59 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (IX) – Un reino de sacerdotes

Ahora, pues, si diereis oído a mi voz, y guardareis mi pacto, vosotros seréis mi especial tesoro sobre todos los pueblos; porque mía es toda la tierra. Y vosotros me seréis un reino de sacerdotes, y gente santa. Éstas son las palabras que les dirás a los hijos de Israel (Éxodo 19:5,6)

         El proceso de la revelación progresiva tiene diferentes etapas. Después de la muerte de los tres grandes patriarcas de la antigüedad, Abraham, Isaac y Jacob, fue José a quién el Señor usó para preservar la descendencia de la simiente escogida por gracia para llevar adelante el plan de Dios en la tierra.

La profecía de Jacob anunció que sería Judá el que ostentaría el cetro de la gobernabilidad en Israel. Su reino sería para siempre, anunciando con mucha anterioridad la llegada de Siloh, que como hemos dicho, es una figura del futuro Mesías-rey, descendiente de la casa de David.

Antes tenemos al pueblo en Egipto. Las circunstancias políticas habían cambiado, Israel llegó a ser esclavo de Faraón. Entonces el Señor levantó a Moisés para sacarlo de Egipto.

El mensaje era muy claro: Deja ir a mi pueblo para que me sirva (Ex.8:1). Este mensaje se repitió en varias ocasiones, y en él se incluía celebrar fiesta (5:1); ofrecer sacrificios a nuestro Dios (5:3,8); hacerlo con todo el pueblo: sus niños y ganados (10:24-26); era la fiesta solemne para el Señor. Todo el pueblo tendría que salir como un solo hombre, porque Israel es mi primogénito, fue el mensaje de Moisés a Faraón (4:22).

Finalmente fueron redimidos; librados de la esclavitud de Egipto y Faraón; cruzaron el Mar Rojo y llegaron al Sinaí, el desierto donde debían escuchar las palabras del Señor. Y es en ese mítico lugar donde Israel recibió el llamado como pueblo para ser un reino de sacerdotes y gente santa, apartados para Dios, guardar el pacto y ser luz para todas las naciones.

Judá fue escogido para el trono, pero Israel en su totalidad fue llamado al sacerdocio, un reino de sacerdotes que acercaran a los demás pueblos al Dios de Abraham, el monoteísmo, la ley dada y el pacto sellado. La historia posterior revela que Israel fracasó en su llamado, pero no fue desechado, porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios (Rom.11:29).

La salvación viene de los judíos, por tanto, la simiente de Abraham, Jesucristo, llegó en su primera venida y levantó un templo nuevo de reyes y sacerdotes (Apc.1:6); un pueblo de judíos y gentiles para anunciar sus virtudes al mundo (1 P.2:9,10). Ahora esperamos su reino mesiánico venidero.

         En el Mesías, Dios ha levantado un pueblo de sacerdotes que le ofrecen sacrificios espirituales, aceptables a Dios.

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