62 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LIV) – Babilonia (46)

En aquel tiempo, dice YHVH, yo seré por Dios a todas las familias de Israel, y ellas me serán a mí por pueblo… El pueblo que escapó de la espada halló gracia en el desierto, cuando Israel iba en busca de reposo. YHVH se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia  (Jeremías 31:1-3)

         Judá vivía en tiempos de Jeremías en la antesala del cautiverio babilónico. Ese periodo incluía la derrota ante los caldeos, la entrada de los enemigos en Jerusalén, la destrucción del templo y ser entregados al cautiverio. Un proceso gradual como resultado de la desobediencia al pacto que Dios había hecho con Israel en Sinaí.

Pero el profeta no solo anuncia el cautiverio inminente, sino que se adelanta en su proyección profética y ve los días de la restauración del pueblo de Dios, que a pesar de su castigo no es rechazado por el Señor. Por un lado se anuncia una primera restauración a la vuelta de setenta años. Esa restauración se iniciaría con el edicto de Ciro. Pero se anuncia una restauración futura, por tanto, habría un nuevo cautiverio, que enlaza con las palabras de Jesús cuando dijo que habría una gran calamidad e ira sobre este pueblo, y serían llevados cautivos a todas las naciones.

Jerusalén sería hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan (Lc. 21:23,24). Esto ocurrió a partir del año 70 d.C. cuando Tito, el general romano, destruyó el templo de Jerusalén y comenzó una diáspora que duraría unos 1800 años, hasta el tiempo de la restauración que también anuncia el profeta Jeremías. Observa el alcance de la profecía. El amor eterno del Señor por Israel se manifestaría de nuevo, aunque ahora, era necesario ser afligidos en diversas pruebas por su desobediencia y ser llevados al desierto de las naciones. Jesús lo expresó así: vuestra casa os es dejada desierta… hasta que llegue el tiempo en que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor (Lc.13:34,35). Jeremías anuncia esos días. Subamos a Sión, a YHVH nuestro Dios (31:6). Su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor (31:12). Satisfaré al alma cansada, y saciaré a toda alma entristecida (31:25). Haré nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá (31:31). Todos me conocerán… y no me acordará más de su pecado (31:34). Los haré volver a este lugar, y los haré habitar seguramente (32:37).

Esta restauración se inició en 1948 y sigue hoy en un proceso gradual hasta la venida del Mesías en Jerusalén y el establecimiento del reino mesiánico. Es el propósito eterno de Dios con Israel.

         El amor eterno de Dios por Israel supera el tiempo de juicio y alcanza su restauración para bendecir una vez más a todas las naciones.

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