72 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (XXII) – El reinado de Saúl (2)

Entonces dijo todo el pueblo a Samuel: Ruega por tus siervos a YHVH tú Dios, para que no muramos; porque a todos nuestros pecados hemos añadido este mal de pedir rey para nosotros. Y Samuel respondió al pueblo: No temáis; vosotros habéis hecho todo este mal; pero con todo eso no os apartéis de en pos de YHVH, sino servidle con todo vuestro corazón (1 Samuel 12:19,20).

         Pasada la euforia inicial por la recién estrenada monarquía de Saúl, el pueblo supo por Samuel el pecado que habían cometido. La decisión fue tomada contra la voluntad de Dios. En ella estaba implícito el mensaje de rechazar a YHVH como rey del pueblo, abandonar la vida de fe y andar por la vista, según el sistema del mundo que los rodeaba. Todo ello fue calificado por el profeta como «vuestra maldad que habéis hecho ante los ojos de YHVH, pidiendo para vosotros un rey» (1 Sam.12:17). La verdad de sus actos debía ser conocida y aceptada con sus consecuencias.

El pueblo quedó afligido y pidió a Samuel que rogara por ellos para que no murieran (12:19). Su conciencia había sido herida ante la realidad de añadir a su pecado pedir un rey para nosotros. Me recuerda el episodio de Pentecostés. Una vez conscientes de haber matado al Autor de la vida, dijeron: ¿Qué haremos? El apóstol Pedro dijo: Arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados.

Por su parte, el profeta Samuel dijo al pueblo que no temieran, sino que sirvieran al Señor con todo el corazón, sin apartarse en pos de vanidades (12:20,21), porque YHVH no desamparará a su pueblo, por su grande nombre; porque YHVH ha querido haceros pueblo suyo (12:22).

Aún en la desobediencia el Señor sigue siendo Dios de Israel, no los desecha. Aunque Israel como pueblo, especialmente las autoridades (los edificadores Mt.21:42-45), rechazaron al Mesías, siguieron siendo el pueblo de Dios, unidos a los pactos y las promesas hechas a los padres. No lo olvidemos. Dios no ha desechado a su pueblo (Rom.11:1,2).

Samuel seguiría orando por ellos, como lo hizo el apóstol Pablo, a pesar de cometer el error de elegir un rey contrariamente a la voluntad de Dios. En el caso del Mesías-Rey por rechazar (hasta ahora) al que Dios ha enviado como Redentor, heredero del trono de David, a quién sí reconocerán un día, como aquel que habían traspasado, y llorarán por él como se llora por hijo unigénito (Zac.12:10). En definitiva, pedir un rey fue errático y pecado, pero aún había esperanza si corregían su camino temiendo a Dios. Saúl no lo hizo.

         Pecar o errar en una decisión, por trascendente que sea, no nos elimina delante de Dios si reconocemos nuestro pecado y reconducimos nuestras vidas.

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