186 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (LXXIII) – Jeremías (11)

He aquí vienen días, dice YHVH, en que yo confirmaré la buena palabra que he hablado a la casa de Israel y a la casa de Judá. En aquellos días y en aquel tiempo haré brotar a David un Renuevo de justicia, y hará juicio y justicia en la tierra. En aquellos días Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura, y se le llamará: YHVH, justicia nuestra. Porque así ha dicho YHVH: No faltará a David varón que se siente sobre el trono de la casa de Israel (Jeremías 33:14-17)

         El reino de Judá está a punto de caer en manos del rey caldeo, pero el pacto que Dios hizo con David sigue firme y está plenamente vigente. Su palabra nunca pasará.

El tiempo vigente es movible en las circunstancias del presente siglo, pero es inconmovible en el reino de Dios (Heb.12:28). El Señor lo confirma mediante el profeta Jeremías que vive encarcelado, y aparentemente derrotado, en su ministerio al pueblo de Dios. Pero su palabra no está presa.

Habrá un rebrotar de la casa de David, el Renuevo anunciado en múltiples ocasiones. Traerá juicio y justicia a las naciones. El trono de David será establecido en la ciudad de David, en Sion, la ciudad del gran Rey. El tabernáculo caído de adoración será restablecido. El templo será reedificado, aunque no sepamos bien los detalles que presentará. La palabra es clara: voz de los que traigan ofrendas de acción de gracias a la casa de YHVH (33:11). Por ahora lo dejamos ahí.

En los días que anuncia el profeta Judá será salvo, y Jerusalén habitará segura; se le llamará YHVH, Justicia nuestra. Este es el mensaje central del evangelio. La justicia de Dios mediante la fe en Jesús; justificados por su gracia.

No faltará varón a David que se siente sobre el trono, un anuncio inequívoco del Mesías que ha de volver; y no faltará varón a los sacerdotes y levitas que ofrezcan holocaustos y sacrificios todos los días (33:17,18); como recuerdo y memoria del sacrificio expiatorio del Cordero de Dios. En el pasado mirábamos al futuro sacrificio en el Calvario; y en el futuro reino mesiánico ―no es doctrina― miraremos al pasado recordando el verdadero sacrificio que quita el pecado del mundo.

El pacto con David no podrá invalidarse. Como tampoco se puede invalidar el pacto de que Israel es el pueblo de Dios para siempre. Algunos pensarán, dice Jeremías, que el cautiverio de Israel en Asiria, y de Judá en Babilonia (dos familias que YHVH escogiera) significa que Israel deja de ser nación y lo tendrán en poco (24). Pero permanecerá el pacto, como lo hace el día y la noche; las leyes del cielo y la tierra (25). Israel no ha sido desechado.

         La palabra que ha salido de la  boca de Dios, sobre el pacto con David y su Renuevo, y la nación de Israel, tiene cumplimiento y no será revocada.

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