12 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos fundamentos (IX) – La autoridad del reino (1)

Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado… (Mateo 28:18-20)

         La autoridad del reino emana de la voluntad del rey expresada en su palabra. Separados de él nada podemos hacer. No haremos la obra de Dios, será otra cosa. No edificaremos sobre oro, plata y piedras preciosas. El reino de Dios se construye sobre el sometimiento a su voluntad. Su voluntad es soberana. Y esa voluntad, expresada mediante su palabra, es la que debemos recibir y enseñar para que el reino se extienda.

El libro de los Hechos muestra esta verdad en toda su extensión. Los que recibían la palabra estaban juntos, entraban a formar parte de la familia de Dios, la comunidad de hijos, el cuerpo del Mesías. Los que la rechazaban quedaban fuera de los límites del reino de Dios.

Para ser discípulos hay que recibir la palabra del rey y Señor, someterse a ella. No hay opción. Es imperativo. No existe tal cosa como la posibilidad de escoger. El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismoCon Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo

Debemos ser renovados y transformados de la manera de pensar de este siglo para conocer cuál es la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. Dios envía sus órdenes a la tierra, su palabra corre veloz (Sal.147:15). La palabra de Dios que sale de su boca no vuelve a él vacía, sin hacer antes la obra para lo cual ha sido enviada.

Sus dominios se extienden a medida que es recibida su palabra y con ella la autoridad del reino. Así es en el cielo, y debe ser en la tierra. Dice el salmista: YHVH estableció en los cielos su trono, y su reino domina sobre todos. Bendecid a YHVH, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra, obedeciendo la voz de su precepto (Sal.103:19-20).

Jesús nos ha enviado con su autoridad para hacer discípulos, y enseñar en todas las naciones la verdad de su palabra. Nuestra autoridad está vinculada a nuestro sometimiento a su palabra. No a una institución religiosa. Jesús es la misma palabra de Dios, el Verbo de Dios. El es la palabra que se hizo carne, por tanto, estar sujetos a Jesús, unidos con él, es estar ceñidos a su palabra, de donde obtendremos la autoridad para extender su reino. Nos ha dado permiso para usar su nombre. En mi nombre… Pero separados de él no podremos.

         Dios extiende sus dominios en la tierra a través de los discípulos que reciben su palabra y quedan unidos a ella bajo su señorío y autoridad.

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