19 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLa esperanza del reino venidero (IV) – El siervo (4)

Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de YHVH será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte… (Isaías 53:10-12)

         Providencialmente, el eunuco, funcionario de Candace, estaba leyendo este pasaje del profeta Isaías cuando Felipe, guiado por el Espíritu de Dios, fue llevado a su lado. Una de las preguntas claves que se hacía este alto funcionario de Etiopia era de quién decía el profeta lo que estaba escrito en el libro de Isaías, de sí mismo, o de algún otro.

Los rabinos han interpretado de forma genérica que se trata de Israel como pueblo cuando el profeta menciona al siervo del Señor. Sin embargo, el contexto del pasaje enseña que se refiere al Mesías sufriente, el cordero de Dios, pero también, al futuro Mesías reinante. Ambos son el mismo, así lo entendieron muchos de los judíos después de Pentecostés, y esa fue la respuesta que Felipe dio al eunuco.

Primero siervo sufriente, hijo de José; más tarde, rey de los judíos, hijo de David. Tendrá parte con los grandes, repartirá despojos como rey victorioso sobre sus enemigos, aunque primeramente derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores. Primero justifica al pecador habiendo puesto su vida como expiación por el pecado. Luego verá linaje, descendencia, vivirá por largos días (seguramente una apelación simbólica a su reinado mesiánico futuro), y la voluntad de Dios será en su mano prosperada.

Todo ello como respuesta a la oración que el Maestro nos enseñó: Venga tu reino, hágase tu voluntad como en el cielo, así también en la tierra. El reino de Dios se extiende en la tierra mediante el establecimiento de su voluntad, y esa voluntad primeramente es salvación del pecado y la muerte, regeneración, para luego reinar sobre todos aquellos que le invocan como rey.

El siervo del Señor que presenta Isaías en este capítulo es el Mesías que el evangelista Mateo identifica con Jesús llevando nuestras enfermedades y dolencias (Mt.8:17). También lo comprendió así el apóstol Pedro escribiendo de él en su primera carta lo siguiente: quién llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados (1 Pedro 2:22).

         Isaías, Mateo, Felipe el evangelista, y el apóstol Pedro comprendieron que el Mesías sufriente es el mismo rey triunfante: Jesús de Nazaret.

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