207 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (XCIV) – Hageo (1)

En el año segundo del rey Darío, en el mes sexto, en el primer día del mes, vino palabra de YHVH por medio del profeta Hageo a Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y a Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, diciendo (Hageo 1:1)

         El autor del Cantar de los Cantares menciona un tiempo cuando se oye la voz de la tórtola, preludio de que el invierno ha pasado, la lluvia se fue, se han mostrado las flores en la tierra, el tiempo de la canción ha venido, y en nuestro país se ha oído la voz de la tórtola (Cant.2:11,12). También dice en otro lugar que todo tiene su tiempo y su hora debajo del sol.

Judá había sido llevado al cautiverio, habían pasado setenta años lejos de la tierra de la heredad, pero ahora la voz profética de la restauración sonaba con fuerza y los judíos se habían puesto en marcha para regresar del cautiverio. Sin embargo, la Escritura no deja lugar a dudas de que aunque estemos en el tiempo de Dios, no siempre el pueblo está a la altura de esos tiempos; la indiferencia y apatía pueden hacer mella en su ánimo, y la reconstrucción puede demorarse. Eso fue exactamente lo que estaba aconteciendo en los días de la voz del profeta Hageo.

El Dios de Israel no es Dios que se ve, sino voz que se oye. Una vez oída, la fe se pone en marcha y su propósito se activa; salvo que nos encontremos con un pueblo perezoso y desobediente que endurece su corazón al sonido de su voz.

Hageo significa «festivo», tal vez porque naciera en uno de los días festivos del calendario judío. El tiempo del cautiverio había concluido. El juicio había pasado. La restauración se estaba abriendo paso en medio de gran oposición.

Hageo es el primer profeta de los tiempos de la restauración. La cronología de los hechos fue así: en el año 536 a.C. tuvo lugar el primer regreso de unos 50.000 judíos al mando de Zorobabel. Lo primero que hicieron fue levantar el altar del Señor y ofrecer sacrificios. Luego comenzó la obra de reconstrucción del templo que fue paralizada por los enemigos de Israel. Estamos en el año 535 a.C. y hasta el año 520 a.C. la construcción del templo estuvo detenida.

Fue en ese momento cuando el Señor envió su palabra al pueblo a través de Hageo con el mensaje de salir de la indiferencia, y sus ocupaciones personales, para retomar el propósito más elevado y de mayor alcance que el de sus propias vidas: edificar el templo, eje central de la comunidad judía, y centro vital de su restauración espiritual y física. Los enemigos externos y la indiferencia interna habían paralizado la obra que la voz profética pone nuevamente en marcha hasta su edificación completa.

         Los adversarios y la indiferencia paralizaron la obra divina; la voz profética la reactivó hasta su culminación.

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