20 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLa esperanza del reino venidero (V) – El siervo (5)

He aquí mi siervo, yo le sostendré: mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento; he puesto sobre él mi Espíritu; él traerá justicia a las naciones… No se cansará ni desmayará, hasta que establezca en la tierra justicia; y las costas esperarán su ley (Isaías 42:1-4)

         Toda la plenitud de Dios habita en el Mesías. El es el siervo completo y también el rey de las naciones. Es el Alfa y la Omega. Toda la plenitud de la deidad habita en él. Es hombre y Dios. Hijo del Hombre e Hijo de Dios. En él está la vida, y la vida es la luz de los hombres. Es el Cordero de Dios y también el león de la tribu de Judá. Es la piedra angular del edificio de Dios. La Roca que encontró en el desierto Israel, de donde brotaron aguas, era Cristo. Es uno con el Padre. Indivisible. La esperanza de Israel está unida a él mismo. Y esa esperanza es también la de los gentiles injertados por la fe en el mismo árbol.

Los profetas expusieron parte de su plenitud. Los apóstoles enseñaron en parte su grandeza, porque en parte le conocemos. El Espíritu de Dios revela al Mesías, su naturaleza. Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Y eso no se lo reveló a Pedro carne ni sangre, sino el Padre que está en los cielos. Fue el mismo Padre quien dio testimonio desde el cielo cuando el Hijo fue bautizado, cumpliendo así con toda justicia, diciendo: Este es mi Hijo amado, a él oíd. La misma voz fue oída por Pedro, Juan y Jacobo en el monte donde Jesús apareció en gloria junto con Moisés y Elías. Es el mismo testimonio que ya había anunciado el profeta Isaías en nuestro pasaje. Mi escogido, en quien mi alma tiene contentamiento.

Dios puso sobre él su Espíritu para anunciar libertad a los cautivos y el año de gracia en la sinagoga de Nazaret. Es el siervo de YHVH. Y también es el que trae justicia a las naciones, el que la establecerá en la tierra cuando aparezca por segunda vez, sin relación con el pecado, para establecer su reino mesiánico y milenial en la ciudad de Jerusalén.

Porque el reino de Dios es justicia, paz y gozo en el Espíritu. Esa es la esperanza de Israel, cuya primicia ya estamos disfrutando mediante la manifestación de su reino en nuestros corazones. Pero un día se establecerá en Jerusalén de forma literal y física. Cuando el conocimiento de la gloria del Señor llene la tierra como las aguas cubren el mar. Es la esperanza de Israel que habita en el siervo del Señor y que será establecida en toda la tierra, mostrando la plenitud del reino que habrá llegado. Oremos: Venga tu reino. Hágase tu voluntad.

         Para disfrutar en plenitud el reinado justo del Mesías en la tierra, debemos reconocer hoy al siervo del Señor llevando nuestros pecados en la cruz del Calvario como siervo sufriente y rey triunfante.

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