259 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn las Cartas (X) – 2 Pedro (3)

Éstos ignoran voluntariamente… (2 Pedro 3:5)

         ¡Que desvergüenza! Ignoran deliberadamente. Han decidido hacerlo a la vez que pretenden influir en otros con sus argumentos sabiendo que lo hacen sin fundamento. Es un acto de la voluntad. Para ellos está cerrada la revelación de Dios. Un corazón malo de incredulidad que los aparta del Dios vivo (Heb.3:12).

Nuestra sociedad vive ampliamente en esta voluntariedad. Prefieren creer la mentira. Ignorar la verdad. Levantan razonamientos altivos contra el conocimiento de Dios queriendo ocupar su lugar. Y al hacerlo buscan arrastrar tras de ellos a multitudes incautas, llevadas por la corriente de este mundo, impulsados por el error. Maestros de iniquidad. Burladores de la esperanza y fabricadores de una falsa piedad. En palabras del apóstol Pedro ignoran voluntariamente que los cielos y la tierra fueron hechos por la palabra de Dios, inventando teorías de evolución imposible de probar. Ignoran que los cielos y la tierra que existen ahora están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego (tal vez una guerra nuclear), en el día del juicio y perdición de los hombres impíos (3:7).

Y ahora se dirige a los hijos del reino para que no ignoren algunas cosas, sino que tengan memoria. Que para el Señor un día es como mil años, y mil años como un día (referencia clara al milenio). El Señor no retarda la promesa, sino que es paciente, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento (3:8-9). Una vez más el mensaje del arrepentimiento para escapar del juicio venidero.

Luego especifica que el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; los cielos pasarán, los elementos serán deshechos, y la tierra con sus obras serán quemadas (3:10). La respuesta a este mensaje debe ser andar en santa y piadosa manera de vivir; a la vez que mantener la expectativa de la venida del día de Dios, donde todo se fundirá y habrá una regeneración mundial con nuevos cielos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia (3:12,13). Un nuevo nacimiento cósmico, la redención final, donde la misma tierra será libertada de la esclavitud del pecado, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

Esa es la esperanza a la que apela el apóstol sobre los que tienen un limpio entendimiento. Será después del reino en Jerusalén, como anunció el profeta Isaías (65:17 y 66:22). Finalmente se establece la justicia del reino de Dios sobre toda la creación. No debemos ignorar esta verdad que conduce a vivir sin mancha e irreprensibles, en paz (3:14).

         Un limpio entendimiento no ignorará la verdad del reino venidero, sino que tendrá memoria de las cosas anunciadas por el Señor y sus profetas. 

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