61 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (LIII) – Babilonia (45)

Aconteció en el mismo año, en el principio del reinado de Sedequías rey de Judá… que Hananías hijo de Azur, profeta que era de Gabaón, me habló en la casa de YHVH delante de los sacerdotes y de todo el pueblo, diciendo…  (Jeremías 28:1)

         El tiempo en que vivió Jeremías fue extremadamente convulso. Tanto, que el profeta dijo que era la generación objeto de la ira de Dios (7:29 y 8:3). Había muchos profetas anunciando paz y prosperidad (8:11). El contraste estaba servido. Como suele ocurrir a menudo la mayoría se inclinó a escuchar el mensaje de aquellos que anunciaban buenas cosas, aunque eran falsas de toda falsedad.

Por su parte, el mensaje de Jeremías era muy impopular. Incluso se le acusó de antipatriota y traidor a la nación por predicar que debían someterse al rey de Babilonia.

Hoy sabemos que el verdadero profeta de Dios era el que anunció juicio, y quienes hablaron positivamente a una generación extremadamente corrompida eran profetas falsos que agravaron aún más la situación ya de por sí trágica. Uno de ellos se llamaba Hananías. Este anunció que el cautiverio que ya se había iniciado en su primera fase —hubo tres periodos distintos en el proceso al cautiverio babilónico— solo duraría dos años, y después el yugo del rey de Babilonia se rompería y los cautivos regresarían a casa (28:2-4). Jeremías dijo amén a ese mensaje, aunque lo hizo irónicamente, porque el Señor le había mostrado que sería un cautiverio largo, de setenta años, y los que ya vivían en Babilonia debían establecer sus vidas edificando casas para sus familias hasta el tiempo de regresar, pero eso no sería pronto, sino después de un largo descanso de la tierra, la que había sido perjudicada por no guardar sus días y años de reposo (Levítico 26:34,35).

Esta tensión entre un tipo de profecía positiva y otra de castigo se ve en buena parte del libro de Jeremías. Comprendo que no era fácil aceptar un mensaje tan desagradable para un pueblo que se había acostumbrado a vivir lejos de la ley de Dios, romper el pacto, mezclar la fe de sus padres con la idolatría cananea, y haber hecho todo tipo de lugares de culto falsos para adaptarse al entorno, conseguir prosperidad, y sin embargo, entendían que llegado el  momento de dificultades podían clamar a su Dios y ser librados.

Este engaño del corazón cegado por la ignorancia es muy común en nuestros días. Y el juicio vino. Hananías murió ese mismo año (28:15-17) y Jeremías cumplió con su llamado.

         Para distinguir a los verdaderos profetas de Dios debemos conocer el tiempo en el que vivimos, tiempo de restauración o juicio.

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