51 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos orígenes del reino (I) – Desde la fundación del mundo (1)

Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo (Mateo 25:34)

         El reino venidero ya estaba preparado y prometido desde la fundación del mundo. Preparado para los benditos del Padre, los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos (Mt.5:3). Y prometido a los pobres de este mundo, para que sean ricos en fe y herederos del reino que ha prometido a los que le aman (Stg.2:5).

Un reino preparado y prometido desde la fundación del mundo, que luego se truncaría por la entrada del pecado en el mundo, para recuperarlo en el final de los tiempos, después de todo un proceso de redención y regeneración mediante el Cordero de Dios que también ha sido inmolado desde el principio del mundo (Apc.13:8).

Todo está preparado desde la fundación del mundo, cuando el Todopoderoso descansó de sus obras, porque está escrito: las obras suyas estaban acabadas desde la fundación del mundo. Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día (Heb.4:3,4). En este último texto se habla de que queda un reposo futuro para el pueblo de Dios, porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras, como Dios de las suyas (Heb.4:9,10). Ese reposo futuro no es otro que la herencia del reino, un reino de paz y gozo con el Rey entronizado en la ciudad de Jerusalén.

Hemos visto en capítulos anteriores que al advenimiento del reino le preceden tiempos de tribulación, angustia y dolores de parto como señal de que el día del reposo se acerca, el séptimo día, el gobierno de Dios sobre las naciones para establecer un reino de justicia que traerá descanso a quienes forman parte del reino y muchas naciones se verán favorecidas por tiempos de refrigerio, como está escrito: así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado (Hch.3:19,20).

El contexto del pasaje que estamos meditando muestra que la heredad del reino ha sido preparada para los hijos del reino desde la fundación del mundo, como consecuencia de la llegada del Hijo del Hombre viniendo en su gloria, y todos los santos ángeles con él, para sentarse en su trono de gloria en la ciudad de Jerusalén, donde serán reunidas delante de él todas las naciones para ser juzgadas por el trato dado a Israel (Mt.25:31,32,40). Y los suyos, los santos, ―hijos del reino― juzgarán al mundo y los ángeles (1 Co.6:2,3).

         Hay un reino preparado y prometido desde la fundación del mundo que heredarán los hijos del reino juzgando con Jesús a las naciones.

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