106 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (XVI) – Un Rey justo

Él juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio… Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del menesteroso, y aplastará al opresor… Florecerá en sus días justicia, y muchedumbre de paz, hasta que no haya luna. Dominará de mar a mar… (Salmos 72:2-8)

          En lo hondo del corazón del hombre hay un clamor por la justicia. No hay más que ver cierto tipo de películas para encontrarnos con esta realidad. Cuando vemos que triunfa la justicia algo en nuestro ser se alegra, de la misma manera cuando el impío es juzgado y tratado conforme a su impiedad. Hemos sido hechos a imagen y semejanza de Dios. La pérdida del paraíso perdido y la espada del ángel que lo custodiaba para impedir de nuevo el acceso a él con un corazón rebelde y pecaminoso, ha hecho que anhelemos nuestro reencuentro con el reino del que fuimos despojados.

La misma creación y los hijos de Dios gimen y claman por la redención de nuestro cuerpo de muerte para regresar al estado primigenio. Es el mensaje que aparece por toda la Biblia: el reino mesiánico. Este reino se caracteriza por la justicia entre los pueblos. Juzgará la causa de los afligidos de Israel y las naciones; salvará a los hijos de los menesterosos y aplastará al opresor.

La ideología comunista ha pretendido establecer, −más bien imitar o falsificar−, la justicia social en la tierra mediante una revolución proletaria que solo ha traído más injusticia, pobreza, represión y nuevas élites dominantes. No es así el reino venidero. Florecerá en sus días abundancia de paz.

El Mesías-Rey dominará de mar a mar; su reino no tendrá fin. Ante él se postrarán los moradores del desierto (72:9). Tal vez tenemos aquí una apelación al sometimiento de la potestad islámica al señorío de Cristo. Los reyes de las naciones le traerán presentes y ofrecerán dones; todos los reyes se postrarán delante de él (10,11). En sus días la oración del menesteroso será respondida con prontitud (12); recuerda que el diablo estará atado. La causa de los pobres será reivindicada (12,13). Redimirá y libertará sus almas del engaño y la violencia (14). Habrá continua oración por el Rey; todo el día se le bendecirá (15). No habrá escasez de alimentos, las cosechas serán abundantes y se gestionarán los recursos de forma justa y equitativa (16). Las ciudades florecerán y sus habitantes vivirán ampliamente realizados en sus expectativas (16). El nombre de nuestro Rey será perpetuo mientras dure el sol; la bendición de Dios alcanzará a todas las naciones según la promesa dada a Abraham (17). Y toda la tierra será llena de su gloria (19). Es un anticipo del reinado milenial anunciado.

         El corazón del hombre piadoso clama por la justicia del reino de Dios.

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