132 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos profetas de Israel (XIX) – Isaías (5)

Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz. Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de YHVH de los ejércitos hará esto (Isaías 9:6,7)

         La primera parte de este texto es muy conocida por usarse ampliamente los días de las fiestas navideñas, cuando recordamos el advenimiento del Mesías, el hijo que nos fue dado, y la virgen concibió y dio a luz un hijo y se le puso por nombre Emanuel (7:14). Pero muy pocas veces se pone énfasis en la segunda parte del texto. Estamos ante uno de esos pasajes en los que nos encontramos con las dos venidas del Mesías. La primera como niño, la segunda como rey. Es el mismo.

Los títulos que acumula no tienen comparación posible: Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz, emperador, cuyo imperio alcanzará un tiempo de paz sin límites. Estamos ante el reino universal de paz. Es el trono prometido a David mediante un pacto eterno. Ya en su primera venida Jesús fue aclamado como el Hijo de David. Bendito el que viene en nombre del Señor. Está anunciado.

Tal como se cumplió la primera venida del Mesías, se cumplirá la segunda en toda su amplitud. Viene como Rey de reyes. Establecerá un imperio tan dilatado y extenso que abarcará a todas las naciones. La paz y la justicia serán su fundamento. Su capital estará en Jerusalén, la ciudad del gran Rey. Israel será el centro mundial durante su reinado. Ningún conquistador o  emperador anterior ha conseguido lo que será un hecho con la llegada del rey de gloria.

Todos los reinos anteriores se doblegarán ante él. Babilonia con todas sus ramificaciones será destruida. La altivez y soberbia, la idolatría con sus falsos cultos se los llevará el viento; y la piedra que fue cortada sin mano humana se convertirá en un monte que llene toda la tierra. El Señor reinará en Sion, su monte santo.

Antes de su venida habrá juicios. El pecado del hombre y de las naciones atraerá la ira de Dios que se manifestará en juicios. Y miraran a la tierra, y he aquí tribulación y tinieblas, oscuridad y angustia; y serán sumidos en las tinieblas (8:22). Pero el pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz; los que moraban en tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos (9:2). Entonces verán al Hijo de Dios que viene con poder y gran gloria.

         Israel es el faro profético. Su historia la de todas las naciones. Su pecado el nuestro y su restauración será bendición para todos los pueblos.

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