Libros para descargar

Encontrarás una serie de libros de enseñanza y estudio que podrás descargar gratuitamente. Puedes usarlos como material didáctico para tu propia edificación personal, para enseñar en la iglesia o en grupos hogareños.

Los libros son muy variados. En el caso del comentario completo a todo el Nuevo Testamento tienes al final de cada uno de los libros preguntas para responder. Iré añadiendo los nuevos temas que vaya realizando en el futuro.

  1. Bases para el crecimiento de la nueva vida
  2. Comentario del Nuevo Testamento
  3. Dios Trino
  4. El carácter liberado y desarrollado
  5. El Discipulado
  6. La gran comisión
  7. La inspiración y autoridad de las Escrituras
  8. Unidos con Cristo

Escuela de Enseñanza

Esta sección tiene tres propósitos principales. Por un lado, poner a tu alcance libros de enseñanza que puedes descargar de forma gratuita y usarlos para tu propia edificación o para enseñar a otros. En segundo lugar, encontrarás una serie de predicaciones con bosquejo reducido que pueden servirte de orientación y aprendizaje. El primero que aparece explica mi metodología para preparar un bosquejo. Y por último, mi ofrecimiento para realizar conferencias presenciales sobre temas concretos en iglesias locales, centros culturales o asociaciones que lo deseen. Puedo preparar los materiales escritos para distribuir a los asistentes.

Cómo Hacerlo

Escuela de oración - como hacerloCon voz audible. De viva voz. Mediante lo que se llama oración sacramental (más adelante explicaré lo que significa). Haré oraciones escritas para que las leas primeramente y si estás de acuerdo puedas hacerlas conmigo, decir tu amén. Recuerda lo que dijo el Señor: Además os digo, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan aquí en la tierra, les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Porque donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos (Mt.18:19,20 LBLA).

Para explicarlo mejor quiero que leas conmigo varios textos de la Escritura donde se nos enseña a orar con voz audible de manera explícita. Hay diversas formas de orar, sí, incluso el silencio puede ser una oración de nuestro corazón, como dijo el salmista: En Dios solamente espera en silencio mi alma; de El viene mi salvación (Sal.62:1 LBLA). Pero aquí queremos enfatizar la oración audible, verbalizarla en voz alta, con fe en el corazón, creyendo cada palabra y pronunciándola minuciosamente. Hazlo con sabiduría y cordura dependiendo del lugar donde te encuentres. Veamos los textos.

Después que Samuel escuchó todas las palabras del pueblo, las repitió a oídos del Señor (1 Sam.8:21 LBLA). El pueblo había argumentado que quería un rey, como todas las naciones. Samuel conocía que esa no era la voluntad de Dios, sin embargo, trajo delante del Señor sus palabras, las repitió una por una, tal cual. ¿Acaso el Señor no había oído las palabras de los ancianos del pueblo? Claro que sí. Sin embargo, Samuel las repitió ante Él, las verbalizó de viva voz.

La misma enseñanza encontramos en el apóstol Pablo. El enseñó: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias… (Fil.4:6 RV60). ¿Cómo hacemos conocidas nuestras peticiones delante de Dios? Con nuestras palabras, verbalizando de viva voz el anhelo de nuestros corazones. ¿No conoce Dios ya nuestras necesidades? Sí, pero el mandamiento es que sean conocidas, repetidas delante de Él.

Y el salmista lo enseña una y otra vez. Veamos un ejemplo claro. Escucha mis palabras, oh Señor; considera mi lamento. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque es a ti a quien oro. Oh Señor, de mañana oirás mi voz; de mañana presentaré mi oración a ti, y con ansias esperaré (Sal.5:1-3 LBLA). Fíjate las veces que se repite la necesidad de que nuestras palabras sean oídas, vocalizadas, articuladas de viva voz, en voz alta.

Pablo dice: Teniendo el mismo espíritu de fe, según lo que está escrito: CREÍ, POR TANTO HABLE, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos (2 Co.4:13 LBLA).

Jesús oraba tan alto cuando estaba solo que sus discípulos le oyeron y fueron persuadidos para pedirle que les enseñara a orar (Lc.11:1) (Jn.11:41-43) (Lc.23:46).

Y qué diríamos de muchos de los que se acercaron a Jesús para formular sus peticiones, lo hicieron a gran voz, incluso gritando, aunque otros se escandalizaban. Bartimeo (Mr.10:46-52). La entrada de Jesús en Jerusalén (Lc.19:37-40).

La oración del profeta Habacuc, recogida en el capítulo 3 de su libro dice lo siguiente: Oración del profeta Habacuc, en tono de Sigionot (Hab.3:1 LBLA). ¿Y que es una oración en tono de Sigionot? La nota que aparece en la Biblia de las Américas nos dice que es «canto vehemente». Como la oración del profeta Elías. Nos dice el apóstol Santiago: Elías era un hombre de pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviera, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses (Stg.5:17).

Sin embargo, el salmista David nos dice: Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día… dije: Confesaré mis transgresiones a YHVH; y tú perdonaste la maldad de mí pecado… Y luego añade: Con cánticos de liberación me rodearás (Sal.32:3,5,7 RV60).

Sí, podemos caer en la vana palabrería y repetición. Podemos engañarnos a nosotros mismos pensando que repetir palabras como mantras cambiará nuestras circunstancias. Ese error ya lo hemos cometido en muchas ocasiones, y se sigue haciendo. Pero esos extremos no anulan la verdad de Dios. Nuestras palabras dichas delante del Señor, en humildad, sometidos y atados a Cristo en oración sincera, resonarán en el cielo en favor de la tierra.

Tenemos el libro de Salmos que es un libro de oración y alabanza en su mayor parte. Podemos comenzar a orar esas oraciones. Hay lo que se llama en la liturgia cristiana la oración sacramental. Veamos lo que significa.

La oración sacramental

Este tipo de oración se hace mediante oraciones escritas, bien articuladas, que dan respuesta a muchas de las necesidades del alma humana. Al ser escritas, meditadas y reflexionadas evitamos la dispersión, nos concentramos en la letra que tenemos delante y la hacemos nuestra mediante la fe, para orar con verdadera pasión en un espíritu abierto y dispuesto.

Este tipo de oración nos da la posibilidad de usar este medio para orar juntos en un mismo sentir, unánimes, diciendo nuestro amén al final con plena convicción. Para ello podemos leer primero la oración escrita y luego, una vez asumida, hacerla nuestra y realizarla en voz alta, en plena certidumbre de fe.

La tradición cristiana ha usado ampliamente este tipo de oración, especialmente el libro de los Salmos. También tenemos lo que se llama El Libro de Oración Común de las iglesias Episcopales y otros. Yo no pretendo introducir ningún libro de oración, lo que quiero hacer es usar esta herramienta para que podamos orar juntos desde la página web y de forma práctica.

Aunque pueda parecernos extraño, este tipo de oración aparece en la Escritura de diversas formas, y por supuesto la encontramos en la tradición judía. Tenemos un ejemplo claro en la Shema que es la oración que recitan los judíos al menos dos veces al día. Esta oración la encontramos en Dt. 6:4 LBLA y dice así: Escucha, oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el Señor uno es. Y luego añade el texto: Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablaras de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes (Dt.6:6,7 RV60). Con toda seguridad fue hecha por el mismo Jesús en muchas ocasiones.

Este tipo de oración no está en contradicción con el espíritu del Nuevo Pacto, donde se nos dice que la ley de Dios ha sido escrita en nuestros corazones, se nos ha dado un nuevo corazón. Pues bien, es desde ese corazón nuevo que podemos elevar nuestra oración sacramental al trono de la gracia.

También en el Nuevo Testamento encontramos declaraciones que eran repetidas en las congregaciones en el tiempo del culto. Una de ellas parece haber sido un himno primitivo, la tenemos en 1 Tim.1:17 RV60. Por tanto, al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios, sea honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén. Y otro ejemplo lo vemos en la declaración de fe que aparece en 1 Tim.3:16 RV60 donde dice: Dios fue manifestado en carne, justificado en el Espíritu, visto de los ángeles, predicado a los gentiles, creído en el mundo, recibido arriba en gloria.

Por supuesto, este tipo de oración sacramental nunca debe sustituir a nuestras oraciones espontáneas, pero sí pueden complementarlas para ser usadas aquí.

Resumiendo. Podemos decir que la oración sacramental es una oración escrita para hacer en voz audible, con fe, unidos en el mismo sentir. Antes de orar podemos leerla para ver su contenido, y si estamos de acuerdo, hacerla nuestra con toda convicción. Iré poniendo diversos tipos de oraciones en el apartado ENTRA Y ORA. Si te identificas con la oración que escribiré de forma continuada, puedes ponerte de acuerdo conmigo y orar en voz alta, no es necesario que grites, usa la cordura y el sentido común dependiendo de donde te encuentres, y allí donde estés puedas orar de todo corazón.

Una vez hecha la oración, habrá un pequeño apartado donde si quieres puedes escribir tu amén y anotar tu nombre y país.

Esa misma oración se puede hacer en distintos momentos del día, incluso algunas estarán allí varios días. Las iré renovando. Las oraciones ya realizadas quedarán archivadas en la misma página web.

Usaremos varios modelos de oración que encontramos en la Escritura, comenzando con la oración de Jesús en Mateo 6.

Una vez conoces la mecánica de esta Escuela de Oración pasa al vínculo ENTRA Y ORA y comienza a orar.

Los Motivos

motivacionUno de los aspectos básicos de la vida de oración es conocer los motivos por los que vamos a orar. Primero nuestra motivación. ¿Qué es lo que nos impulsa a orar?

Podemos orar erróneamente con nosotros mismos, como el fariseo de la parábola. Si tenemos pecado en nuestros corazones el Señor no oirá nuestras oraciones, porque si observo iniquidad en mi corazón, el Señor no me escuchará (Sal.66:18 LBLA). Por tanto, debemos atender a nuestros motivos.

Pablo dijo: Hermanos, ciertamente el anhelo de mi corazón, y mi oración a Dios por Israel, es para salvación (Ro.10:1 RV60). La motivación del apóstol en este caso era orar por la salvación de Israel. Este es uno de nuestros motivos principales: ORAR POR ISRAEL en esta hora de gran necesidad, para que vengan de la presencia del Señor tiempos de restauración y refrigerio, la restauración de Israel en su tierra y a su Dios, porque en su restauración todas las naciones recibirán vida de entre los muertos (Ro.11:15 RV60), es decir, avivamiento y avance del evangelio.

El profeta Samuel, iniciador de la escuela de profetas y uno de los grandes intercesores en la Escritura, entendió que pecaría contra el Señor dejando de orar por Israel. Así que, lejos sea de mí que peque yo contra YHVH cesando de rogar por vosotros; antes os instruiré en el camino bueno y recto (1 Sam. 12:23 RV60). En este aspecto la iglesia del Señor ha pecado. No hemos orado por Israel como debiéramos, por ello quiero enfatizar esta necesidad vital en el tiempo avanzado en el que vivimos.

El salmista nos interpela para que oremos POR LA PAZ DE JERUSALÉN. Pedid por la paz de Jerusalén; sean prosperados los que te aman (Sal.122:6).

Y el profeta Isaías dice: Por amor de Sión no callaré, y por amor de Jerusalén no descansaré, hasta que salga como resplandor su justicia, y su salvación se encienda como una antorcha… Sobre tus muros, oh Jerusalén, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de YHVH, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que resplandezca a Jerusalén, y la ponga por alabanza en la tierra (Is.62:1,6,7 RV60).

Se nos dice también que debemos orar POR LOS REYES y los que están en eminencia, es decir, las autoridades de nuestras respectivas naciones, con el fin de que vivamos en quietud y reposo (1 Tim.2:1,2). También POR LA CIUDAD donde vivimos. Y buscad el bienestar de la ciudad adonde os he desterrado, y rogad al Señor por ella; porque en su bienestar tendréis bienestar (Jer.29:7 LBLA). Y POR NUESTRA FAMILIA, por LA CONGREGACIÓN de Dios, por NUESTRAS PROPIAS NECESIDADES. Lo haremos paso a paso, con perseverancia.

Por tanto, los motivos son amplios y variados, pero hay uno que sobresale entre los demás: ORAR POR ISRAEL. Aunque no entendamos todo lo que está pasando en Oriente Medio, oraremos para que el Señor cumpla sus propósitos eternos revelados por los profetas de Israel.

Para los que aún tengan prejuicios sobre la prioridad de orar por Israel como énfasis prioritario, les diré lo siguiente.

Israel es cabeza de las naciones delante del Señor, y su ungido el Siervo, hijo de David (Sal.18:43 LBLA). Israel es su primogénito (Ex. 4:22 RV60). Recibió un llamamiento de Dios para ser su especial tesoro y un reino de sacerdotes y gente santa (Ex.19:5,6 RV60). No es contado entre las naciones (Nm.23:9 LBLA). Se les ha confiado la palabra de Dios (Ro.3:2 RV60). Tiene las promesas hechas a los padres, a quienes pertenecen la adopción como hijos, y la gloria, los pactos, la promulgación de la ley, el culto y las promesas, de quienes son los patriarcas, y de quienes, según la carne, procede el Cristo (Ro.9:1-5 LBLA). Nosotros, gentiles, hemos sido injertados en Israel y por tanto hechos participantes de las promesas en Cristo, de la ciudadanía de Israel, de la adopción, somos coherederos y miembros del mismo cuerpo, coparticipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (Ro.11:17 LBLA) (Ef.2:11-13 y 3:1-6 RV60). El Señor los ha escogido para serle un pueblo especial, más que todos los pueblos que están sobre la tierra (Dt.7:6-8 RV60). Es su exclusiva posesión. El te pondrá en alto sobre todas las naciones que ha hecho, para alabanza, renombre y honor; y serás un pueblo consagrado al Señor tu Dios, como El te ha dicho (Dt. 26:17-19 LBLA).

Bíblicamente hablando, Israel ha sido puesto en eminencia sobre las naciones de la tierra. Su historia es única. Ha sido escogido por la soberana voluntad de Dios, y como dice el apóstol Pablo, debemos orar por los reyes y los que están en eminencia. Esto no excluye a las demás naciones, pero debemos entender y aceptar el orden de Dios. Incluso la predicación del evangelio tiene un orden: al judío primeramente, y también al griego (Ro.1:16). Jesús dijo que se anunciara en Jerusalén, luego en Judea, después en Samaria y por fin hasta lo último de la tierra, a todas las naciones (Hch.1:7,8). Dios es un Dios de orden. Sigamos su orden también en nuestras oraciones, obedezcamos su voluntad y recibamos la bendición que le sigue. No pretendo con este enfoque ser dogmático, sino práctico; no llevarlo a extremos indeseados, sino seguir el propósito de Dios.

Pero no solo oraremos por Israel, también por nuestra propia nación, en mi caso es España, por las autoridades, por la ciudad donde vivimos, por nuestra familia, por la congregación de Dios y la extensión del evangelio a todas las naciones. Estos serán nuestros motivos principales.

El Propósito

Escuela de oración - PropósitoEl propósito fundamental de esta sección es ORAR. No solo hablar de la oración, sino orar. No solo estudiar o leer acerca de la oración, sino orar.

Antes de comenzar debemos saber cuál es la voluntad de Dios en aquello por lo que vamos a orar, si no lo sabemos debemos orar por dirección, incluyendo el estudio de la Escritura. Si su voluntad está expresada claramente en su palabra tendremos convicción para hacerlo con fe, porque sin fe es imposible agradar a Dios, pero con fe le agradamos y recibimos.

Para no dudar debemos sustentar nuestra oración sobre la palabra de verdad, que es la voluntad de Dios revelada. Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho (1 Jn.5:14,15 RV60).

La primera cosa que debemos saber es que ORAR es la voluntad de Dios. Jesús dijo: Vosotros, pues, oraréis… Primero la necesidad de orar siempre y no desmayar, luego debemos saber orar como conviene. Oraréis así. ¿Cómo? En la Escritura encontramos varios modelos y niveles de oración. La vida de oración es un mundo inmenso, un universo para explorar, empezaremos por algunas cosas esenciales, y dependeremos del Espíritu Santo al hacerlo.

Orar es obedecer a Dios, por tanto, nuestro propósito esencial es obedecer al Señor orando. Toda la Escritura enseña la necesidad de orar. Jesús nos mostró el ejemplo viviendo una vida intensa de oración. Por tanto, oremos.

Esta página web pretende ser una herramienta, una plataforma, o una atalaya para que desde ella podamos orar. El profeta Habacuc dijo: Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré; velaré para ver lo que El me dice, y que he de responder cuando sea reprendido (Hab.2:1 LBLA).

El Antisemitismo

bandera-de-israel-lazo-44522526El antisemitismo es odio a los judíos. Un odio que a lo largo de los siglos ha producido, con machacona insistencia, destrucción y muerte hacia la descendencia de Abraham, los hijos de la promesa. El carácter demoníaco del antisemitismo se muestra con total nitidez en el hecho de contradecir la Palabra de Dios dada a Abraham:

“Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familia de la tierra” (Génesis 12).

Lo que Dios ha bendecido el hombre, bajo la influencia de las huestes espirituales de maldad, maldice. Al que Dios aprueba y escoge para canalizar Su bendición a todas las familias de la tierra el diablo, a través del pensamiento antisemita, destruye para abortar los beneficios de Dios a la Humanidad.

Hay diversas manifestaciones de antisemitismo pero yo me voy a centrar en el más incomprensible e ingrato de todos ellos, el eclesiástico. La iglesia cristiana en general hemos pecado gravísimamente a lo largo de la historia por nuestra teología y doctrinas antisemitas que han producido injusticia, dolor y muerte hacia el pueblo judío. Los argumentos teológicos que se han usado han sido básicamente tres: los judíos mataron a Jesús; dijeron que su sangre cayera sobre ellos y sus hijos, por consiguiente la persecución que sufren es el resultado de esa proclamación, y en tercer lugar, la llamada teología del reemplazo, es decir, que la iglesia ha substituido a Israel como pueblo de Dios. Los tres argumentos son falsos, por tanto, como no podía ser de otra manera, el padre de la mentira ha basado sus maquinaciones contra la simiente de Abraham en el engaño.

En primer lugar a Jesús le llevó a la cruz y la muerte los pecados de todos nosotros, era necesario un substituto, el justo por los injustos para llevarnos a Dios.

Decir que los judíos mataron a Jesús demuestra una ignorancia perversa del plan redentor de Dios.

En segundo lugar, Jesús dijo en la cruz: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”. Por tanto, Jesús mismo perdonó a aquellos que dijeron “su sangre caiga sobre nosotros y nuestros hijos”.

En tercer lugar, Dios no ha desechado a su pueblo, ni lo ha substituido por otro. Pablo lo deja claro en su carta a los Romanos cuando aborda este espinoso tema. “Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. *o ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció” (Romanos 11).

Más bien los gentiles hemos sido injertados en Israel, el olivo verdadero, compuesto ahora, en Cristo, de todos aquellos judíos y gentiles que han nacido de nuevo y forman la congregación, los llamados fuera, el pueblo de Dios. La iglesia no ha reemplazado a Israel como pueblo de Dios, sino que de ambos pueblos hizo uno, haciendo la paz, mediante la sangre de su cruz.

La falsa teología nos conduce a pensamientos erróneos y éstos a las acciones incorrectas y pecaminosas. Un creyente nacido de nuevo no puede ser nunca antisemita porque sería “echar piedras sobre nuestro propio tejado”. Nuestra fe arranca en Abraham, el padre de la fe, y se perfecciona en Cristo, la simiente que había de venir. Nuestra fe está edificada sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús la piedra angular. Todos ellos fueron judíos. La salvación viene de los judíos, y nosotros, gentiles, debemos estar agradecidos a Dios porque hemos sido hechos participantes de la rica savia del olivo. Hemos sido hechos conciudadanos (ciudadanos juntamente con) de los santos y miembros de la familia de Dios.

Cuando estábamos sin Cristo vivíamos “alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo. Pero ahora en Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la sangre de Cristo. Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre. Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo la principal piedra del ángulo Jesucristo mismo, en quien todo el edificio, bien coordinado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor; en quien vosotros también sois juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:12-22).

Por tanto, si hemos mantenido doctrinas antisemitas o las hemos enseñado a otros, debemos arrepentirnos de nuestro pecado y orar a Dios por la paz de Jerusalén y por aquellos judíos que aún no han reconocido a Jesús como el Mesías, en muchos casos por el tropiezo que ha supuesto el cristianismo, para que en su restauración y admisión haya vida de entre los muertos, o sea, avivamientos.

Mis Libros Editados

Aquí puedes ver los libros que he editado hasta ahora. Están disponibles para todos vosotros en las librerías evangélicas de España, y también en Amazon. Están en formato papel y en ebook o libro digital.

Al lado de cada uno de ellos tienes la reseña del libro, junto con el enlace donde puedes conseguirlo. El primer enlace es de la misma editorial Logos o Remar, también se consiguen a través de Amazon en papel y digital.

La otra opción es hacer tú pedido directamente a mi dirección de correo electrónico, son estas:

vzaballos@hotmail.com

virgilio.zaballos@gmail.com

Te los haré llegar lo antes posible.

A Propósito de “El Código Da Vinci”

código da vinciA modo de introducción. No hace muchos años asistimos a un fenómeno editorial que se mantuvo en las listas de los libros más vendidos por demasiado tiempo en varios países. Luego se ha hecho una película con el mismo título. Nada nuevo si no fuera porque en este libro se ponen en duda los cimientos del cristianismo para ocupar su lugar el viejo gnosticismo. Me propuse leer el libro llevado por la curiosidad y mi sorpresa fue mayúscula cuando pude constatar la osadía del autor en su ataque directo a las raíces de nuestra fe. Por ello escribí lo siguiente.

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