45 – EL HOMBRE CONDENADO

El hombre condenado¿QUE ES EL HOMBRE?

El hombre condenado – 45

Los hijos de condenación (XXXVII) – Babilonia (29)

Y voz de arpistas, de músicos, de flautistas y de trompeteros no se oirá más en ti; y ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti, ni ruido de molino se oirá más en ti. Luz de lámpara no alumbrará más en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías fueron engañadas todas las naciones  (Apocalipsis 18:22, 23)

         El tema de la música cristiana siempre levanta controversia y distintos puntos de vista. Hay mucho que decir, volveremos sobre él cuando meditemos la profecía de Ezequiel sobre Babilonia.

Debemos ser muy cuidadosos en como adoramos a Dios. Es fácil caer en el espíritu mundano babilónico, la música atrapa el alma y sus emociones llevándonos en algunos casos a percepciones emocionales que podemos confundir con la vida en el Espíritu. En la adoración a Dios la música y los adoradores que guían al pueblo deben vivir en santidad. Debemos hacerlo en Espíritu y en verdad. Nuestro modelo está en la Escritura, especialmente en el libro de los Salmos.

Recordemos que hay una triada babilónica que actúa generalmente en sintonía, me refiero a la combinación de música, sexo y drogas. El resultante de semejante mezcla es tan poderoso que generaciones enteras han quedado atrapadas en su esclavitud para siempre. Hay cantantes y grupos musicales que representan esta forma de vida y que levantan una idolatría que sustituye a la religión establecida, especialmente cuando somos jóvenes. Pero no todo es música, sexo y drogas. Babilonia se apaga y con ella los que han hecho un ídolo de su trabajo, (ningún artífice de oficio alguno se hallará más en ti).

La idolatría es consustancial al alma humana. Podemos hacer ídolos de todo aquello que comenzamos ejerciendo como una necesidad básica de la vida, acabando a veces atrapados en una adicción que conduce finalmente a la idolatría. También se apagan los grandes mercaderes de la tierra, que hechizados por el brillo de las riquezas y la avaricia han vivido engañados en una espiral de codicia irrefrenable. Se les llama los grandes de la tierra, son quienes dirigen el sistema financiero mundial, que vendiendo hasta sus almas viven para dominar las naciones con su manipulación económica, acumulando riqueza y poder para su propia perdición.

Aclaremos. Ni la música, el trabajo, la economía de empresa, o los puestos de autoridad son necesariamente malos en sí mismos, pero si nos dominan con sus hechizos babilónicos necesitaremos liberación.

         El engaño babilónico mediante la música, el trabajo, la economía y su hechicería nos arrastrará con ella si no salimos de esta ciudad de perdición.

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