49 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenadoLos hijos de condenación (XLI) – Babilonia (33)

Y oí como la voz de una gran multitud, como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina! Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado   (Apocalipsis 19:6,7)

         Una vez que Babilonia ha sido convertida en humo y el juicio de Dios ha sido ejecutado en plenitud, aparece otra ciudad llamada la esposa del Cordero. Es la Jerusalén celestial.

Babilonia termina su recorrido de fornicación, idolatría, avaricia, ocultismo, sexo, drogas y música en humo, y una nueva ciudad, vestida de la gloria de Dios, con vestido de lino fino, blanco y resplandeciente que son las acciones justas de los santos (Apc.19:8), reaparece en toda su hermosura para ser presentada como una virgen pura a Cristo.

Es la esposa que viene del desierto. Ha superado con fidelidad la prueba de su amor por su esposo y ahora ha llegado el tiempo de la boda. Este suceso es saludado en el cielo por una gran multitud mediante una voz, como el estruendo de muchas aguas, que dice: ¡Aleluya! Otra vez ¡Aleluya! Y es que no parece haber una expresión concentrada que recoja mejor el sentir de los acontecimientos que se están desarrollando en el cielo y en la tierra.

Ha llegado el reino esperado del Señor nuestro Dios Todopoderoso. El cielo se ha vestido de gala, es un día memorable, conocido del Padre, para que el Hijo, que fue inmolado, sea desposado con la esposa que compró mediante el derramamiento de su sangre en la cruz del calvario. Después de los padecimientos ha llegado el día de las glorias. La sorpresa es que el autor de la revelación del libro de Apocalipsis nos dice que la esposa del Cordero es una ciudad. Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios (Apc.21:9,10).

Una ciudad construida de piedras vivas, diría el apóstol Pedro. Una ciudad santa que reaparece habiendo sido perseguida y asediada durante mucho tiempo por la ciudad babilónica con su influencia ocultista, hechicera, idólatra, sensual, avara, inmunda y sus homicidios, pero que se ha mantenido fiel a su amado durante la travesía del desierto. Ahora recoge el fruto en el reino eterno de su Señor con un grito que sale de sus entrañas: ¡Aleluya!

         Cuando la ciudad de Babilonia ha sido convertida en humo aparece en todo su esplendor la esposa del Cordero, la Jerusalén celestial.

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