74 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLa casa de David (I) – El llamamiento

Y Samuel respondió a Saúl: No volveré contigo; porque desechaste la palabra de YHVH y YHVH te ha desechado para que no seas rey sobre Israel… YHVH ha rasgado hoy de ti el reino de Israel, y lo ha dado a un prójimo tuyo mejor que tú (1 Samuel 15:26,28).

         Desechado Saúl, el Señor escogió un hombre conforme a su corazón para ocupar su lugar. El modelo adaptado al sistema de este mundo había fracasado, ahora el Señor va a levantar un diseño nuevo según el reino de Dios. Cuando fracasan los reinos de este mundo el Señor viene para reinar en gloria, mostrando así el triunfo de su modelo celestial.

La desobediencia de Saúl atrajo la ira de Dios sobre su reino, como la de Adán en Edén. El diseño de Dios comienza en el corazón del hombre, un nuevo corazón; no en las apariencias externas (Saúl), ni en la vanidad o vanagloria de la vida, sino en el corazón cambiado a su semejanza (David). Tenemos aquí un anticipo del nuevo pacto.

El reino de Dios se establece sobre corazones rendidos a su voluntad, hechos a la imagen del Hijo. David es aquí una figura múltiple. Por un lado del llamamiento de Dios, por otro del nuevo hombre, y en tercer lugar es también un prototipo del reinado mesiánico de Jesús, enviado a Israel para reinar desde Jerusalén sobre todas las naciones.

La elección de la casa de David ya estaba profetizada desde los días de Jacob. Judá, te alabarán tus hermanos… No será quitado el cetro de Judá (Gn.49:8-10). Una vez que Saúl fue desechado el Señor envió a Saúl a casa de Isaí en Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey (1 Sam.16:1). Cuando comenzó «el desfile» de los hijos de Isaí, el mismísimo profeta de Dios pensó que teniendo delante al impresionante Eliab, su primogénito, sería el escogido por Dios. Pero no era así. El Señor le recordó que él no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero YHVH mira el corazón (16:7).

Pasaron todos sus hijos hasta que mandaron llamar al pequeño David que estaba en el campo cuidando las ovejas de su padre. Al parecer había pasado completamente desapercibido para la familia. Cuando llegó a la casa de su padre, David, que era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer, Samuel recibió la confirmación del Señor: Levántate y úngelo, porque éste es (16:12). Desde ese momento el Espíritu de Dios vino sobre David, y la unción que recibió se fue abriendo camino en medio de la oposición a su llamamiento. Siempre hay oposición al ungido del Señor.

         La Escritura es clara: Dios desecha y Dios escoge. Es soberano. Y al hacerlo siempre mira el corazón en una dimensión eterna y trascendente.

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