista fue encarcelado y decapitado por predicar este mensaje. Jesús el Mesías lo recuperó e inició su ministerio con las mismas palabras. “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio (Mr. 1:14-15). Al terminar su ministerio en la tierra, Jesús traspasó el mensaje a sus discípulos. “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día: y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc.24:45-47). Los discípulos fueron obedientes y el primer mensaje que predicaron, para que su generación entrara en el equilibrio divino, fue el arrepentimiento. “Pedro Les dijo: arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados: y recibiréis el don del Espirito Santo (Hch.2:38). “Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados;  para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hch.3:19).

Debemos definir el  arrepentimiento como un regreso, volver a empezar. Es una decisión que produce un cambio de mente, que a su vez conlleva un cambio de propósito y acción. El arrepentimiento bíblico es para regresar a Dios, regresar a sus caminos y propósitos. Es la senda para el perdón de los pecados, unido a la fe en Jesús (Hch.20:21).

Resultados del arrepentimiento

El arrepentimiento verdadero comienza rápidamente a producir frutos y resultados del cambio efectuado. Si el fruto no se produce el arrepentimiento queda neutralizado. Se frena en diferentes atajos o falsificaciones que pretenden los mismos resultados pero sin recorrer el camino verdadero. Algunos de estos atajos son el remordimiento, el reconocimiento o los deseos de cambio. Estos sólo se duelen por lo hecho,  -la acción reprobable-, pero no han decidido un cambio radical. No sirve. El arrepentimiento tiene consecuencias y restituye el daño causado. “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: he aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Lc.19:8-9). Veamos los resultados de un arrepentimiento genuino.

  1. Prepara el camino al Señor (Lc.3:2-6).

El hombre entra así en un camino de equilibrio que hace posible que la gloria de Dios descienda. Los valles (menosprecio, complejos, humillaciones) se rellenarán. Los montes y collados (orgullo, idolatría, autosuficiencia, soberbia) se bajarán. Los caminos torcidos (pecado, vicios, obras de la carne, mundanalidad) son enderezados. Los caminos ásperos (dureza de corazón, crueldad, violencia, mal carácter) son allanados. Lo que queda de esta transformación es el camino de santidad por donde Dios se pasea.

  1. El orden de Dios en la vida familiar (Lc.1:17) (Mal.4:5-6).

El arrepentimiento trae el equilibrio a la vida familiar. Pone en armonía al padre con el hijo, y al hijo con el padre. Cuando no está presente en alguno de sus miembros es cuando se produce la disensión (Mt.10:34-36) (Lc. 12:51-53). “…Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu  casa (Hch.16:31). Cuando Dios ha alcanzado el corazón del hombre quiere llegar al corazón de la sociedad: la familia. “Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra” (Hch.3:25-26).

  1. Extirpa la rebeldía y libera la obediencia.

El arrepentimiento ataca como antídoto la sustancia mas venenosa del maligno: la rebelión; y deja en su lugar un remanso de obediencia que sana y equilibra nuestras vidas. La rebelión es la madre de todos los desequilibrios. El corazón justo y obediente a Dios y su palabra es árbol de vida. El fruto del justo es árbol de vida” (Pr.11:30).

  1. Orden y justicia social (Lc.3:10-14).

El arrepentimiento verdadero pregunta ¿qué haremos? Puesto que es un cambio de mente, propósito y acción. El arrepentido quiere saber cuál debe ser su nueva manera de pensar y vivir para llevarlo a cabo (Ef.4 y 5) (Col.3 y 4). La Biblia tiene respuestas para cada área de la nueva vida. La sociedad recibirá los beneficios de los que viven por los principios del Reino de Dios. “Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario (Lc.3:10-14).

  1. Produce más arrepentimiento.

Cuando entramos en la dinámica de esta verdad vivimos entrenados para rectificar y volver de posibles errores. Los desequilibrios, desórdenes y pecados nos asaltan a menudo, pero un corazón contrito y humilde nos guiará al arrepentimiento cuando fuere necesario (Sal.51:10-12,17) (Is.57:15). Si pensamos que por ser “creyentes” ya nos hemos arrepentido una vez, y no tenemos por qué volver a esa senda, estamos entrando en la dureza de corazón que nos arrastrará a la destrucción (Mr.3:5 y 16:14) (Ro.2:5) (Ef. 4:17-19). Cada vez que un líder o pastor no se arrepiente de los pecados cometidos de sectarismo o religiosidad, está acelerando un proceso de desequilibrio, extremismo y excentricidades  en la iglesia. El alejamiento de Cristo, como Eje central, se hace notorio y termina vapuleado y zarandeado por los espíritus de engaño y las doctrinas de demonios. Así comenzaron muchas sectas. Por lo tanto, un corazón dado al arrepentimiento, cuando fuere necesario, es una garantía para regresar del error y recibir sanidad y avivamiento (Is.57: 15) (Lc.4: 18) (2 Tim. 2: 24-26). Hay otros muchos resultados de un corazón arrepentido pero éstos nos sirven como ejemplos. Dios “quiere” y “manda” que todos procedamos al arrepentimiento, para que nadie perezca ni quede bajo la ira (2P.3.9) (Hch. 17:30-31).

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios”  (Romanos 2:4-11).

7 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Yo os he dado (Segunda parte)

Y dijo Dios: He aquí, yo os he dado toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto os servirá de alimento  (Génesis 1:29).

El carácter de Dios es generoso. Dios es bueno. Amplio en perdonar. Proveedor para todas nuestras necesidades. La tierra está llena de su abundancia. Desde el principio estableció las condiciones para que al hombre no le faltara nada. Lo puso en medio de una tierra con un potencial reproductor que llega hasta nuestros días. En nuestro texto se repite una expresión en la que quiero meditar. Dios dio al hombre toda planta que «da semilla» y todo árbol que «da semilla».

La semilla permite volver a sembrar. No solo dio plantas y árboles comestibles una sola vez, sino que le dio la capacidad de reproducirse a través de una semilla. Semilla que al sembrarla vuelve a reproducir el fruto. Es el mismo principio de la reproducción humana. El hombre contiene en sí  mismo la capacidad de reproducirse cuando está sujeto a las condiciones que el Hacedor ha puesto en la ley natural. Si las trasgrede o manipula puede conseguir resultados pero con sus contraindicaciones y efectos nocivos.

La Biblia enseña que hay una forma de sembrar para cada semilla (Isaías 28:23-29), y que no se deben mezclar (Levítico 19:19). Esto es válido en muchos ámbitos de la ciencia humana. Algunos están llevando este principio a extremos indeseados, dirigidos especialmente a conseguir supuestamente dinero rápido a expensas de multitudes crédulas. Todo lo que el hombre siembra eso siega, sí, pero estirar el principio con codicia para conseguir enriquecerse forma parte de la manipulación carnal de verdades eternas. Dios no puede ser burlado. Los que no entran por la puerta son salteadores, asalariados y el pastor no los conoce.

No forcemos verdades bíblicas llevándolas a extremos que deshonren el carácter de Dios. El Señor hace salir el sol y envía lluvia a justos  e impíos, pero la misma lluvia produce vegetación útil en unos casos, y engendra espinos y abrojos en otros (Heb.6:7,8). El tipo de tierra es fundamental. Sin embargo, Dios no ha cambiado, es Inmutable, en Él no hay cambio ni sombra de variación. La ley de la semilla ha continuado después de la caída hasta nuestros días.

La buena semilla que fue sembrada y enterrada en el monte Calvario resucitó en gloria al tercer día. El Hijo de Dios vino para dar vida al mundo. Dios nos amó y dio a su Hijo, ¡cómo no nos dará, juntamente con él, todas las cosas! Dios dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan. Jesús nos enseñó el principio: «Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá».

Dios nos ha dado de sí mismo. Así fue en el principio. Así fue a través del Mesías. Y así será en la regeneración de todas las cosas

6 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Yo os he dado (Primera parte)

Y dijo Dios: He aquí, yo os he dado toda planta que da semilla que hay en la superficie de toda la tierra, y todo árbol que tiene fruto que da semilla; esto os servirá de alimento  (Génesis 1:29).

Dios creó al hombre, delegó en él su autoridad para ejercer como mayordomo de la creación, y le proveyó de los medios necesarios para su supervivencia. Todo lo hizo hermoso, conforme a su propia naturaleza abundante. Uno de los nombres de Dios en la Biblia, que revela su naturaleza y carácter, es El Shaddai, que significa «el Dios de la abundancia», literalmente «el Dios del pecho materno». Dios da vida tal y como el pecho de la madre da vida y nutrición al bebé, de donde entendemos que en Dios hay un carácter masculino y femenino.

En el texto que nos ocupa quiero resaltar: «He aquí, yo os he dado». Dios ha dado al hombre alimento. Es proveedor y sustentador. Toda la creación demuestra esta verdad. Dios ha creado todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos. La semilla que rebrota en sus ciclos adecuados está diseminada por toda la creación para reproducirse adecuadamente supliendo toda necesidad de alimento del ser humano.

En el principio no hubo carencia, Dios dio al hombre provisión abundante para todas sus necesidades, «pero ellos buscaron muchas perversiones» (Ecl.7:29). El problema de la alimentación mundial no está en Dios sino en el carácter codicioso del hombre caído.

Dios puso al ser humano en medio de la abundancia. Hashem crea, da la tarea al ser humano y provee los medios para que su propósito se cumpla. Dios no ha cambiado. Es inmutable. Ya había ocupación antes de la caída. «El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el huerto del Edén, para que lo cultivara y lo cuidara» (Gn.2:15). El Señor le dio al hombre una ocupación. Algunos creen que el trabajo es resultado de la maldición del pecado, pero no es así. Antes de la caída el hombre recibió el encargo de cuidar la creación, cultivarla, poner nombre a todos los animales, en definitiva, el hombre actuando como mayordomo de Dios.

La ocupación es intrínseca al ser humano. Está en nuestro ADN. Forma parte esencial de la realización personal y colectiva. Dios puso las leyes del mundo natural en marcha y dio al hombre la capacidad de cuidarlo y cultivarlo para que nunca le faltara alimento, «pero ellos se buscaron muchas artimañas» (Ecl.7:29 LBLA). Aunque eso vendría después con la caída, ahora estamos en el origen de las condiciones primigenias.

         Dios es el Dador y Hacedor de todas las cosas. Las ha hecho y dado al hombre para suplir todas sus necesidades desde el principio.

5 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Y ejerza dominio

Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre…  (Génesis 1:26,27).

         La Biblia revela la naturaleza de Dios, su carácter, atributos, obras y voluntad. Además es el mejor libro para conocer al hombre en toda su amplitud, especialmente en su naturaleza, esencia vital, el propósito de su existencia. El pueblo que honra la revelación de Dios es sabio y prosperará, pero la nación que desprecia su Palabra y coloca en su lugar pensamientos humanos, filosofías y doctrinas contrarias a Dios, vendrá a ruina. Si partimos de las Escrituras seremos sabios, si las ignoramos terminaremos en necedad que conduce a los pueblos a su propia destrucción. Si levantamos pensamientos altivos contra el conocimiento de Dios nos colocamos en el lugar de aceptar cualquier mentira que nos lleve al error.

Moisés le dijo al pueblo de Israel que para ser un pueblo sabio e inteligente debían vivir bajo los mandamientos de Hashem(1). «Así que guardadlos y ponedlos por obra, porque esta será vuestra sabiduría y vuestra inteligencia ante los ojos de los pueblos que al escuchar todos estos estatutos, dirán: ciertamente esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente» (Deuteronomio 4:6).

El texto de Génesis que estamos estudiando muestra que el Dios Creador ha hecho al hombre a su semejanza para que actúe como «virrey» de la creación, mayordomo de los bienes recibidos, y lo haga desde la naturaleza recibida conforme a su Hacedor. Dios delegó en el hombre. No le asusta compartir. Puso todo lo creado bajo sus pies. Trajo los animales para que les pusiera nombre, «y como el hombre llamó a cada ser viviente, ése fue su nombre» (Gn. 2:19).

Ahora bien, la caída lo deformó todo y el término «ejercer dominio» sobre la creación vino a significar agotar los recursos naturales. «Ha sido una tragedia de dimensiones incalculables que el término “sojuzgar” o “ejercer dominio” haya sido tomado por el hombre como una especie de licencia para justificar cualquier tipo de explotación de los recursos naturales, cuando en realidad el sentido del vocablo hebreo es “regentar, cuidar de, administrar”, como un buen jardinero cuida de sus plantas, un pastor de sus rebaños, y un rey justo, de sus súbditos. Quería decir reaprovisionarla, cuidar de ella para que funcione como Dios quiso; no implica destruir sus bosques y contaminar sus ríos» (Nota del libro Ecología y cambio climático, una reflexión cristiana de Miguel J. y Pablo Wickham. Editorial Andamio).

El hombre fue creado por Dios para administrar la tierra y sus recursos bajo las condiciones de su voluntad y normativa.

(1) – HaShem es un término hebreo que significa literalmente ‘El Nombre‘. Se utiliza para evitar referir el nombre de Dios. Otras maneras de evitar nombrarlo es con el tetragrama YHVH (formado por las letras hebreas yod hei vav hei), y con la palabra Adonai (‘Señor’).

EL MILAGRO (1) – Etapas determinantes

El milagro de una vida equilibrada - 2

El milagro de una vida equilibrada

Capítulo 1 (Lucas 1 y 2)

Etapas determinantes

La niñez, adolescencia y juventud son etapas de la vida que determinan gran parte de la totalidad del proyecto humano. En estas tres etapas tenemos el proceso que incluye: bases, transición y orientación. En la niñez se colocan LAS BASES fundamentales de la personalidad. La adolescencia llega como una TRANSICIÓN de la niñez al despertamiento de las pasiones y deseos. Es un periodo de descubrimientos de uno mismo. Y la etapa juvenil prepara la ORIENTACIÓN del rumbo y el propósito en la vida. Las tres fases están marcadas por todo tipo de convulsiones internas y externas que afectan al desarrollo equilibrado. Podemos decir que todas ellas componen el primer tercio de la vida del ser humano. Los otros dos serán la edad madura y la vejez (o tercera edad).

En este tiempo somos muy afectados por las influencias externas: familia, colegio, amigos, iglesia, televisión, etc. También es una época de grandes desequilibrios y altibajos que irán formando una personalidad estable y equilibrada, en el mejor de los casos; o por el contrario, dejarán secuelas y deformaciones que afectarán el resto de la vida. Por lo tanto, este primer tercio de la existencia se convierte en clave para cada uno de nosotros. Para Jesucristo Hombre significó lo mismo. Él atravesó estas tres etapas con sobresaliente y es poderoso, hoy, para ayudarnos a pasarlas con buena nota. Por su parte el crecimiento de la vida espiritual recorre un proceso similar.

La niñez de Jesús

Fue engendrado de forma milagrosa por la intervención del Espíritu Santo (Lc.1:34-35), y concebido en el vientre de María en un proceso natural de nueve meses de gestación (Lc.2:6). El Nacimiento estuvo rodeado de sucesos sobrenaturales y maquinaciones del diablo para matarle (Lc.2:10-11) (Mt.2:9-11,16) (Lc.2:25-38). Desde niño oyó que se decían de él grandes cosas. Dios le guardó y protegió de los posibles desequilibrios propios de un niño “especial’ enviando a la familia a Egipto, donde nadie les conocía, y dándole nuevos hermanos que comparten el “protagonismo familiar”. Cuando regresan a Nazaret ha pasado la euforia de su nacimiento y crece como un niño más en su pueblo (Mt.2:13-23) (Mt.13:53-58). El Mesías se forma en el seno de una familia judía piadosa, temerosa de Dios y obediente a la Torah (Lc.2:21-24 y 39-42).

La adolescencia de Jesús

Jesús crece como un niño precoz y adelantado. No cabe duda que se ven en él actitudes que le diferencian de la mayoría (Lc.2:41-50). Se desarrolló, como adolescente, al lado de las Escrituras. Amaba la palabra de Dios y los “negocios de su Padre” (Lc.2:49) (2 Tim.3: 15). Aprendió a discernir el bien del mal por su contacto con la Ley y los Profetas (Is.7:14-16) (Sal. 119:97-104) (Neh.4:12). Se mantuvo limpio y puro en esta etapa de su vida, resistiendo toda tentación, por guardar su palabra (Sal. 119:9-11). Resistió los impulsos de independencia y rebeldía, propios de la edad, sometiéndose a sus padres (Lc.2:51).

La juventud de Jesús

No tenemos muchos datos de la vida de Jesús desde la edad de los doce años hasta los treinta; sin embargo, podemos percibir ciertos aspectos generales, sin entrar en la especulación apócrifa. Trabajó como carpintero. “¿No es éste el carpintero?… “(Mr.6:3) (Mt. 13:55). Aprendió un oficio y conjugó los aspectos naturales y prácticos de la vida, con su desarrollo espiritual. Ambos iban juntos. Poco a poco fue despertando y descubriendo el propósito de Dios para su vida. Fue recibiendo informe tras informe por medio de la revelación profética que le orientaban hacia el propósito divino. No se precipitó. Esperó “el tiempo señalado por el Padre (Gá.4:1-4). Resistió las tentaciones de la impaciencia y la independencia, propias de un joven comprometido, determinado y enérgico. No se adelantó a ninguna etapa de su vida. Las vivió sujeto y anclado a la palabra del Padre. Las necesidades de su pueblo eran alarmantes: la confusión reinaba; los líderes religiosos no solucionaban las necesidades de las personas; sin embargo, Jesús guardó el equilibrio y dominio necesarios para llegar al tiempo de Dios “para su manifestación y ministerio publico” (Lc.3:23) (Jn.7:6-8).

Conclusiones

En primer lugar Jesús se hizo hombre y atravesó cada una de las etapas de su vida en un equilibrio perfecto. Su vida fue una sinfonía armónica entre su naturaleza humana (aunque era Dios), su dependencia del Padre, sus enseñanzas y sus obras. Por ello, es Autor de nuestra fe y Guía de nuestro desarrollo en equilibrio (Heb. 12:2; 2:18; 4:14-16).

En segundo lugar Jesús combinó perfectamente lo humano y lo divino. El crecimiento espiritual y el físico; así como el crecimiento en gracia para con Dios y los hombres (Lc.2:52). Cada ser humano es espíritu, alma y cuerpo. El gran milagro de la realización consiste en vivir un crecimiento integral y equilibrado en cada área de la personalidad (1 Ts.5:23-24). Jesús es nuestro modelo de realización completa como seres humanos y como participantes de la naturaleza divina, al recibir, en el nuevo nacimiento, la naturaleza de Dios  (2P. 1:3-4).

Y como tercera conclusión podemos decir que Jesús supo llegar al punto clave de su vida con “normalidad”.  Se colocó bajo el reloj de Dios sin atrasos ni adelantos sobre el tiempo establecido. Llegó a tiempo. Las tres primeras etapas de su paso por la tierra le llevaron al lugar culminante para él y para la historia de la Humanidad: su ministerio público de tres años y la obra de redención. Nosotros también podemos llegar a tiempo. Enfrentaremos momentos vitales en nuestro peregrinaje, llegaremos a instantes críticos que marcarán nuestro futuro y el de otros. ¡Vayamos con Jesús para llegar en las mejores condiciones al plan de Dios con nosotros!

Tenemos una gran nube de testigos alrededor nuestro que lo consiguieron. Algunos son tipos de Jesús y ejemplos para nuestra esperanza (Ro. 15:4). En las Escrituras podemos ver la juventud de José, la juventud de David y la juventud de Daniel. Se nos dice que “Bueno le es al hombre llevar el yugo desde su juventud (Lam. 3:27). “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos y lleguen los años de los cuáles digas: No tengo en ellos contentamiento (Eclesiastés, 12:1).

4 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)A nuestra imagen y semejanza

Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza…  Creó, pues, Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:26,27).

         La voluntad soberana de Dios ha querido crear al hombre. ¡Qué fácil de entender cuando no estamos atrapados en vanos razonamientos! ¿Surgen preguntas por resolver? Sí. «Ahora vemos por un espejo, veladamente… ahora conozco en parte…» (1 Co.13:12). Si aceptamos que somos el resultado de la voluntad creativa de Dios podemos avanzar. Nosotros creemos en Dios, confiamos en su palabra, por tanto, podemos continuar.

El texto que tenemos arriba nos dice que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. ¡Increíble! «Alto es no lo puedo comprender» (Sal. 139:6). «¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?» (Sal. 8:4). El hombre corona la creación de Dios. ¡Creados a su imagen y semejanza! Pero, ¿cuál es la imagen de Dios? ¿A qué se refiere el texto? No hay una respuesta definitiva a esta pregunta, aunque hay varias cosas que podemos decir sin caer en especulaciones.

El punto de vista reformado es que la imagen de Dios en el sentido más amplio de la palabra se halla: en el hecho de que el hombre es un ser espiritual, racional, moral e inmortal. Dios revistió al hombre con algunos aspectos de su propia personalidad: justicia, verdad, amor, voluntad, emociones, conocimiento. Le transmitió atributos elevados como la creatividad, poder expresarse de manera audible mediante la palabra hablada, comunicarse con sus semejantes, y sobre todo con el mismo Creador. Lo vistió de espiritualidad.

Dios es Espíritu, sopló en el hombre aliento de vida, y vino a ser un ser viviente. Además le dio libertad, libre albedrio, lo hizo libre, no un autómata, sino con capacidad de poder escoger y vivir sujeto a su voluntad, bajo las condiciones dadas por Dios, con límites establecidos dentro de unos parámetros amplios de acción individual.

Dios creó al hombre para tener comunión con él, relacionarse de manera cercana y compartir, no solo el resto de la creación material, sino su misma naturaleza y esencia. Puso eternidad en el corazón del hombre (Eclesiastés 3:11). Jesús confirmó el relato bíblico, escrito por Moisés, cuando dijo: «¿No habéis leído que aquel que los creó, desde el principio los hizo varón y hembra?» (Mateo 19:4).

         El hombre fue creado por Dios a su semejanza, su propia imagen, «para alabanza de la gloria de su gracia» (Efesios 1:6). «Porque de Él, por El y para El son todas las cosas» (Ro. 11:36). «Todo ha sido creado por medio Él y para El» (Colosenses 1:16).   

 

3 – ANTES DE LA CAÍDA

Antes de la caída (3)Hagamos al hombre

Y dijo Dios: Hagamos al hombre… Creó, pues, Dios al hombre…  varón y hembra los creó (Génesis 1:26,27).

         ¡El misterio del hombre! ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es su origen y propósito? Preguntas que parecen no tener respuestas concluyentes pero comienzan a tomar forma cuando venimos a las Escrituras. Está escrito que es lámpara a nuestros pies y lumbrera en nuestro camino. Que debemos estar atentos como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro. La Biblia es como un espejo para mirarse. En ella vemos nuestra imagen reflejada.

En nuestro texto lo primero que apreciamos es que el hombre es el resultado de una voluntad mayor que la suya propia. Somos consecuencia de la voluntad expresa de Dios. Hemos venido a la existencia por un acto de su voluntad, una decisión creativa y determinante. Somos la emanación de un plan predeterminado por la Divinidad. Una Divinidad que se nos presenta aquí en plural: «Hagamos», aunque es Uno. El salmista escribió: «El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos» (Salmos 100:3). Por tanto, somos resultado de una voluntad creativa mayor que la nuestra, anterior a la nuestra y por ello superior.

Más tarde el Creador dará al hombre y la mujer capacidad de reproducirse, aunque aquí estamos viendo el origen de la creación del primer ser humano. Este primer hombre va a producir después un desdoblamiento con dos géneros: varón y hembra. «Creó Dios al hombre, varón y hembra los creó». Un solo ser, dos personalidades complementarias que provienen del uno creado y que volverán a ser uno creando una unidad orgánica familiar cuyo resultado será la formación de la familia, y así garantizar la continuidad del género humano a través del hombre y la mujer.

Observemos que el texto bíblico dice: «Creó Dios al hombre», y luego dice, «varón y hembra los creó». Por tanto, en el hombre está incluida la mujer. Esto lo vemos aún más claro en Génesis 5:1,2. «El día que Dios creó al hombre, a semejanza de Dios lo hizo. Varón y hembra los creó; y los bendijo, y los llamó Adán el día en que fueron creados». Es decir, en Adán está Eva. En el hombre está incluida la mujer. Esto concuerda con la exégesis del apóstol Pablo cuando escribe: «Porque el hombre no procede de la mujer, sino la mujer del hombre, pues en verdad el hombre no fue creado a causa de la mujer, sino la mujer a causa del hombre… Sin embargo, en el Señor, ni la mujer es independiente del hombre, ni el hombre independiente de la mujer. Porque así como la mujer procede del hombre, también el hombre nace de la mujer; y todas las cosas proceden de Dios» (1 Corintios 11:8-12).

         El hombre es creación de la voluntad de Dios y en él está incluida la mujer. Ambos son el sello de todo lo creado.