201 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (LXXXVIII) – Daniel (2)

Pero hay un Dios en los cielos, el cual revela los misterios, y él ha hecho saber al rey Nabucodonosor lo que ha de acontecer en los postreros días… Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó… y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra… y en los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido… pero él permanecerá para siempre (Daniel 2:28,34,35,44)

         El libro de Daniel es trepidante. Los hechos se suceden sin tiempo para recobrarse de la impresión que suscitan. En el capítulo dos nos encontramos con el sueño que el rey babilónico ha tenido sin que nadie pueda interpretarlo. Solo Daniel, y la reunión de oración con sus amigos, permitió que la revelación se produjera y el enigma pudiera ser descifrado.

Una gran estatua, levantada en tierra de Sinar (paradójicamente la antigua llanura donde Nimrod y aquella gran congregación de unánimes soñadores edificaron una ciudad cuya confusión se extendió por toda la tierra Gn.10:10 y 11:2), que mostraba los imperios levantados hasta el advenimiento de un reino que no tendrá fin. Esos imperios son: Babilonia, la cabeza; el Medo-persa, pecho y brazos; Grecia, vientre y muslos; y por último Roma, piernas y pies de hierro y barro.

Una vez identificada la estatua levantada, cuya imagen era muy grande, aparece una piedra, cortada sin mano de hombre, que hiere a la imagen en sus pies de hierro y barro cocido, desmenuzándola (2:34). Cuando la piedra golpeó los pies de la estatua cayeron también todos los demás reinos, que vinieron a ser como tamo que se lleva el viento sin que de ellos quedara rastro alguno (2:35).

Luego, increíblemente, de la misma piedra que golpeó con fuerza todos los imperios, se levantó un gran monte para llenar toda la tierra. La estupefacción de Nabucodonosor tuvo que ser insoportable queriendo saber la naturaleza de ese reino tan poderoso que se levantará en toda la tierra; de ahí la urgencia por llamar a magos y astrólogos para interpretar el sueño.

Daniel tuvo la respuesta: Hay un Dios en los cielos que revela los misterios; y ha revelado a un rey pagano lo que ha de acontecer en los postreros días (28). En los días de estos reyes el Dios del cielo levantará un reino que no será jamás destruido… desmenuzará a todos los reinos, pero él permanecerá para siempre (44). Jesús es la piedra (Mt.21:42); y su reino no tendrá fin (Lc.1:33).

         El reino mesiánico será como un monte que llenará toda la tierra y nunca será destruido.

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