11 – El reino mesiánico

El reino mesiánicoLos fundamentos (VIII) – Dos tronos complementarios (2)

Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono (Apocalipsis 3:21)

         Hemos dicho que el trono de Dios está en el cielo, pero la Escritura habla de otro trono que estará sobre la tierra. No podemos, ni debemos, espiritualizar esta verdad expresada con claridad por los profetas, y recogida en la tradición judía ampliamente, así como por la iglesia primitiva, de amplia mayoría judía.

Jesús ha vencido en la cruz y ha sido glorificado sentándose a la diestra del Padre. Como dice el texto que tenemos para meditar, se ha sentado con su Padre en el trono. Como expresa el autor de Hebreos: Ahora bien, el punto principal de lo que venimos diciendo es que tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de Dios de la Majestad en los cielos (Heb.8:1). El apóstol Pedro lo dice así: Quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios; y a él están sujetos ángeles, autoridades y potestades (1 Pedro 3:22). Este trono es el centro del universo. El punto focal sobre el que gira toda la revelación y la adoración en el libro de Apocalipsis.

Pero en nuestro texto el Señor habla de aquellos que vencen y se sientan con él en su trono, no es el trono celestial, sino lo que la Escritura llama el trono de David. Este trono estará ubicado en la ciudad de Jerusalén y se levantará en la segunda venida de Jesús para establecer su reino mesiánico y milenial en la ciudad de David, la ciudad del gran rey.

Dios hizo un pacto con David diciéndole que de su descendencia se sentaría en su trono un descendiente para siempre. El profeta Isaías anunció la llegada del nacimiento de un niño que se llamaría Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de paz; y añade: Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre (Is.9:6,7). El mismo profeta lo anunció en 2:1-4.

Cuando nació el Mesías en la ciudad de Belén, fue anunciado por el ángel Gabriel a María con estas palabras: Éste será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin (Lc.1:32,33).

Hay un trono de David que aún no ha sido levantado, pero lo será en el retorno del Mesías a Israel. Así está escrito: Pero yo he puesto mi rey sobre Sion, mi santo monte (Sal.2:6) (Zac. 14:4,9). Lo iremos viendo ampliamente a lo largo de esta serie.

         El Mesías y redentor del mundo es también el rey de los judíos, que como heredero de David levantará su trono en la ciudad de Jerusalén.

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