89 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLa casa de David (XVI) – La añoranza del reino davídico (1)

Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya del tercer día que esto ha acontecido (Lucas 24:21)

         La historia antigua y bíblica de Israel dejó una huella imborrable en su conciencia. La idolatría que los llevó a Asiria y Babilonia fue erradicada en el regreso a Judea en los días de la restauración. Cometieron otros errores, pero el levantamiento de ídolos de las ciudades vecinas fueron combatidos con verdadero tesón, de tal forma que el profeta Oseas anunció un tiempo cuando quitaré de su boca los nombres de los baales, y nunca más se mencionarán sus nombres (Os.2:17) (Sal.16:4).

Por otro lado, la conciencia de pueblo del pacto quedó impregnada de la esperanza del reino mesiánico, el prometido reino del trono de David. La literatura posterior al exilio babilónico tendrá un énfasis marcado sobre la esperanza escatológica, con Israel como centro de todas las naciones.

Esa esperanza fue anunciada en el libro de los Salmos, y también por los profetas, por tanto, no estamos hablando de una tradición religiosa sin fundamento, sino de una esperanza anunciada desde la fundación del mundo.

Como hemos visto en nuestro breve recorrido por la historia de Israel, todo su devenir está marcado por la esperanza mesiánica que desemboca en un tiempo de justicia social, paz y bienestar mundial, con Jerusalén como centro desde donde el Mesías reinará sobre todas las naciones.

Es una esperanza física y terrenal, focalizada en la tierra prometida a Abraham, y sellada en el pacto que Dios hizo a David de que de su descendencia levantaría a uno cuyo reino no tendría fin. Se trata de la redención anunciada para un pueblo acostumbrado, primero a la esclavitud en Egipto, después a tiempos de libertad, para caer de nuevo en opresión por sus pecados, esperando la redención definitiva que salvará a Israel de sus pecados, y recuperará el propósito original de ser un reino de sacerdotes y gente santa.

Esa misma esperanza de redención seguía vigente en los días cuando el Mesías apareció en Galilea, Judea y Samaria. Incluso después de su muerte y resurrección los discípulos que habían estado con él esperaban la redención de Israel. Fue lo que dijeron los dos discípulos que caminaron junto a Jesús en camino a Emaús. Jesús fue anunciado como el hijo de David, el heredero del trono que había sido prometido, por ello, sus discípulos esperaban la redención anunciada por los profetas.

         La añoranza del reino mesiánico que recorre toda la historia de Israel no es un mito, está fundamentada sobre el mensaje de los profetas y salmistas.

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