93 – El don de dirigir o presidir

La vida en el EspírituPero teniendo dones que difieren, según la gracia que nos ha sido dada, usémoslos… el que dirige, con diligencia… (Romanos 12:8).

         En la versión Reina Valera dice: «El que preside, con solicitud». Dirigir o presidir a otros es un don dado por el Espíritu Santo a la congregación de Dios. Adelantémonos a decir que este don no tiene nada que ver con una actitud de control, o de hechizar mediante manipulación para conseguir aunar voluntades. Algunos que tienen este don pudieron comenzar a ejercerlo debidamente, (como tantos otros dones), para desviarse de su cometido original y acabar ejerciendo señorío sobre los redimidos del Señor. Fue la actitud de Diótrefes (3 Jn.9,10), y la doctrina de los nicolaítas, denunciada por el mismo Señor como práctica de algunas iglesias del Apocalipsis (Apc. 2:6 y 2:15).

Pablo enseña que hay que «reconocer a los hermanos que con diligencia trabajan entre vosotros, y os dirigen en el Señor y os instruyen, y que debemos tenerlos en muy alta estima con amor, por causa de su trabajo» (1Tes.5:12,13). Dirigir es un trabajo en beneficio de los hermanos que debe hacerse con diligencia, para instruir a otros y guiarlos por la senda marcada por el Señor y Pastor de las ovejas. Dirigirlos por el camino ya trazado que conduce a la vida eterna.

En el antiguo templo eran los levitas quienes se encargaban de dirigir el canto y la alabanza al pueblo (1 Crónicas. 15:21,22 y 23:3,4). Un buen ejemplo de la función de este don lo encontramos en la vida de Nehemías. Dirigió la obra de la reconstrucción de la muralla de Jerusalén con verdadero tesón, sabiduría, valentía y una vida intensa de oración.

Dirigir a otros y sacar las capacidades de cada uno en beneficio de la unidad y la edificación del cuerpo de Cristo es un milagro de los dones de dirección ejercidos debidamente. Los dones siempre deben ir acompañados por el fruto del Espíritu. Talento y carácter harán eficaz el servicio de una forma sobrenatural.

Dirigir es un don de Dios para servir a los hermanos. Esta es la enseñanza de Jesús: «Pero no es así con vosotros; antes, el mayor entre vosotros hágase como el menor, y el que dirige como el que sirve» (Lc. 22:26). Hoy tenemos muchos «señores» y pocos obreros que sirven en el espíritu del Maestro y Señor. Y a todo ello hay que añadir la sabiduría que es provechosa para dirigir (Ecl. 10:10 RV60).

         Dirigir a otros es un arte dado por el Espíritu Santo a algunos hermanos con el fin de guiar a muchos por la senda de la justicia y la verdad.

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