92 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoEn los Salmos (II) – Introducción (2)

Entonces él les dijo: ¿Cómo dicen que el Cristo es hijo de David? Pues el mismo David dice en el libro de los Salmos: Dijo el Señor a mi Señor: siéntate a  mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. David, pues, le llama Señor; ¿cómo entonces es su hijo? (Lucas 20:41-44)

         El Mesías de Israel, aunque es hijo de David, según la carne, es anterior a él, «porque era primero que yo»; como diría Juan el Bautista (Jn.1:15). En la Escritura encontramos al Hijo de Dios en diferentes lugares, no siempre de forma explícita, en ocasiones en figura, también a través de personas que son tipo de él, en quienes se pueden ver aspectos de su carácter y misión; uno de ellos es el propio David.

Los evangelios están llenos de exclamaciones de diferentes personas en las que Jesús es llamado Hijo de David. Una mujer cananea clamaba, diciéndole: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! (Mt.15:22). Dos ciegos que estaban sentados junto al camino que va de Jericó a Jerusalén, cuando oyeron que Jesús pasaba, clamaron, diciendo: ¿Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros! (Mt.20:30). Cuando el Maestro entró en la ciudad de Jerusalén, toda la ciudad se conmovió, y la gente que iba delante y la que iba detrás aclamaba, diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! (Mt.21:9). Esto indignó a los principales sacerdotes y los escribas, viendo a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: ¡Hosanna al Hijo de David!

Todos ellos eran conscientes de las palabras del profeta Isaías cuando afirmó el pacto contraído con Israel, y las  misericordias firmes a David (Is. 55:3). Por ello clamaban las multitudes: «Jesús, Hijo de David; ten misericordia de mí». Veían en Jesús el cumplimiento de lo anunciado por el profeta. Habían visto las maravillas que había hecho durante varios años en toda la tierra de Israel.

El libro de Salmos recoge gran parte de la similitud que existe entre el personaje histórico de David, el rey de Israel, y la persona de Jesús. En este libro se menciona una buena porción del ministerio profético anunciado que se cumple en el Mesías que había de venir. En Salmos nos encontramos con las dos venidas de Jesús a la tierra; la primera para redimir espiritualmente de los pecados del pueblo; y la segunda para redimir la nación de la opresión de las naciones, estableciendo un reino universal desde Jerusalén. Jesús lo anunció cuando habló sobre Jerusalén en los días en que no conocieron su visitación; y la siguiente cuando le reconocerán, y dirán: Bendito el que viene en el nombre del Señor (Mt.23:39).

         En los días de su carne, el Mesías fue invocado como el Hijo de David, reconociendo en ello las misericordias anunciadas por el profeta Isaías.

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