63 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (XIII) – El tiempo de los jueces

Después como por cuatrocientos cincuenta años, les dio jueces hasta el profeta Samuel (Hechos 13:20). En aquellos días no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía (Jueces 17:6 y 21:25)

         La generación posterior a la de Josué, que no había conocido la guerra, pronto se estableció en la comodidad de una vida confortable. Sin embargo, la conquista estaba aún por realizar. Muchos de los habitantes cananeos habían quedado entre los israelitas, y pronto se dejaron contaminar por las prácticas idólatras que llevaban realizando por generaciones.

La fuerza de la tradición y costumbres de aquellos pueblos produjeron un efecto nocivo sobre los hijos de quienes habían luchado para tomar la heredad de Dios. Este periodo duró como unos cuatrocientos años. El Señor les dio jueces que levantaba en cada ocasión cuando el pueblo caía en la opresión a causa de sus pecados. Entonces se acordaban del pacto y clamaban al Señor. Por un tiempo volvían a disfrutar las bendiciones de la obediencia, pero regresaban una y otra vez al error de dejarse contaminar por las costumbres ajenas a su identidad de pueblo del pacto, para acabar siendo esclavos de sus vecinos.

Hubo algún intento de crear una monarquía en días de Gedeón, pero este se negó diciendo: No seré señor sobre vosotros, ni mi hijo os señoreará: YHVH señoreará sobre vosotros (Jue.8:22,23). Los demás pueblos tenían su rey que los sacaba a la guerra. Israel debía confiar en el Señor, su Rey, y vivir en fe al pacto. De esa forma podrían hacer frente a sus enemigos. Pero esos días acabaron en plena anarquía.

Los jueces fueron sucediéndose uno tras otro. Como no eran monarcas con dinastía hereditaria, el pueblo se dejaba contaminar por la influencia que ejercían las naciones vecinas. Se apartaban de la voluntad de Dios, y cada cual hacía lo que mejor le parecía.

Este periodo incierto de los jueces preparó el camino para que Israel asimilara la necesidad de tener un monarca como las demás naciones. Aunque esta no era la voluntad perfecta de Dios para su pueblo, sin embargo, se sirvió de ella para darles un rey según sus deseos (recuerda la petición de carne que hicieron en el desierto, hasta que quedaron hartos de ella y la aborrecieron Nm.11:20,33), para poco después establecer el pacto que tenía pensado desde la fundación del mundo en la figura de David y su simiente el Mesías-Rey. Pero antes hubo todo un proceso mezclado (Saúl) que culminaría con un rey conforme al corazón de Dios.

         El periodo intermedio desde la generación de Josué hasta los días del rey David fue un proceso de altibajos en Israel que culminaría con un pacto eterno.  

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