Orando por Israel el Salmo 83

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ANTES DE ORAR: Haz una primera lectura para ti mismo; si estás de acuerdo con el contenido oremos juntos y unánimes con voz audible.

Oremos con el salmista el Salmo 83 ante la conferencia de París del día 15 de enero que pretende dividir la tierra de Israel y Jerusalén, contra la voluntad del autor del Pacto.

  1. Orando con el salmista:«Oh Dios, no guardes silencio; no calles, oh Dios, ni te estés quieto. Porque he aquí que rugen tus enemigos, y los que te aborrecen alzan cabeza» (Salmos 83:1,2 RV60).

         Padre amado, venimos ante ti como pueblo tuyo, unidos a Israel a través del Mesías y las promesas que fueron hechas a los padres, para rogarte que no guardes silencio en esta hora de oscuridad universal. Despierta, oh Dios, no te estés quieto; levántate, huyan de delante de ti todos tus enemigos [1].

         Porque se han levantado los impíos de la tierra contra tu pueblo. Las naciones se han vuelto vanas, y la soberbia del hombre le ha engañado para pensar que duermes y no les darás el pago.

         Señor, tus enemigos rugen, vociferan y levantan sus puños contra la justicia y la equidad de tu ley. Levantan su voz contra las promesas que hiciste a Abraham, Isaac y Jacob de darles la tierra de Canaán para poner allí tu nombre. Han pensado que saldrán inmunes de sus atropellos contra la promesa del Dios de Israel.

         Por eso, Señor, Dios de nuestra salvación: ¡Levántate! No guardes más silencio ante los que aborrecen tu causa. Despierta tu Espíritu sobre nosotros y vivifícanos. Tú que nos has hecho ver muchas angustias y males, volverás a darnos vida, y de nuevo nos levantarás de los abismos de la tierra [2].

         Padre de toda consolación, consuela a los afligidos de Sión.

Oh Dios, Señor nuestro, volvemos a ti nuestros ojos con anhelo. ¡Te anhelamos Señor! ¡Te buscamos Señor! ¡Despierta! ¡Despierta! Mira a Sión y escucha las voces que cada día la menosprecian.

         No guardes silencio, Señor. No calles, oh Dios de Abraham. No te estés quieto y haz sonar el shofar en Israel. Que la alabanza llene el templo. Que tu trono sea establecido en medio de ella; mientras extiendes tu mano y tú poder para hacer señales y prodigios en la tierra como en los días de antaño; entre voces de alegría y de alabanza del pueblo en fiesta [3].

         Señor, en ti esperamos en todo tiempo. Por qué han de decir los que te aborrecen: ¿dónde está su Dios? [4]. Guarda a Israel. Envíanos al Rey de todas las naciones [5], y no estés más tiempo callado. Amén.

Notas:

[1] – Salmos 68:1

[2] – Salmos 71:20

[3] – Salmos 42:4

[4] – Salmos 42:3

[5] – Jeremías 10:7, 10 y Apocalipsis 15:4

 

  1. Orando con el salmista por Israel:«Contra tu pueblo han consultado astuta y secretamente, y han entrado en consejo contra tus protegidos. Han dicho: Venid y destruyámoslos para que no sean nación, y no haya más memoria del nombre de Israel» (Salmos 83:3,4 RV60).

             Dios de Israel, bendice a Israel. Se han juntado nuevamente los pueblos pensando cosas vanas [1]. Han consultado con astucia y en secreto planes contra tu pueblo, sin darse cuenta que lo hacen contra ti mismo. Porque sabemos, Señor, que la oposición mundial contra Israel viene de la misma naturaleza del mal contra el Dios Santo.

         Oh, Roca de Jacob, los pueblos han entrado en consejo contra tus protegidos, como lo hizo Balac al contratar los servicios del falso profeta Balaán [2]. Tú, Señor, no permitiste el consejo de Balac y guardaste a Israel, por eso te pedimos hoy que también los guardes del consejo de los impíos.

         Su intención es destructiva; se unen contra tu pueblo para que no sean nación. Vemos hoy, Señor, como el islam lanza sus amenazas de muerte una y otra vez contra la destrucción de Israel, mientras las demás naciones callan o presionan a la niña de tus ojos para que haga concesiones que no se le pide a ningún otro pueblo. ¡Levántate, Señor! ¡No guardes silencio ante sus amenazas! Tus enemigos están movilizados mientras el pueblo redimido, en su gran mayoría, vive hipnotizado por el brillo de Babilonia.

         Acuérdate, Señor, que su intención es borrar la memoria del nombre de Israel. Pretenden dividir Jerusalén, la ciudad que tú escogiste para poner en ella tu nombre para siempre [3]. Aborrecen la tierra que prometiste a Abraham para poner en ella tu santo nombre, el nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla en los cielos y en la tierra.

         Padre celestial, acudimos a ti unidos a Israel en esta hora de oscuridad, de astucia y violencia; de secretismo y confusión que llevan a las naciones a la perdición. Levanta, Señor, al libertador de Sión. Venga tu reino; hágase tu voluntad y dales el pago de sus obras impías.

Oh Dios nuestro, estamos con Israel en esta hora cuando se juntan los pueblos contra ti y contra tu ungido. Han dicho: rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas [4]. Pero el que mora en los cielos se ríe de ellos [5], porque no hay nada que escape a tu mirada y juicio.

         Señor, perdona el pecado de incredulidad, de ignorancia y antisemitismo de mi pueblo, (España); y ayúdanos a levantar nuestro clamor desde los confines de la tierra, (en Sefarad), a favor de Israel y su restauración en su tierra y a su Dios.

Tú eres el Dios de nuestra salvación. Nos has unido a Israel, −el pueblo del pacto−, mediante el Mesías; por ello participamos de las mismas aflicciones, para compartir también la esperanza de Israel [6] y las glorias del mundo venidero [7]. Amén.

Notas:

[1] – Salmos 2:1

[2] – Números 22:1-6

[3] – 1 Reyes 11:36 y 2 Crónicas 12:13

[4] – Salmos 2:2,3

[5] – Salmos 2:4

[6] – Jeremías 14:8,9 y 17:13

Hechos 28:20 y 26:6-8

Colosenses 1:23

[7] – 1 Pedro 1:11

  1. Orando con el salmista por Israel: «Porque se confabulan de corazón a una, contra ti han hecho alianza las tiendas de los edomitas y de los ismaelitas, Moab y los agarenos; Gebal, Amón y Amalec, los filisteos y los habitantes de Tiro. También el asirio se ha juntado con ellos; sirven de brazo a los hijos de Lot» (Salmos 83:5-8 RV60).

         Padre celestial, una vez más las naciones se han levantado contra tu pueblo Israel, a quién diste las promesas de restaurarles en su tierra según la palabra de los profetas. Se levantan todas las naciones árabes y musulmanas que rodean su territorio. Han puesto su corazón en ello, es la causa que los une y a ella dedican todas sus fuerzas.

         Dios de Israel, considera sus amenazas, hechas a tu pueblo aunque van dirigidas a ti, a tus planes, a la palabra que ha salido de tu boca para restaurar Sion; levanta tu gloria en Jerusalén y trae a ella al Deseado de todas las naciones.

         Padre amado, nos unimos en oración por Israel en esta hora de confabulación. La ONU, a través de su organismo de la UNESCO, niega que tu templo halla estado levantado en la explanada donde hoy existe una mezquita. Muchas naciones han votado a favor de esa resolución, entre ellas la mía, España; perdónanos, Señor, y confunde este consejo perverso. Pretenden erradicar los vínculos históricos y proféticos de Israel con la tierra. No lo permitas, oh Dios.

         Sabemos, Padre, que Jerusalén será una piedra pesada para todas las naciones que se levanten contra ella [1]. Que se unirán los pueblos para derribarla pero tú no lo permitirás, hiriendo a todos tus enemigos que se han levantado contra ti.

         Te pedimos, Señor, por los habitantes de Israel, los que han regresado a su tierra según la promesa de restauración hecha a los padres [2]. Que tu luz alumbre los ojos del entendimiento para que vengan a su Dios y su Rey. Ayuda a los que ya han vuelto al Mesías y son un testimonio firme en la tierra. Guarda al ejército de Israel y sus mandos. Llena de sabiduría a sus gobernantes para hacer frente a las amenazas confiados en tu Providencia.

         Despierta también, Señor, a tu iglesia, para que levantemos nuestro clamor al cielo por la restauración de Sión, y en ella, todas las naciones sean bendecidas mediante tu santo Hijo Jesús. Amén.

Notas:

[1] – Zacarías 12:1-3

[2] – Deuteronomio 30:4-6

  1. Orando con el salmista por Israel:«Hazles como a Madián, como a Sísara, como a Jabín en el arroyo de Cisón; que perecieron en Endor, fueron hechos como estiércol para la tierra. Pon a sus capitanes como a Oreb y a Zeeb; como a Zeba y a Zalmuna a todos sus príncipes, que han dicho: Heredemos para nosotros las moradas de Dios» (Salmos 83:9-12 RV60).

         Padre celestial. Dios de Israel. Tú eres un Dios justo, y cuando tu pueblo abandona el pacto los castigas, porque no tendrás por inocente al culpable; pero cuando se arrepienten y te buscan, tu misericordia se levanta nueva cada mañana hasta la tercera y cuarta generación de los que te temen.

Oh Dios nuestro, Israel se apartó de ti en días de los Jueces, y los vendiste en manos de los madianitas. Fueron oprimidos por sus enemigos. Se escondían en cuevas y en cavernas. Sembraban sus tierras pero luego subían los madianitas, amalecitas y los hijos de oriente contra ellos para devastarla. Así empobrecía Israel en gran manera a causa de Madián (la actual Arabia).

         Pero luego, Señor, Israel clamó a ti desde lo hondo de su aflicción y enviaste a Gedeón para libertarlos. Le diste la victoria sobre las multitudes de Madián y los hijos del oriente. Entonces, Señor, tomaron prisioneros a los reyes que les habían oprimido, aquellos que llevaban adornos de lunetas en sus camellos porque adoraban la media luna, una idolatría preislámica, que luego ha extendido el propio islam.

         Hoy también, Señor, se han juntado las naciones que rodean la tierra de Israel para venir a heredar las moradas de Dios; la tierra que le diste a tu amigo Abraham. Los adoradores antiguos de la media luna son los mismos que hoy pretenden destruir la nación de Israel. Por eso, Dios de Jacob, hazles como a Madián, como a Sísara y a Jabín en el torrente de Cisón.

         Señor y Dios, los antiguos enemigos de Israel perecieron y fueron hechos estiércol para la tierra. Hoy se han levantado los mismos pueblos contra tu ungido, el pueblo de las promesas, a quien has dicho, mediante tus profetas, que ha de venir el Mesías y Rey de Israel para establecer tu reino sobre todas las naciones.

Señor, levántate; huyan tus enemigos. Guarda a Israel. Levanta, Señor, generales como Gedeón. Un pueblo dispuesto para la batalla; mientras los redimidos por la sangre del Cordero nos levantamos en oración y clamor para que se haga tu voluntad aquí en la tierra como se hace en el cielo. Y tu nombre, oh Dios, sea levantado en Sión.

         Perdona a mi nación, Señor, la ignorancia que lleva a nuestros gobernantes a ponerse al lado de los enemigos de Israel. Libertanos del miedo que hoy ejerce el islam sobre las naciones y sus gobernantes. Desenmascara, Señor, la mentira que anida en sus entrañas, y danos la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Te lo pedimos en el maravilloso nombre de Jesús, rey de Israel y Cabeza de la iglesia. Amén.

Notas:

Textos paralelos: Jueces 6,7 y 8

  1. Orando con el salmista por Israel:«Dios mío, ponlos como torbellinos, como hojarascas delante del viento, como fuego que quema el monte, como llama que abrasa el bosque. Persíguelos así con tu tempestad, y atérralos con tu torbellino. Llena sus rostros de vergüenza, y busquen tu nombre, oh YHVH» (Salmos 83:13-16 RV60).

             Eterno Dios, has oído la amenaza que hoy proclama la República islámica de Irán para destruir a Israel. También, Señor, conoces la violencia con la que los pueblos islamistas pretenden atemorizar a Sión. Has visto la sangre que se derrama de los mártires que no negando a tu Hijo Unigénito son masacrados sin piedad en Oriente Medio, en Sudán, en Nigeria, en Paquistán y muchos otros pueblos que aborrecen a tus hijos.

         Poderoso Señor y Dios de Israel, levántate contra la iniquidad de estas naciones, y de todas aquellas que con su silencio permiten avanzar la maldad en la tierra. Ponlos como torbellinos. Haz de ellos hojarasca delante del viento, porque los malos son como el tamo que arrebata el viento [1]. Ponlos como fuego que quema el monte y llama que abrasa el bosque.

         Tú, Señor, aborreces la iniquidad. Eres santo, y no tendrás por inocente al malvado. Tu justicia permanece para siempre. Tu trono es eterno. Por eso, Dios nuestro, el Santo de Israel, persíguelos como una tempestad y atérralos como un torbellino. Llena sus rostros de vergüenza para que busquen tu nombre. Porque tú no quieres la muerte del impío, sino que se arrepienta y viva.

         Padre celestial, estamos amenazados de muerte por el islamismo. Se ha levantado la bestia para oponerse a tu pueblo y los planes que has anunciado por medio de los profetas. Son tus enemigos, Señor, mientras muchos que hablan en tu nombre abrazan sus mentiras encubiertas en una naturaleza opuesta a tu justicia.

         Levantamos a ti, oh Dios de toda gracia y consolación, el clamor de nuestros corazones por Israel, por nuestra nación, por Europa, por Oriente Medio. Derriba esta mentira que se ha extendido como una potestad contra tu Cristo y Mesías. Concédenos el arrepentimiento, Señor. Abre nuestros ojos cegados por la incredulidad y la dureza del corazón. Sálvanos, oh Dios; restáuranos, Señor. Esperamos en tu misericordia. En la ira, acuérdate de tener compasión [2].

         Padre amado, que la vergüenza que nos ha invadido por nuestras iniquidades nos guie a buscar tu rostro desde lo más hondo de nuestro ser, y podamos penetrar más allá del velo, para que podamos alcanzar en este día la ayuda oportuna y el oportuno socorro. En el glorioso nombre de Jesús lo presentamos ante ti, Juez justo. Amén.

Notas:

[1] – Salmos 1:4

[2] – Habacuc 3:2 LBLA

[3] – Puedes leer este artículo donde “Irán y el Estado islámico amenazan con aniquilar a Israel pronto”, el Señor los confunda.

http://www.noticiacristiana.com/iglesia/israel/2016/05/iran-estado-islamico-aniquilar-israel.html

  1. Orando con el salmista por Israel:«Sean afrentados y turbados para siempre; sean deshonrados, y perezcan. Y conozcan que tu nombre es YHVH; Tú solo Altísimo sobre toda la tierra» (Salmos 83:17,18 RV60).

             Señor y Dios, se han multiplicado nuestros enemigos. Se han levantado los que nos aborrecen sin causa. Han dicho: venid y destruyámoslos para que no sean nación, y no haya más memoria de Israel [1]. Tú, Señor, escogiste a Israel para que fuera el portador de la simiente que había de venir a salvar el mundo. Pero los impíos no entran en el reino ni quieren dejar que entren los que están entrando.

         Amado Dios, sean afrentados y turbados para siempre los que aborrecen tu nombre, tu pacto y tu tierra. Sean deshonrados y perezcan, y sepan las naciones que tu reinas sobre los hijos de los hombres. Porque solo tú eres Dios, y no hay otro como tú, Altísimo Señor.

         Levanta, Señor, tu nombre entre los pueblos, para que conozcan que no hay otro como tú. Santificado sea tu nombre. Bendecido sea tu nombre, oh Dios de Abraham. Eres el gran YO SOY [2]. Te has manifestado en la persona de tu Hijo Yeshúa Hamashiaj [3], para darte a conocer a todas las naciones.

         Altísimo Señor, eres el Rey del Universo. Habitas la altura y al santidad. Eres el Alto y Sublime, habitas la eternidad, cuyo nombre es el Santo; y lo haces con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados [4]. Estás sentado, Señor, sobre la redondez de la tierra [5]; tu trono es excelso, y tu dominio por los siglos de los siglos.

         Oh Dios de Israel, guarda a Israel en esta hora. Protégelo de los enemigos que buscan su destrucción. Guarda, Señor, a tus hijos que invocan tu nombre en todas las naciones. Establece tu trono en medio de las alabanzas de Israel [6]. Tu solo Altísimo sobre toda la tierra.

Dios mío, acuérdate de mi país, España; sana nuestra tierra, Padre; líbranos de hombres perversos y malos y danos días para ver el bien y la misericordia [7]; para que podamos magnificar tu nombre con todos los redimidos de toda lengua, pueblo y nación [8]. Exaltado seas para siempre. Eres nuestra esperanza y confianza, por eso los justos se esconden bajo la sombra de tus alas [9].

         Alabado seas Padre eterno. Te honramos y nos rendimos a tu soberanía y dominio para siempre, en el nombre precioso de tu Hijo Jesucristo. Amén.

Notas:

[1] – Salmos 83:4

[2] – Éxodo 3:14

[3] – Jesús el Mesías

[4] – Isaías 57:15

[5] – Isaías 40:22 LBLA

[6] – Salmos 22:3

[7] – Salmos 23:6

[8] – Apocalipsis 5:9

[9] – Salmos 17:8

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