69 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (XIX) – La petición verbalizada

Y oyó Samuel todas las palabras del pueblo, y las refirió en oídos de YHVH (1 Samuel 8:21).

         Estamos en un momento trascendente de la historia antigua de Israel. Samuel es el trampolín entre el periodo de los jueces y la monarquía. Está escrito: Después, como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel (Hch.13:20).

Hemos visto que los hijos del profeta no anduvieron en los caminos de su padre, por tanto, parecía «lógico» que los ancianos pidieran una solución para el gobierno de Israel, echando mano, eso sí, de la manera de pensar del mundo que los rodeaba, es decir, pidiendo un rey como las demás naciones aunque ésta no fuera la voluntad de Dios.

Tenemos aquí algunos principios sobre la vida de oración que queremos considerar. En primer lugar notamos que la oración debe ser hecha cuando ya conocemos la voluntad de Dios, entonces pediremos conforme a su voluntad, y si pedimos conforme a su voluntad, Él nos oye y concede las peticiones que le hayamos hecho (1 Jn. 5:14). En caso de no conocerla, la oración debe hacerse para llegar a descubrirla, aunque si tenemos su palabra revelada en ese caso no hará falta, sino que seguiremos la voluntad revelada en su palabra de antemano.

La voluntad de Dios era ser Él mismo Rey de Israel, por tanto, los ancianos pidieron a Samuel que actuara contra la voluntad de Dios. De forma bien llamativa, el Señor lo permitió y mostró al profeta que siguiera al pueblo.

Cuando los ancianos oyeron las consecuencias de pedir un rey (tomará vuestros hijos para el ejército, acumulará riquezas, pedirá impuestos, etc.) no les interesaron, sino que se ratificaron en su postura obstinada. Entonces, (observa el detalle), Samuel refirió en oídos de YHVH los argumentos del pueblo. Samuel oyó todas las palabras del pueblo, y las refirió en los oídos de Dios. ¿Acaso el Señor es sordo que no había oído y conocido sus intenciones? Sí, las oyó, pero el recorrido de la oración conduce a presentarla literalmente ante el trono de Dios. Verbalizarlas. Exponer de viva voz las palabras que componen los argumentos de la oración que se expresa ante Él.

Está escrito: Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios… (Fil.4:6).  El salmista lo enseña una y otra vez. Veamos un ejemplo: Escucha, oh YHVH, mis palabras; considera mi gemir. Está atento a la voz de mi clamor, Rey mío y Dios mío, porque a ti oraré. Oh YHVH, de mañana oirás mi voz; de mañana me presentaré delante de ti, y esperaré (Sal.5:1-3).

         Aunque Dios había oído la voz del pueblo, Samuel las verbalizó en oración delante de Él, dando trascendencia a los argumentos expuestos.

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