159 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (XLVI) – Isaías (32)

Y vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, y a las pisadas de tus pies se encorvarán todos los que te escarnecían, y te llamarán Ciudad de YHVH, Sion del Santo de Israel. En vez de estar abandonada y aborrecida, tanto que nadie pasaba por ti, haré que seas una gloria eterna, el gozo de todos los siglos. Y mamarás la leche de las naciones, el pecho de los reyes mamarás; y conocerás que yo YHVH soy el Salvador tuyo y Redentor tuyo, el Fuerte de Jacob (Isaías 60:14-16)

         La profecía de la Escritura no tiene el propósito de engordar el ego, más bien de exponer la debilidad humana, anunciando redención y esperanza. Tampoco es de interpretación privada (2 P.1:20), «llevando el ascua a mi sardina» para que diga lo que yo quiero que diga, interpretando caprichosamente su mensaje y ganar adeptos mediante una tergiversación fraudulenta que solo puede acarrear condenación.

La profecía consuela a los afligidos. Sostiene a los menesterosos. Alumbra los ojos de los desamparados. Anuncia juicio y restauración. Expone los pensamientos y las intenciones del corazón engañoso del hombre. La profecía brota del trono de Dios para anunciar al hombre salvación y vida eterna. Esperanza de gloria. Es una voz que clama en el desierto para identificar al que había de venir. Y es también una lámpara que alumbra en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca, y el lucero de la mañana aparezca en nuestros corazones (2 P.1:19). Y ese día está anunciado ampliamente en el libro de Isaías.

Tenemos en este capítulo ráfagas de luz que llenan de esperanza nuestros corazones. En medio de la oscuridad de los pueblos aparece la luz del evangelio y la gloria del Señor mismo reinando desde Sion.

Las naciones andarán a su luz, y los reyes al resplandor de su nacimiento. Las riquezas de las naciones vienen a Jerusalén, traen oro e incienso (no mirra que habla de sufrimiento, recordándonos al Mesías Siervo sufriente que ya vino); publican alabanzas al Dios de Israel; las costas esperarán en Él; extranjeros edificarán sus muros; sus puertas siempre abiertas para que entren las riquezas de las naciones.

Y vendrán humillados aquellos que afligieron a los hijos del reino (judíos y gentiles); llamarán a Jerusalén Ciudad de YHVH; no será más abandonada y aborrecida, será una gloria eterna, el gozo de toda la tierra; y conocerá que el Señor es su Salvador y Redentor, el Fuerte de Jacob. Un lenguaje inequívoco de los días del reino que está por venir a Jerusalén, con las naciones vigentes, liberadas de antisemitismo. Aleluya.

         La palabra profética es segura y portadora de buenas nuevas para Sion, el gozo de toda la tierra (Sal.48:2), y bendición para todas las naciones.

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