58 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (L) – Babilonia (42)

He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama; no quedará brasa para calentarse, ni lumbre a la cual se sienten. Así te serán aquellos con quienes te fatigaste, los que traficaron contigo desde tu juventud; cada uno irá por su camino, no habrá quien te salve (Isaías 47:14,15)

         La maldad tiene un recorrido con fecha de caducidad. El juicio de Dios alcanza a los malos inexorablemente. El malo se jacta de no ver su día, pero no sabe que hay uno en el cielo que vela sobre todos ellos y nadie escapa a  su ojo.

Está anunciado el día cuando todas las ramificaciones de la ciudad babilónica serán juzgadas y reducidas a humo.

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. Si hay una expresión de soberbia que atrae el juicio de Dios es la que brota de la ciudad de destrucción. Por lo cual en un solo día vendrán sus plagas; muerte, llanto y hambre, y será quemada a fuego; porque poderoso es Dios el Señor, que la juzga. Y los reyes de la tierra que han fornicado con ella, y con ella han vivido en deleites, llorarán y harán lamentación sobre ella, cuando vean el humo de su incendio (Apc.18:8,9). Una vez que el fuego destruye la ciudad fornicaria es reducida a humo por el incendio provocado en ella. El apóstol Pedro nos dice en su segunda carta que los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos (2 Pedro 3:7). Jesús dice hasta cuatro veces seguidas que el fuego de este juicio nunca se apaga (Marcos 9:43-48).

En el Salmo 1 encontramos el mismo juicio sobre los malos. En contraste con los justos, dice: No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento. Por tanto, no se levantarán los malos en el juicio, ni los pecadores en la congregación de los justos.

El juicio sobre Babilonia es el mismo que sobre todos aquellos que viven en la ciudad destinada a destrucción. Nuestro texto dice: He aquí que serán como tamo; fuego los quemará, no salvarán sus vidas del poder de la llama. Muy evidente en la Escritura y evitado en muchos mensajes tan positivistas como falsos.

Finalmente, Babilonia y sus habitantes, aquellos que se fatigaron traficando con ella desde su juventud, cuya naturaleza se inició en la llanura de Sinar bajo el liderazgo de Nimrod y que se extendió a todas las naciones, será juzgada y condenada. Su maldad no quedará impune ante la justicia de Dios.

         El profeta Isaías anuncia el juicio sobre Babilonia antes que esta viniera a ser un imperio alrededor de doscientos años después de su profecía.  

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