17 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLa esperanza del reino venidero (II) – El siervo (2)

Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, más sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos… (Isaías 53:2,3)

         En nuestra anterior meditación confrontamos dos modelos de interpretación bíblica que han marcado la Historia de la Iglesia: la tensión entre una interpretación literal o simbólica de su contenido en lo que respecta al reino mesiánico. No podemos interpretar algunas cosas de manera literal, pero tampoco debemos hacerlo con ciertas verdades literales llevándolas a su desnaturalización mediante el simbolismo.

Cuando hablamos de la venida del Mesías, una parte del pueblo de Israel, ―especialmente fariseos y saduceos―, no comprendieron, o no quisieron ver, su mesianidad, porque no encajaba con la idea que tenían de un Mesías descendiente de David que aparece para dar continuidad al reino davídico.

Por su parte la iglesia, históricamente, ha soslayado la figura de Jesús como rey de los judíos y su reino venidero en la ciudad de Jerusalén para establecer el trono de David.

Los profetas anunciaron una primera venida del Mesías como siervo sufriente, de la que habla Isaías en el texto que tenemos para meditar; y por otro lado, los mismos profetas de Israel hablaron de un Mesías heredero del reino davídico literal en la ciudad de Jerusalén.

Veamos ahora la figura de Yeshúa como siervo de YHVH. Su aparición en Israel sería, en cierta manera, sin atractivo según la forma de pensar de muchos judíos contemporáneos de su primera venida. Sin embargo, los gentiles, sin el tropiezo de la herencia religiosa con sus prejuicios, no tuvieron grandes dificultades para ver en Jesús el Salvador del mundo, el redentor y substituto, el justo por los injustos para llevarnos a Dios.

Israel necesita ver a José, su hermano, aunque disfrazado de egipcio por la «gentilización» que se ha hecho de él en el ámbito cristiano, ocupando el trono a la diestra de Dios después de haber sido glorificado. Por otro lado, los judíos sí mantienen hasta hoy la esperanza del reino mesiánico venidero que gran parte de la iglesia ha abandonado y olvidado. El siervo sufriente de Isaías, desechado y despreciado entre los hombres, es el mismo rey venidero hijo de David.

         Israel necesita ver al Mesías en la figura de José, desechado por sus hermanos; y la iglesia de Dios reconocer en Jesús al rey de los judíos.

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