79 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLa casa de David (VI) – El traslado del arca

Hizo David también casas para sí en la ciudad de David, y arregló un lugar para el arca de Dios, y le levantó una tienda. Entonces dijo David: El arca de Dios no debe ser llevada sino por los levitas; porque a ellos ha elegido YHVH para que lleven el arca de YHVH, y le sirvan perpetuamente… Y les dijo… pasad el arca de YHVH Dios de Israel al lugar que le he preparado (1 Crónicas 15:1,2,12).

         Una vez conquistada la ciudad de Jerusalén el próximo objetivo del nuevo rey de Israel fue trasladar el arca de Dios a la ciudad de Sion. David era un adorador, y como tal, hizo lo necesario para que el arca fuese el centro de su reinado. En un primer intento el traslado acabó de manera trágica con la muerte de Uzías. Pasados algunos meses David volvió a intentar llevar el arca a Jerusalén. En esta ocasión se encargó de que fuera exactamente como estaba establecido en la ley de Moisés. Eran los levitas quienes debían transportarlo a hombros (1 Cr.15:15 y Ex.25:14).

En todo este episodio podemos ver la perseverancia de David en hacer de la adoración a Dios el centro de su reinado. Para ello necesitaba la centralidad del arca, el lugar desde el cual el Señor se había manifestado en tantas ocasiones al pueblo desde los días en el desierto.

David danzó con toda su fuerza delante del Señor. El pueblo le seguía. Los levitas llevaron el arca según lo establecido colocándolo en el lugar que el rey había preparado como testimonio del pacto de Dios con su pueblo.

Todo este proceso mostraba que el rey David estaba dando los pasos necesarios para que su trono fuera establecido sobre cimiento estable y duradero. Se movía por la revelación de Dios en la Torá. Amaba a Dios. Ya era un adorador desde su juventud. Además puso en marcha a los levitas cantores para que alabasen a Dios día y noche. El mismo David era el dulce cantor de Israel (2 Samuel 23:1).

Una unción poderosa acompañaba la alabanza y la adoración en los días de David, aunque el templo no sería construido todavía. Sin embargo, preparó un lugar donde subiera al trono de la gracia olor fragante, fruto de labios que confiesan su nombre.

Aquella generación de valientes guerreros, sin doblez de corazón, iba a ser también la de un pueblo entrenado en la adoración ungida. De este tiempo profético tenemos gran parte del libro de los Salmos; muchas canciones y oraciones que nacieron del Espíritu y que permanecen como palabra de Dios hasta nuestros días. Todo ello nos habla del tiempo cuando es levantado el tabernáculo caído de David que precede a la venida del reino mesiánico (Amós 9:11).

         La adoración ungida en Jerusalén (figura de la iglesia) precede y entroniza al Rey sobre su trono. Él habita en medio de las alabanzas de Israel.

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