40 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLas señales de su venida (XI) – El carácter de los hombres (1)

También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres… (2 Timoteo 3:1,2)

         Cuando hablamos de señales antes del fin generalmente ponemos énfasis en los aspectos más llamativos y sensacionalistas, en muchos casos especulando más allá del texto bíblico para enarbolar todo tipo de anuncios forzando la exégesis bíblica. Sin embargo, raras veces he oído o leído que se acentúe el texto de Pablo en su segunda carta a Timoteo, donde apunta con claridad que una de las señales a las que tenemos que estar atentos del fin de los tiempos es el carácter de los hombres.

Pablo dice que debemos saberlo. Ser conscientes del deterioro moral del carácter de los hombres, y hace una larga lista con sus características exhaustivas. Hemos hecho toda una serie, la primera, desarrollando cada uno de los aspectos que menciona el apóstol y presentando el evangelio como respuesta a esta anomalía. No haremos lo mismo aquí (remito al lector a la serie 1 de este mismo tema titulada El carácter de los hombres en los últimos tiempos), pero sí quiero volver a incidir en la deformación del carácter moral de los hombres como una señal inequívoca de estar acercándonos al fin.

El apóstol Pedro lo expresa así: Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración (1 Pedro 4:7). El consejo del apóstol al acercarnos al fin es sobriedad y oración. Sobriedad porque la sociedad predominante de esos días finales se vuelve extralimitada, embriagada, no solo de vino y droga, sino de vanidad y egoísmo, de rotura de los soportes morales y el abandono de los valores que sostienen a las sociedades dentro de unos parámetros adecuados para no causar su propia destrucción.

También apela a la oración. Me recuerda la exhortación del Maestro a los suyos: Velad y orad, para que no entréis en tentación. Los días son malos. Los tiempos peligrosos. Porque la conciencia del ser humano se ha vuelto insensible por haber soltado los soportes de la ley de Dios. El hombre de pecado, o el misterio de la iniquidad, del que habla Pablo, significa un hombre sin ley, es decir, el abandono de la ley moral universal, por tanto, sin límites, provocando cualquier inmundicia bajo el lema de la tolerancia.

La ideología de género es una buena prueba de ello imponiendo una conducta amoral, sin frenos a cualquier deformación contra natura por contraproducente que sea. Esa ideología nos iguala a las generaciones de Noé, Sodoma y Gomorra.

         Cuando el carácter de los hombres pierde sus referentes morales entramos en una deriva destructiva que precede a la desintegración social.

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