EL MILAGRO (2) – Regreso al equilibrio

El milagro de una vida equilibrada - 2El milagro de una vida equilibrada

Capítulo 2 (Lucas 3)

Regreso al equilibro: el arrepentimiento

La primera noticia del evangelio, el primer mensaje que contiene, es el arrepentimiento para regresar al equilibrio. Hemos nacido desequilibrados por el pecado y necesitamos arrepentirnos para volver a la estabilidad en todo nuestro ser: espíritu, alma y cuerpo. Antes de la manifestación del Mesías, Juan el Bautista vino predicando el bautismo de arrepentimiento (Lc.3:2-6). Es un mensaje dirigido al corazón para que más tarde afecte al alma y el cuerpo, con las obras dignas de arrepentimiento…”Para hacer volver (arrepentimiento) los corazones…” (Lc.1:17). “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Lc.3:8). El arrepentimiento nos hace volver, en primer lugar, de la rebeldía a la prudencia (equilibrio) de un corazón justo. El primer acto pecaminoso que se cometió fue de rebelión. Lucifer se rebeló contra Dios (Ez.28:11-19). El primer pecado realizado por el hombre fue rebelarse contra la palabra de Dios (Gn.2:16-17 y 3:6). Por lo tanto, el arrepentimiento va dirigido hacia el corazón rebelde del que todos nosotros hemos participado. Necesitamos arrepentimos del pecado de rebelión contra Dios y su palabra. Este es un mensaje muy impopular para la sociedad humanista y permisiva actual.

Juan el Bautista fue encarcelado y decapitado por predicar este mensaje. Jesús el Mesías lo recuperó e inició su ministerio con las mismas palabras. “Después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el evangelio del reino de Dios, diciendo: El tiempo se ha cumplido y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio (Mr. 1:14-15). Al terminar su ministerio en la tierra, Jesús traspasó el mensaje a sus discípulos. “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras; y les dijo: Así está escrito, y así fue necesario que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día: y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén” (Lc.24:45-47). Los discípulos fueron obedientes y el primer mensaje que predicaron, para que su generación entrara en el equilibrio divino, fue el arrepentimiento. “Pedro Les dijo: arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de pecados: y recibiréis el don del Espirito Santo (Hch.2:38). “Así que, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados;  para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio” (Hch.3:19).

Debemos definir el  arrepentimiento como un regreso, volver a empezar. Es una decisión que produce un cambio de mente, que a su vez conlleva un cambio de propósito y acción. El arrepentimiento bíblico es para regresar a Dios, regresar a sus caminos y propósitos. Es la senda para el perdón de los pecados, unido a la fe en Jesús (Hch.20:21).

Resultados del arrepentimiento

El arrepentimiento verdadero comienza rápidamente a producir frutos y resultados del cambio efectuado. Si el fruto no se produce el arrepentimiento queda neutralizado. Se frena en diferentes atajos o falsificaciones que pretenden los mismos resultados pero sin recorrer el camino verdadero. Algunos de estos atajos son el remordimiento, el reconocimiento o los deseos de cambio. Estos sólo se duelen por lo hecho,  -la acción reprobable-, pero no han decidido un cambio radical. No sirve. El arrepentimiento tiene consecuencias y restituye el daño causado. “Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: he aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa” (Lc.19:8-9). Veamos los resultados de un arrepentimiento genuino.

  1. Prepara el camino al Señor (Lc.3:2-6).

El hombre entra así en un camino de equilibrio que hace posible que la gloria de Dios descienda. Los valles (menosprecio, complejos, humillaciones) se rellenarán. Los montes y collados (orgullo, idolatría, autosuficiencia, soberbia) se bajarán. Los caminos torcidos (pecado, vicios, obras de la carne, mundanalidad) son enderezados. Los caminos ásperos (dureza de corazón, crueldad, violencia, mal carácter) son allanados. Lo que queda de esta transformación es el camino de santidad por donde Dios se pasea.

  1. El orden de Dios en la vida familiar (Lc.1:17) (Mal.4:5-6).

El arrepentimiento trae el equilibrio a la vida familiar. Pone en armonía al padre con el hijo, y al hijo con el padre. Cuando no está presente en alguno de sus miembros es cuando se produce la disensión (Mt.10:34-36) (Lc. 12:51-53). “…Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu  casa (Hch.16:31). Cuando Dios ha alcanzado el corazón del hombre quiere llegar al corazón de la sociedad: la familia. “Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra” (Hch.3:25-26).

  1. Extirpa la rebeldía y libera la obediencia.

El arrepentimiento ataca como antídoto la sustancia mas venenosa del maligno: la rebelión; y deja en su lugar un remanso de obediencia que sana y equilibra nuestras vidas. La rebelión es la madre de todos los desequilibrios. El corazón justo y obediente a Dios y su palabra es árbol de vida. El fruto del justo es árbol de vida” (Pr.11:30).

  1. Orden y justicia social (Lc.3:10-14).

El arrepentimiento verdadero pregunta ¿qué haremos? Puesto que es un cambio de mente, propósito y acción. El arrepentido quiere saber cuál debe ser su nueva manera de pensar y vivir para llevarlo a cabo (Ef.4 y 5) (Col.3 y 4). La Biblia tiene respuestas para cada área de la nueva vida. La sociedad recibirá los beneficios de los que viven por los principios del Reino de Dios. “Y la gente le preguntaba, diciendo: Entonces, ¿qué haremos? Y respondiendo, les dijo: El que tiene dos túnicas, dé al que no tiene; y el que tiene qué comer, haga lo mismo. Vinieron también unos publicanos para ser bautizados, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos? El les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado. También le preguntaron unos soldados, diciendo: Y nosotros ¿qué haremos? Y les dijo: No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario (Lc.3:10-14).

  1. Produce más arrepentimiento.

Cuando entramos en la dinámica de esta verdad vivimos entrenados para rectificar y volver de posibles errores. Los desequilibrios, desórdenes y pecados nos asaltan a menudo, pero un corazón contrito y humilde nos guiará al arrepentimiento cuando fuere necesario (Sal.51:10-12,17) (Is.57:15). Si pensamos que por ser “creyentes” ya nos hemos arrepentido una vez, y no tenemos por qué volver a esa senda, estamos entrando en la dureza de corazón que nos arrastrará a la destrucción (Mr.3:5 y 16:14) (Ro.2:5) (Ef. 4:17-19). Cada vez que un líder o pastor no se arrepiente de los pecados cometidos de sectarismo o religiosidad, está acelerando un proceso de desequilibrio, extremismo y excentricidades  en la iglesia. El alejamiento de Cristo, como Eje central, se hace notorio y termina vapuleado y zarandeado por los espíritus de engaño y las doctrinas de demonios. Así comenzaron muchas sectas. Por lo tanto, un corazón dado al arrepentimiento, cuando fuere necesario, es una garantía para regresar del error y recibir sanidad y avivamiento (Is.57: 15) (Lc.4: 18) (2 Tim. 2: 24-26). Hay otros muchos resultados de un corazón arrepentido pero éstos nos sirven como ejemplos. Dios “quiere” y “manda” que todos procedamos al arrepentimiento, para que nadie perezca ni quede bajo la ira (2P.3.9) (Hch. 17:30-31).

“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras: vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que obedecen a la injusticia; tribulación y angustia sobre todo ser humano que hace lo malo, el judío primeramente y también el griego, pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno, al judío primeramente y también al griego; porque no hay acepción de personas para con Dios”  (Romanos 2:4-11).

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