224 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (CXI) – Malaquías (3)

Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará… Más a vosotros los que teméis mi nombre, nacerá el Sol de justicia, y en sus alas traerá salvación; y saldréis, y saltaréis como becerros de la manada. Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe… He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de YHVH, grande y terrible (Malaquías 4:1-5)

         La vida del hombre está llena de contrastes. En ocasiones de injusticias. Y siempre de sorpresas inesperadas, buenas y malas. El mensaje de los profetas concuerda en esto plenamente con el de Jesús. Los primeros no se cansan de anunciar la diferencia entre el justo y el impío. Malaquías lo expresa con rotundidad en su breve libro. Por su parte la enseñanza del Maestro puso de relieve el contraste de acontecimientos en el colofón de la historia.  Por un lado angustia de las gentes, confundidas y desfalleciendo por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra. Por el otro, será un día para que los redimidos levanten su cabeza erguidos, porque la redención final está cerca (Lc.21:25-28).

El último capítulo del último libro del Antiguo Testamento anuncia un día de contrastes también. Un día ardiente en el que los soberbios y todos los que hacen maldad serán abrasados como estopa; mientras que a quienes temen el nombre de YHVH les nacerá el Sol de justicia con el poder de la salvación de Dios, produciendo gozo y saltos de alegría porque el día del Señor llegó.

Un día que será anunciado por el mensajero del Señor, la voz profética de Elías en su ministerio restaurador de la verdadera adoración al único Dios, derribando los falsos cultos a Baal. Entre ellos el desorden de la vida familiar, porque el corazón de los padres será vuelto hacia los hijos; y el de los hijos hacia los padres. Lo adelantó el profeta Isaías (Is.40:3). Lo vimos en la primera venida del Mesías en la voz de Juan el Bautista (Mt. 11:10-14). Lo veremos también en su Parusía final.

La voz profética anuncia la llegada del Rey de las naciones. Hay que discernirla en medio de muchos engaños, falsos profetas y cristos. Para ello es necesario andar en el Espíritu profético, como lo hicieron Ana y Simeón en su primera manifestación (Lc.2:25-38). Hay que discernir los tiempos. Muchos mensajeros falsos han arrastrado naciones tras ellos (pienso en el islam y su falso continuador de los profetas de Israel). La señal viene de Israel, ―no de Ismael, ni los árabes― el pueblo de los pactos y la promesa mesiánica. Amén.

         Malaquías cierra la profecía hasta la llegada del Mesías Rey de Israel.

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