66 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (XVI) – Una madre de Israel

Delante de YHVH serán quebrantados sus adversarios, y sobre ellos tronará desde los cielos; YHVH juzgará los confines de la tierra, dará poder a su Rey, y exaltará el poderío de su Ungido (1 Samuel 2:10)

         Ana, la mujer estéril, afligida y despreciada por su rival se ha convertido en madre, una madre de Israel. Ha dado a luz un hijo de nombre Samuel, por cuanto lo pedí a YHVH (1:20); y después de destetado se presenta en el templo de Jerusalén para adorar al Señor; lo hace con regocijo, exalta su poder, su boca se ha ensanchado sobre sus enemigos, se ha alegrado en la salvación de YHVH. Ha sido cambiado su lamento en baile.

La oración de angustia ha dado paso a un canto de victoria y regocijo. Los dolores de parto han dado a luz un profeta de Israel que iniciará la escuela de los profetas, y ungirá a dos reyes: Saúl y David. Pero antes de la llegada del rey tenemos una mujer estéril (figura de una iglesia sin fruto), en paralelo con otra mujer, Penina, (figura de una iglesia que da a luz hijos carnales, que tiene a Sión por rival y enemigo, además enoja y entristece a la iglesia, que afligida clama por el alumbramiento de un nuevo día).

Tenemos aquí un cuadro de nuestros días que preceden al advenimiento del Mesías-Rey. La iglesia de Dios unida a Israel y sus profetas clamando por el reino venidero en Jerusalén; mientras las «Peninas» se ocupan en afligir a los redimidos de Sión, oponiéndose a la llegada del reino mesiánico.

Hay una parte del cristianismo orientado hacia la autorrealización personal que desprecia a Ana porque no está a la altura del status social que se le exige; una iglesia liberal que se adapta a las formas de pensar de este mundo viviendo bajo «jueces» donde cada uno hace lo que mejor le parece. Pero Ana, madre de Israel, clama en su aflicción; lo hace en soledad; lleva la carga sola; es malentendida por Elí (figura del sistema religioso institucional); pero ha dado a luz un hijo, un profeta; y su lamento ha sido cambiado en baile; es llena del Espíritu profético elevando un cántico al Señor que resuena siglos más tarde en el corazón de otra mujer, una joven, que ha recibido la visita del ángel Gabriel anunciando la llegada del Salvador del mundo y Rey de los judíos.

Ambas mujeres están unidas por la oración profética que marca el devenir de la historia. Ana anunciando un Rey Ungido: Dará poder a su Rey y exaltará el poderío de su Ungido. María recibiendo en su seno la simiente del heredero del trono de David, cuyo reino no tendrá fin (Lc.1:32,33). Es el Mesías-Ungido que anunció Ana en su oración siglos antes y que María ha engendrado del Espíritu.

         Ana y María, unidas por el mismo Espíritu, aunque separadas por siglos, forman parte de las madres de Israel que dan a luz el plan de Dios.

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