58 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (VIII) – El cetro de Judá

Judá, te alabarán tus hermanos; tu mano en la cerviz de tus enemigos; los hijos de tu padre se inclinarán a ti. Cachorro de león, Judá; de la presa subiste, hijo mío, se encorvó, se echó como león, así como león viejo: ¿quién lo despertará? No será quitado el cetro de Judá, ni el legislador de entre sus pies, hasta que venga Siloh; y a él se congregarán los pueblos (Génesis 49:8-10)

         Hemos visto que el reino de Dios fue anunciado y preparado desde la fundación del mundo. Luego se concreta en la promesa dada a Abraham, que a su vez se encuentra con Melquisedec, figura inequívoca del futuro Mesías-Rey. Ahora, avanzando en la revelación bíblica, nos encontramos con la profecía que Jacob hace poco antes de ser reunido con sus padres. Mando llamar a todos sus hijos bendiciendo a cada uno de ellos. Cuando llegó a Judá anunció proféticamente la misión que el Señor tenía encomendaba para él y su descendencia.

Judá vino a ser el mayor entre sus hermanos, un príncipe entre ellos, aunque la primogenitura recayó en José, por cuanto Rubén, el primogénito, violó el lecho de su padre y le fueron retirados los derechos de la primogenitura (1 Crónicas 5:1,2).

A Judá se le identifica con el león y el cetro, es decir, con el gobierno o reinado entre las tribus de Israel, y eso hasta que aparezca Siloh, una figura que la mayoría de los comentaristas relacionan con el Mesías futuro y rey de Israel. Es un primer anuncio del futuro reino de la casa de Judá que más tarde se materializará a través de la familia de Isaí en la persona de David.

En el último libro de la Biblia vuelve a aparecer como el que ha vencido para poder abrir los sellos que inician la historia de la profecía del libro de Revelación (Apc.5:5).

El salmista confirma el llamamiento de la tribu de Judá, la elección de David su siervo, y el monte de Sión, donde se edificará el templo (Salmos 78:67-70), anunciado por los profetas; en este caso hablamos del profeta Jacob, nieto de Abraham.

También el salmista anuncia que Dios hizo un pacto con David para edificarle un trono por todas las generaciones (Salmos 89:3,19,20). De la descendencia de David establecerá un trono estable y para siempre, lo hará en Sión, el lugar de su habitación y reposo. Allí hará retoñar el poder de David, confundirá a sus enemigos y hará florecer su corona (Salmos 132:11-18).

La profecía no deja lugar a dudas. Dios ha escogido a Judá, la familia de Isaí, a su hijo más pequeño, David, que será rey de Israel y establecerá su trono en Jerusalén, en el monte de Sión, y se le llamará la ciudad de David (1 Cr.11:5). Yeshúa es el heredero que esperamos.

         La palabra profética más segura, en boca de Jacob, anuncia desde el principio el reinado de la casa de Judá en Israel y su trono en Jerusalén.

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