40 – EL HOMBRE CONDENADO – Los hijos de condenación (XXXII) – Babilonia (24)

 

… Y diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad, que estaba vestida de lino fino, de púrpura y de escarlata, y estaba adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas!  (Apocalipsis 18:16)

Babilonia es una gran falsificadora. Pretende ser y dar lo que es y tiene la ciudad de Dios, Jerusalén. Observa esto. Estaba vestida de lino fino. El lino fino, dice Juan, son las acciones justas de los santos (Apc.19:8). Por tanto, Babilonia quiere hacer pasar sus obras por justas, sus mercaderías, hechicerías, idolatría y fornicación como un gran negocio que da puestos de trabajo, por ello, justifica sus abominaciones tratando de imitar lo mejor de la vida del hombre.

Hoy cualquier actividad que da dinero, obtiene beneficios económicos y permite puestos de trabajo es buena, aunque su actividad sea perversa. Pienso en las empresas que se lucran con el aborto; las que esclavizan a miles de personas en África consiguiendo material para fabricar ordenadores; las transacciones en las que se manipulan los precios para permitir que el sistema financiero produzca grandes beneficios imaginarios; los excesos de la banca, etcétera.

Luego pretenden esconder sus verdaderos motivos con ciertas obras sociales de ayuda al necesitado para mostrar un vestido limpio, como el lino fino. Babilonia hace depender a las naciones y sus gentes de la mercadería de todo tipo manteniéndolas atrapadas en un falso bienestar. Nuestra sociedad del bienestar está edificada sobre una gran mentira, la de querer suplantar a Dios con beneficios materiales. El vestido de Babilonia es de lino fino, de púrpura y escarlata, adornado de oro y piedras preciosas. Coincide con el vestido del rico que fue atormentado en la llama, mientras Lázaro era consolado en el seno de Abraham. Había un rico, que se vestía de púrpura y de lino fino (Lc.16:19).

El problema no estaba en su riqueza, sino en su unión con Babilonia. Participaba del espíritu babilónico de esplendidez y codicias interminables, mientras que a su lado un ser humano perece por falta del alimento mínimo para sobrevivir. El juicio sobre este hombre y su posterior tormento no fue por ser rico, si no por vivir en Babilonia, alimentado por su codicia y embrutecido por la indiferencia del dolor ajeno. Jesús enseñó a hacer amigos usando bien las riquezas injustas, para que cuando estas falten nos reciban en las moradas eternas (Lc.16:9). También dijo que no nos hagamos tesoros en la tierra, sino en el cielo, donde el ladrón que dirige la ciudad babilónica no puede llegar.

El falso vestido babilónico dejará desnudos a quienes se visten de su esplendidez temporal, pero el vestido de justicia en Cristo nos librará de ella.

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