17 – LA REDENCIÓN – Entrada por la fe a la gracia (I)

La locura de la cruzEntrada por la fe a la gracia (I)

… Hemos obtenido entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios   (Romanos 5:2 LBLA)

Mediante Jesús hemos obtenido entrada por la fe a la gracia de Dios. Jesús es nuestro Mediador. No hay otro nombre dado a los hombres por medio del cual podamos hallar gracia, alcanzar misericordia y ser recibidos por un Dios santo. Aceptados según las riquezas de su gracia. Todo el honor de nuestra salvación está en el Hijo, no en nosotros. La fe en el Hijo nos da entrada a la gracia que viene por medio de Jesús (Jn.1:17). Esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Qué fe? La fe del que cree que Jesús es el Hijo de Dios (1 Jn.5:4,5). Hay un solo Dios, y un solo Mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo Hombre (1 Tim.2:5).

La centralidad del Hijo es esencial para la entrada a la esfera de la gracia de Dios. Sin Jesús no hay gracia, hay ley, y la ley dice: maldito todo aquel que no permanece en todas las obras de la ley, para hacerlas (Gá. 3:10). Por eso Pablo dijo: Predicamos a Cristo crucificado (1 Co.1:23); para presentar perfecto a todos los hombres en Cristo (Col.1:28). La ley es buena (Rom.7:16), espiritual (Rom.7:14), no ha sido abrogada (Mt.5:17), pero no hemos podido cumplirla, por ello ha sido nuestro ayo para llevarnos a Cristo. Ahora no estamos sin ley, sino bajo la ley de Cristo (1 Co.9:21), que supera la ley de Moisés.

Y esta ley se resume así: amar a Dios, y amar al prójimo como a sí mismo. Sí, hubo gracia antes de la ley de Moisés: Noé halló gracia (Gn.6:8); y hay gracia en el tiempo de la ley: David halló gracia (Rom. 4:6-8). Los profetas inquirieron e indagaron de la gracia que vendría a vosotros (1 Pedro 1:10,11), una gracia destinada para ser revelada en plenitud en el tiempo de la aparición del Mesías (Gá. 4:1-7).

Por la fe entramos en comunión con el Padre, que extiende su «báculo» de gracia para que podamos acercarnos en plena certidumbre de fe (Heb.10:22); con temor y temblor, porque nos movemos en la esfera de la gracia, no la de los méritos propios, gracia extensiva mediante la obra redentora de Jesús, para que vivamos en santidad y honor, honrando al Hijo y al Padre, llenos del Espíritu de gracia (Zac. 12:10) para poder movernos en la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Libertad para amar, perdonar y aceptar, como hemos sido amados, perdonados y aceptados: POR GRACIA. Nos gloriamos en Jesús. La gracia no puede gloriarse en sí misma, sino en aquel que ha hecho posible nuestra entrada a la «habitación» de gracia y misericordia. Bajo la sombra de sus alas hemos venido a refugiarnos (Sal.91:1-4), como Ruth, (Ruth 2:12).

         La puerta de entrada a la gracia de Dios es la fe en Jesús.

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