EL EVANGELIO – 7

El evangelio (2)El evangelio de Dios es un misterio eterno revelado

Después de todo lo dicho me gustaría acabar este capítulo haciendo un recorrido lo más condensando posible de cuál es el evangelio de Dios que debemos predicar; el evangelio que aparece en las Escrituras y que ha sido revelado por los apóstoles y profetas. En primer lugar debemos saber que el evangelio es un misterio revelado, ese misterio se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ahora ha sido manifestado por las Escrituras de los profetas. En esas Escrituras se recogen los sufrimientos del Mesías y las glorias que vendrían después para beneficio de todos los llamados del Señor. Los profetas hablaron de una gracia destinada, dirigida por Dios para que fuera alcanzada por todos aquellos que oyen el mensaje y lo reciben; anunciada por los apóstoles que predicaron el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo.

Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén (Ro.16:25-27).

Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos. A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles (1 Pedro, 1:10-12).

Resumiendo estos dos pasajes vemos lo siguiente: que el evangelio es un mensaje eterno; que había estado preparado desde antes de la fundación del mundo, por tanto es un propósito diseñado por Dios, un plan de redención. Ese plan se fue revelando paulatinamente a través de los profetas y tuvo su culminación en la Persona de Jesucristo. Que ha sido revelado, manifestado, a través de la predicación de los apóstoles por el Espíritu Santo y que ha sido recogido en sus escritos para todas las generaciones posteriores. Pablo es consciente de este misterio revelado y de la necesidad de transmitirlo correctamente, sin adulteraciones, cuando pide la oración de los hermanos de Éfeso a favor de su apostolado.

orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos;    y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar (Efesios, 6:18-20).

La revelación del evangelio se transmite a través del Espíritu Santo en aquellos que obedecen a la fe; no se puede comprender por la mente natural, es un mensaje escondido desde la fundación del mundo y transmitido en muchas ocasiones a través de parábolas para poder relacionarlo con realidades cotidianas y poder comprenderlo mejor. Este fue uno de los métodos más usados por el Maestro, que a su vez mantenía lejos de la revelación a aquellos cuyo corazón no era recto.

Todo esto habló Jesús por parábolas a la gente, y sin parábolas no les hablaba; para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo (Mateo, 13:34-35). Compararlo con Salmo, 78:2.

La palabra de la cruz es locura para los que se pierden, pero para los que se salvan es poder de Dios. La mente natural no puede alcanzar el misterio escondido desde tiempos eternos, se ha de discernir por el Espíritu, “Porque ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre, sino el espíritu del hombre que está en él? Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios, sino el Espíritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que proviene de Dios, para que sepamos lo que Dios nos ha concedido, lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las que enseña el Espíritu, acomodando lo espiritual a lo espiritual. Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente” (1 Co. 2:11-14).

Y en su carta a los colosenses una vez más el apóstol Pablo deja constancia de esta verdad: que el mensaje que estaba anunciando le fue dado por Dios para que fuese proclamado y de esa forma el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades fuese revelado. Ese misterio se sintetizaba en poner de manifiesto las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria.

Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la   iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí. (Colosenses, 1:24-29).

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