65 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LVII) – Babilonia (49)

Palabra que habló YHVH contra Babilonia, contra la tierra de los caldeos, por medio del profeta Jeremías. Anunciad en las naciones, y haced saber; levantad también bandera, publicad, y no encubráis; decid: Tomada es Babilonia, Bel es confundido, deshecho es Merodac; destruidas son sus esculturas, quebrados son sus ídolos (Jeremías 50:1,2)

         El profeta Jeremías tuvo que anunciar juicio primeramente a su pueblo por haberse unido al estilo de vida babilónico, su idolatría, mezcla, inmoralidad y paganismo. Al hacerlo recibió el desprecio de sus hermanos judíos. Luego tuvo que anunciar el juicio de Dios sobre el imperio babilónico, hacerlo de viva voz, anunciarlo en las naciones sin encubrirlo, exponiéndose nuevamente a su aborrecimiento.

Un tiempo atrás, el profeta se benefició del trato afable que le obsequiaron las tropas de Nabucodonosor cuando entraron en Jerusalén, puesto que su mensaje les favorecía. Ahora pudo haber soslayado la proclamación de su juicio a la misma Babilonia tratando de evitar sus represalias, pero no lo hizo.

Su llamamiento era más fuerte que los beneficios o perjuicios que se derivan de él. Además, lo hizo con osadía, levantado la voz, dejando constancia por escrito sin temer la ira del rey, como haría Moisés ante Faraón. Este es el espíritu de los profetas de Israel.

Bien, avancemos. ¿Qué tenía que anunciar Jeremías? Un tiempo cuando Babilonia sería invadida. La fuerza que ahora mostraba su dominio sobre las naciones del entorno no duraría para siempre, tenía fecha de caducidad, y esa fecha la había establecido el Señor que gobierna sobre su creación. Además, caerían los cultos de los dioses que adoraban, sobre quienes se apoyaban, y a quienes hacían artífices de sus triunfos: Bel y Merodac (el dios babilónico Marduk).

Pero el verdadero Dios, aquel que no comparte su gloria con nadie, pondría en evidencia que los ídolos no se pueden comparar con Él. Serían confundidos, deshechos, destruidos y quebrados todos los ídolos babilónicos.

El Dios de Israel es el Soberano de los reyes de la tierra. No hay otro como él. Ha salido para vencer y es vencedor. Su gloria cubrirá toda la tierra como las aguas cubren el mar. Jeremías debe anunciarlo, y lo hace. Su testimonio está escrito para todas las generaciones.

Israel sabe que después del juicio de Dios por sus pecados, viene el día de la restauración, la caída de sus enemigos, y el monte de Sión será cabeza de los montes para todas las naciones; y ese monte está en Jerusalén y en ningún otro lugar. He aquí la batalla de nuestros días.

  El juicio y la restauración de Dios comienzan por su casa. Fue así con Israel. Lo es con la iglesia, y volverá a serlo con ambos. Vivimos en esos días.

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